Homenaje a Hebe: rebelde y angelical
El 24 de marzo pasado se cumplieron 50 años del golpe de Estado que derrocó a Isabel Perón. Aquella brutal dictadura atacó sistemáticamente al pueblo argentino; sin embargo, a través de distintos mecanismos, se resistió y, en muchos casos, combatió el liberalismo económico impulsado por el Estado genocida.
Este proceso se reflejó en miles de historias individuales, como la de una platense apodada Kika. Gracias al ascenso social de aquella época, ella y su marido, el Toto, lograron pasar de la villa miseria a una casa propia en buenas condiciones. Allí criaron a sus dos hijos: Jorge, un físico alto y barbudo, y Raúl, más divertido y amante de los bichos.
Cuando las clases dominantes comprendieron que no podían quebrar al movimiento obrero —cuya potencia empujaba hacia una distribución más justa o incluso hacia una revolución—, decidieron perpetrar un genocidio para frenar ese avance por la fuerza.
En el Dique o en la cabeza de Kika resonaban más las canciones de Sandro o las recetas de Doña Petrona que las categorías políticas. Sin embargo, fue la política la que golpeó su puerta cuando la historia se hizo carne: a principios de 1977, se llevaron al "Duque", nombre que Jorge, su hijo mayor, tenía en su organización.
A partir de allí comenzó una búsqueda que la llevó a las comisarías y a forjar el leitmotiv de su vida: un coraje inmenso para enfrentar al enemigo. En el frío suelo de aquellas dependencias nacería Hebe, como dice el tango: "rebelde y angelical". Una mujer capaz de amasar pasta y, al mismo tiempo, tomar edificios públicos; de ser cariñosa con los niños y un vendaval de verdades frente a cualquier milico. El tango citado es Azúcar, pimienta y sal. La sal sería su capacidad reflexiva, la de saber qué consigna utilizar y cómo enfrentar a la dictadura y, más tarde, al menemismo.Aun habiendo leído inicialmente solo libros de cocina o los Evangelios, demostró una agudeza estratégica única al crear el boletín en 1980 —enviándolo al exterior a través de pilotos de Aerolíneas— o al fundar el diario en 1984.
Desde esas páginas denunció lo más crudo de la época: una democracia de parlamento repleto pero con villas llenas, donde los ingenieros eran remiseros y los sociólogos atendían parripollos. Contra todo eso peleó Hebe; la rebelde y también la autoritaria, la que no dejaba pasar una. Esa dureza la volvió profundamente incómoda. Desde ese lugar empujó, siendo lo menos "hegemónica" que puede ser una mujer, pero con una belleza interna leal y dulce, casi como la abuela de todos.
En sus primeros años de lucha rechazó el sistema por completo y no transó jamás. Criticó cada intento de la democracia liberal y pidió siempre más; no aceptó disculpas, ni "morlacos", ni simbolismos. Le dijo "basura" a Menem, casi como una definición política más que un insulto personal.
Cuando la historia pasó lista en el 2001, Hebe estuvo ahí, "cantándole las cuarenta" a los comisarios y defendiendo a los reprimidos. Allí comprendió algo vital: que la rebelión tiene un límite; sin poder no hay transformación, y sin transformación solo queda el recuerdo de viejas rencillas.Entendió que el kirchnerismo era la oportunidad de transformar desde el Estado, de volver al bienestar. Basta recordar los cinco millones de nuevos jubilados, los nuevos empleos o las 19 universidades nacionales para ver cómo se transformó el país. Hacia 2015, Argentina no era Disney, pero gozaba de una clase media pudiente y buenos salarios.
Luego, por errores políticos que Hebe marcaba en privado y en público, el liberalismo retornó en su versión oligárquica y de estancia, trayendo de vuelta al FMI con una deuda impagable. Siguió un gobierno fallido de buenas intenciones pero escaso poder, en el que Hebe nunca dejó de marcar la cancha, velando por los humildes y criticando al presidente cuando este se acercaba a los "tilingos" y no a los "nadie".
Hoy, a 50 años del golpe, reivindicamos a Hebe: su coraje, su claridad y su esencia similar a la de Eva. Un saber que no venía de los libros sino de un profundo sentir; un corazón grande con un "mundo de sensaciones" dentro, donde cada herida fue el costo de una convicción. Recordar a Hebe es ligarla con Evita para defender al pueblo, lo más sagrado que hay, ese que en su enorme sabiduría siempre nos da muestras de resistencia, ya sea a través de las Madres o de los piqueteros.