A 48 años de la masacre de pabellón séptimo en la cárcel de Devoto
El 14 de marzo se cumplirán 48 años de la denominada “Masacre del Pabellón Séptimo”, por la cual fueron juzgados tres ex agentes penitenciarios por su responsabilidad en los hechos en los cuales 153 personas detenidas sufrieron torturas y 65 de ellos murieron como resultado de la represión violenta y el fuego producido por un incendio en el penal del Devoto.
En el juicio que concluyó en diciembre del año pasado, fueron condenados a 25 años de prisión el exdirector del Instituto de Detención de Devoto, Juan Carlos Ruiz, y el exjefe de la División Seguridad Interna, Horacio Martín Galíndez. Por su parte el excelador -que llegó como acusado- Gregorio Bernardo Zerda fue absuelto. El próximo el lunes 16 de marzo los familiares conocerán los fundamentos de la resolución.
Los hechos, el juicio, el libro y la canción
Luego de la represión ocurrida el 14 de marzo de 1978 en el pabellón séptimo de la prisión de Devoto se desató un incendió, que se multiplicó con los colchones que los propios internos habían utilizado para defenderse. Según acreditó la investigación judicial, en la pieza de elevación a juicio, los penitenciarios "aprovecharon el fuego que se había iniciado en el interior del pabellón para infligir un grave sufrimiento a los reclusos, constitutivo del delito de imposición de tormentos". En este marco, los uniformados dispararon con armas de fuego y gases lacrimógenos contra los detenidos que sufrieron quemaduras, intoxicaciones por el humo y torturas provenientes del sufrimiento generado por las altas temperaturas generada por fuego.
“El accionar de los imputados no fue espontáneo, sino que fue parte de un ataque generalizado y sistemático contra la población civil, cometidos por agentes de una fuerza de seguridad, en este caso del Servicio Penitenciario Federal, bajo control operacional de los mandos militares”, señaló en su alegato el fiscal Abel Córdoba durante el juicio que inició en octubre de 2024. Además, el funcionario judicial sostuvo que “las víctimas fueron amontonadas, y se abrió fuego en todo sentido”. En este mismo sentido, afirmó que “se los aplastó y se los quemó. Fueron destruidos como si fueran residuos”.
Cabe recordar que la abogada y querellante Claudia Cesaroni le dedicó a la masacre un libro de investigación que sirvió para dar a conocer los crímenes perpetrados, que constituyó una de las historias poco relatadas de la dictadura militar: la violencia penitenciara perpetrada contra los presos comunes. La autora del texto impulsó la investigación judicial en el marco de imprescriptibilidad de los delitos de lesa humanidad.
Por otro lado, el artista Carlos "Indio" Solari compuso canción emblemática "Pabellón Séptimo (relato de Horacio)", donde relata los hechos desde la perspectiva de una de las víctimas, cuya letra compartimos a continuación:
¡Me asfixio! ¡Dios!
Pienso en mi cara… se está quemando, ahora, mi cara… ¡Dios!
Una explosión y los colchones se prenden fuego y nos quemamos vivos…
Quiero salir, quiero escapar, las puertas siguen encerrojadas.
El pabellón… en un segundo se nubló todo y ya no vemos nada más…
Pruebo trepar hasta un ventanal buscando el aire y me balean fiero.
Viejita, amor, hijas y amigas, buscan noticias en la puerta, ahí fuera…
Tiempo después, escucho aún el ruido de loco de los paloteros
buscan así baldosas flojas donde escondemos tesoro y miserias.
¡Pobrecito!… pobre «el Cebolla», no pudo más,
se degolló por miedo.
Nadie es capaz (¡No pueden borrar mis recuerdos!)
Nadie es capaz de matarte en mi alma.
¡Y así te dan! ¡Así te quiebran!
Así te dan por culo allí… sin más.
Por esa vez la Vieja Cosechera
vino por mí y no quiso besar mi vida.
Estoy herido, estoy quemado
voy en camilla por el Salaberry
Voy a tratar de hacer conducta aquí
para rajar antes que mis pulmones.
Si va a pasar algo conmigo
quiero que sea en libertad… ¡allá afuera!
¡Y nada más! ¡irme y nada más!
No quiero ver más gruesa del llavero
ni mirar la pared si el pasarela grita
para tapar quejidos y lamentos.
¡Ya nunca más!
¡Ya nunca más!
¡Ya nunca más!
Y nunca ya voy a olvidarte, Pablo… ¡nunca!