fbpx Hugo Cardozo, sobreviviente de la Masacre del Pabellón Séptimo: un par de sienes ardientes | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Cultura //// 20.03.2022
Hugo Cardozo, sobreviviente de la Masacre del Pabellón Séptimo: un par de sienes ardientes

AGENCIA PACO URONDO conversó con el sobreviviente de la masacre ocurrida el 14 de marzo de 1978 en la cárcel de Villa Devoto. Se refirió al apoyo que le brindó el Indio Solari, a los recuerdos y las quemaduras que sufrió. Un relato de cómo escapar del infierno.

Por Mariano Nieva

Hugo Cardozo fue un pibe de la calle y militante de la Juventud Peronista (JP). En diálogo con AGENCIA PACO URONDO recordó el horror que vivió aquella fría mañana del 14 de marzo de 1978 en la cárcel de Devoto. Junto a sus compañeros de ranchada, fueron reprimidos y quemados vivos en lo que se llamó La Masacre del Pabellón Séptimo, bajo el contexto de la última y más sangrienta dictadura cívico militar. Se refirió al enorme trabajo por lograr justicia que lleva adelante junto a un grupo de gente encabezado por la abogada Claudia Cesaroni y a cómo está hoy el estado de la causa. Además, a la importancia del apoyo que les brindó el Indio Solari y a cómo les cuesta la reinserción social a los ex convictos, entre otros temas. “Si bien había gente que me hostigó y discriminó por haber estado detenido, también hubo personas que me dieron todo el apoyo instándome a seguir adelante con la lucha. Reconociendo que era muy importante que yo, un trabajador que acompañaba a los pibes como chofer en la Secretaría de Niñez de La Plata, les pudiera demostrar a ellos y a gran parte de la sociedad que alguien que en el pasado había sido un delincuente se puede reinsertar”, explicó.

AGENCIA PACO URONDO: ¿Cómo y bajo qué circunstancias llegás a la cárcel de Devoto?

 Hugo Cardozo: Llegué a Devoto como un pibe más de todos los que están ahora poblando las cárceles de nuestro país, porque desgraciadamente la justicia social jamás cambió. Como tampoco se modificó el Sistema Penitenciario Federal (SPF) que sigue siendo la misma porquería utilizando la represión, la tortura y el mismo desprecio por el ser humano dentro de las prisiones donde no van los que más tienen sino los más pobres y marginados. Yo era un pibe de la calle, un perro que comía donde y lo que podía. Entonces, esa circunstancia me llevó a delinquir y a conocer el famoso Pabellón Séptimo.

APU: Si te pregunto sobre las primeras imágenes que vienen a tu memoria de aquella horrorosa mañana de 1978. ¿Qué me dirías?

H.C.: Que lo que ocurrió aquella mañana no fue una simple requisa, porque entraron más de 70 uniformados directamente a rompernos la cabeza a garrotazos. A los gritos como una horda enloquecida. Nosotros sabíamos que siempre que escuchábamos el silbato teníamos que ponernos las manos por detrás de la nuca y correr hacia la pared del fondo del pabellón. De todos modos, enseguida nos dimos cuenta que lo de aquella vez no se trató de un procedimiento común. Y más cuando empezaron los disparos desde adentro y desde afuera del recinto. Yo en aquel momento tenía 19 años y por eso siento que nací de nuevo aquel 14 de marzo de 1978. Éramos una población de más de 160 reclusos y la verdad es no sé porque me tocó zafar de aquel infierno.

 APU: Después de tanto tiempo de ocurrida la masacre, ¿tenés una respuesta de por qué sucedió?

H.C.: En el año 78, cuando se jugó el Mundial de Fútbol que cubrió de gloria a la dictadura militar, en la cárcel de Villa Devoto además de estar alojados nosotros también estaban detenidas unas 900 presas políticas a la cuales las habían blanqueado. Más allá de que un par de veces por semana, los policías iban de madrugada y chupaban a algunas compañeras con la excusa de los traslados. Es más, los internos del Pabellón Séptimo nos terminábamos enterando que finalmente habían sido arrojadas en el Rio de la Plata en los llamados Vuelos de la Muerte. Eran momentos además, en que estaba arribando al país la prensa internacional no solo expectante por la Copa del Mundo, sino también por lo que se decía en el extranjero sobre las desapariciones y las torturas que aquí ocurrían. Por eso creo que fue una manera de disciplinar a estas mujeres masacrándonos a nosotros. Y esto que digo lo sostengo porque existen testimonios de presas que fueron a declarar y contaron que los guardias les decían, mientras nos reprimían, que se cuidaran porque las próximas iban a ser ellas.

En libertad, allá afuera

APU: ¿Cómo fueron tus primeros tiempos una vez recuperada la libertad?

H.C.: Los primeros años luego de recuperar mi libertad, los viví con el horror y el peso enorme de haber sido un sobreviviente de esa terrible masacre en la que luego de estar desmayado por unas tres horas me desperté debajo de una pila de cadáveres. Lo que hizo por otra parte, que por mucho tiempo intentara tapar el infierno del que había escapado refugiándome en el alcohol. Luego, intentando buscar trabajo vino la lucha para tratar de reinsertarme a esta sociedad tan difícil a la que le cuesta tanto aceptar a los que tenemos antecedentes penales. Y una vez que logré empezar a trabajar, la vida se empezó a desarrollar aunque siempre estuvo presente en un rincón de mi mente el horror, los gritos, el olor a humo con esa sensación de asfixia y la desesperación de sentir que te morís. Entonces, el ámbito laboral, los seres queridos y la pareja que pude formar con la mujer que fue la madre de mis hijos, se convirtieron en un amparo para mí.

APU: ¿Cuándo y cómo conectaste con la masacre y con todo lo ocurrido en el Pabellón Séptimo?

H.C.: Cuando en el 2007 aproximadamente empezó a reaparecer, y de forma cada vez más seguida, una sensación de miedo, desesperación y angustia a las que no les encontraba el motivo. Entonces, me di cuenta que por muchos años había tratado de olvidar todo lo ocurrido. Y fue a partir de ese momento que empecé la búsqueda de alguien que haya sobrevivido a aquel espanto. Que recordara lo que había sucedido ese 14 de marzo de 1978 en la cárcel de Villa Devoto. Alguna persona afín con quien hablar y poder desahogarme. Ya en 2008 un periodista de nombre Federico Beruti, que trabajaba en el diario Hoy de la ciudad de La Plata, de algún modo se enteró que yo era un sobreviviente y me propuso hacer una nota porque se estaban por cumplir los 30 años de la masacre. Así que nos encontramos en un boliche, le relaté todo lo que había sucedido aquella mañana y esa experiencia fue como abrir un libro desde el prólogo hasta el final. Sin omitir detalles y poniendo en el primer plano de mi mente todo lo vivido en el pabellón 7. La entrevista terminó siendo tapa del diario y del suplemento policial que incluía donde conté la historia de mi vida, mi niñez viviendo en la calle como delincuente juvenil y mis experiencias como militante de la juventud peronista.

APU: ¿Cómo era tu vida en esos momentos en que decidiste hacerla pública?

H.C.: En aquel momento estaba trabajando en el ámbito de la administración pública como chofer en la Secretaría de Niñez haciendo traslados de menores con causas penales. Imaginate que cuando se enteraron a través de la nota que estuve preso en el Pabellón 7 y que era un ex convicto gran parte de mis compañeros de trabajo y conocidos de la ciudad de La Plata me empezaron a hostigar. Pero afortunadamente por otro lado, hubo personas que me dieron todo el apoyo instándome a seguir adelante con la lucha. Reconociendo que era muy importante que yo, un trabajador que acompañaba a los pibes, les pudiera demostrar a ellos y a gran parte de la sociedad que alguien que en el pasado había sido un delincuente se puede reinsertar.

Claudia Cesaroni y el Indio Solari

APU: La doctora Claudia Cesaroni, autora además del libro Masacre en el Pabellón Séptimo (2013) fue muy importante también para la causa. ¿Cómo es que se vinculan?

H.C.: En el 2011 me llegó un correo de alguien que decía llamarse Claudia Cesaroni y que era magister en abogacía, penalista y escritora, entre otras cosas. Allí me decía que le gustaría hablar conmigo porque ella tenía la intención de investigar sobre la masacre del Pabellón 7 de la cárcel de Devoto. Fue así que pautamos una reunión en la confitería París de la ciudad de La Plata que duró unas cuatro horas. Al final de la entrevista nos dimos tarea para realizar, la doctora se iba a encargar de recuperar la causa que estaba caratulada falazmente como Motín de los colchones y que estaba en un Juzgado común de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).Y yo por ser platense tenía que abocarme a intentar llegar de algún modo al Indio Solari para ver si podríamos obtener su ayuda en el proyecto que recién estaba por comenzar. Y más teniendo en cuenta que en el penal también habían muerto dos amigos suyos.

APU: ¿Y que resultó de esa búsqueda?

H.C.: Empecé a tirar líneas por todos lados ayudado por mi mujer que es platense de toda la vida. y como ella en su juventud iba a los ensayos de Los Redondos logramos llegar a Rocambole a quien le conté mi historia y cuál era el propósito de molestarlo. Fue entonces que le pregunté si podría, a través suyo, conectarme con el Indio a lo que me respondió que hacía años que no hablaba con él. De todas maneras me prometió que iba a hacer algo para ayudar en el proyecto. Le dejé mi número de celular y a los 15 días me llamó para darme como regalo el logo que todos conocen que ilustra la tapa del libro y que nos acompaña en todas nuestras presentaciones para que lo usemos como bandera de lucha.

APU: De todos modos, el apoyo que les dio el Indio Solari en el concierto que ofreció en Mendoza en 2013, recomendando a la multitud que fue a verlo que leyera el libro, fue muy importante para la resonancia y la visibilidad de la causa.

H.C.: Absolutamente. Cuando el Indio hace el primer recital en la provincia de Mendoza en 2013, donde hizo tanto frío además, recuerdo que fui con mi compañera en mi auto, un viejo Ford K y nos alojamos en la capital mendocina. Luego recorrimos los 40 km hasta el Autódromo General San Martín y cuando a eso de las 19 horas iba a ingresar al predio para ubicarme y ver el show me agarró un ataque de pánico que hizo que nos tuviéramos que volver al hotel. Esa fue la noche que Solari desde el escenario le recomendó a todo el público presente que leyeran el libro de la doctora Cesaroni, Masacre en el Pabellón Séptimo (2013) porque ahí estaba la verdadera historia de los hechos ocurridos en épocas de la dictadura. Y a partir de ahí explotó todo porque se nos empezaron a abrir muchísimas puertas. Tanto es así que al poco tiempo me presenté en el juzgado de Comodoro Py como primer querellante en el despacho del juez Daniel Rafecas para iniciar acciones judiciales contra el estado represor militar y el Servicio Penitenciario Federal (SPF).

Una canción doliente

APU: ¿Qué te pasó por el cuerpo la primera vez que escuchaste el tema del Indio “Pabellón Séptimo (relato de Horacio)”?

H.C.: La primera vez que escuché el tema me acordé de todo lo vivido y quise salir a la calle enojado a buscar no se qué. Porque sentí en ese momento que nadie podía atreverse a cantar sobre una tragedia como la ocurrida en la prisión de Devoto. Hasta que me di cuenta que esa reacción tenía que ver con que estaba actuando atravesado por mi propio dolor. Así que recién hace unos años pude escuchar la canción completa.

APU: Solari en la letra del tema menciona a Pablo Menta. Y en “Toxi Taxi”, canción que abre el quinto disco de Los Redondos La mosca y la sopa (1991, a Luis María Canosa. Dos amigos suyos fallecidos en la masacre. ¿Llegaste a conocerlos?

H.C.: Sí, los conocí junto a Horacio Adrián Santantolin cuya declaración posterior le sirvió al Indio para hacer el tema “Pabellón Séptimo (relato de Horacio)” que editó en su primer disco solista El tesoro de los inocentes. Bingo fuel (2004). El propio Santantolín lo narró a Elías Neuman, por entonces su abogado, que después lo volcó en su libro Crónicas de muertes silenciadas (1985). Por aquel entonces, la cárcel estaba segmentada por rubro y por delito como todo territorio. Nosotros en ese momento no considerábamos a los presos que ingresaban por causas relacionadas con drogas gente peligrosa, al contrario les decíamos con sorna Pinchetos, que era un término que se usaba en los ’70 para señalar a los que consumían sustancias. Este grupo del que eran parte Pablo y Luis María, eran pibes tranquilos y simpáticos, nada que ver con nosotros que éramos realmente una banda pesada.

APU: ¿Cuál es el estado de la causa por estos días?

H.C.: Mas allá de lograr que el delito sea declarado de lesa humanidad y no prescriba, jamás bajamos los brazos y continuamos con la lucha de verdad y justicia. En cuanto a la causa, estábamos esperando el inicio del juicio pero vino la pandemia y lo postergó. Hay cuatro imputados, dos detenidos con prisión efectiva el jefe de seguridad interna Horacio Martín Galíndez y un celador, Gregorio Zerda al que llamaban Kung Fu, que cada vez que nos golpeaba nos decía sonriente que él practicaba ese arte marcial para saber donde pegarnos con exactitud para que el dolor se sienta más. Y dos con domiciliaria por edad avanzada, quien fuera el director del penal Juan Carlos Ruiz y el jefe de requisa Carlos Aníbal Sauvage recientemente fallecido. De todos modos no creemos que sean las únicas cuatro detenciones que haya. Del mismo modo que estoy convencido que en el predio de la cárcel de Devoto hay restos enterrados en alguna parte de compañeros que permanecen desaparecidos. Es por eso que pedimos a través del juez Daniel Rafecas que el Equipo de Antropología Forense (EAF) en algún momento vaya en principio a hacer una inspección con geo radar para saber si encuentra algún movimiento de suelo que amerite una búsqueda más profunda por medio de excavaciones. Así que estas son las últimas novedades de la causa que las obtuvimos gracias al enorme trabajo de un grupo de excelentes profesionales que tenemos encabezado por la doctora Claudia Cesaroni.

APU: Personalmente, ¿cómo fuiste viviendo estos avances de la justicia, después de tanto esfuerzo y lucha, que concluyeron en estas detenciones y en la resolución de que la Masacre del Pabellón Séptimo sea declarada delito de lesa humanidad?

H.C.: La verdad que todo esto me agarró completamente de sorpresa y lo primero que sentí fue una angustia impresionante. Inmediatamente después, una gran alegría porque siempre llevé una pesada mochila sobre mis hombros que yo mismo me había cargado por haber sido el primer sobreviviente que empezó con esto en nombre y representación de todas las personas que fueron masacradas en el Pabellón Siete de la cárcel de Villa Devoto. Porque siempre quise visibilizar aquellas almas que habían sido olvidadas por más de 40 años y que eran una de los motivos por los que no podía dormir tranquilo. Así que cuando la justicia comenzó a darnos la razón, miré al cielo, respiré profundo y dije para mis adentros: “Cumplí mi palabra”.