José Salem: "Me fascina meterme en la cabeza de los personajes"
José Salem, escritor radicado en París, acaba de publicar su nueva novela Cuarenta y nueve días bajo la niebla en editorial Cuatro Letras. Un relato que pinta la vida cotidiana de personas comunes dentro un contexto cambiante y revolucionado como fue la primera invasión inglesa de 1806 en Buenos Aires.
Además es autor del lbro de relatos Donde la vida nos lleva (Paradiso ediciones, 2021) y de la novela Dominó (Fagus Editorial, 2024).
Hay vidas que parecen escribirse en dos actos. Durante cuatro décadas, José Salem habitó el mundo del derecho, moviéndose entre leyes y tribunales. Sin embargo, tras esa sólida trayectoria como abogado, latía una búsqueda que solo la literatura logró completar. Hoy, Salem no solo se define a través de sus letras, sino que ha hecho de la escritura su punto de equilibrio y su particular Ikigai: ese propósito vital donde el esfuerzo desaparece para dar lugar al flujo natural de la creación.
AGENCIA PACO URONDO: ¿Se te hace fácil escribir literatura?
José Salem: Hay dos cosas: escribir, por un lado, y escribir como oficio, por otro. Yo creo que escribir es fácil. Desde mi experiencia personal, fue muy espontáneo, porque escribía por la necesidad de expresarme. Siempre fui muy introspectivo, y de esa manera encontraba una forma de expresarme ante una hoja de papel. Para mí no fue nada difícil, sino más bien una especie de descarga y alivio. Me hacía bien. Desde ese punto de vista, escribir fue lo más sencillo del mundo, porque fluía.
Ahora bien, escribir como oficio implica aprender ciertas herramientas. La experiencia, como en cualquier oficio, requiere trabajo y constancia; eso es fundamental.
Cuando empecé a escribir, nunca tuve la posibilidad de editar ni de publicar. Ni siquiera lo pensé, en parte por pudor. Nunca fui autorreferencial en la escritura. Uno escribe con lo que es, con lo que fue, con lo que vivió: con sus experiencias, decepciones, logros.
Como nunca pensé en publicar, fui aprendiendo el oficio de escribir sin presión, de manera espontánea y natural. Cuando publiqué el primer libro, ahí empecé a sentir y me animé más. Luego tomé conciencia de investigar un poco más, pero no me costó, porque no tenía como fin la necesidad de publicar. Hoy escribir es un hábito para mí. El día que me cueste escribir, dejaré de hacerlo.
APU: Te escuché decir que esta novela te costó muchos años en prepararla ¿Por qué se te ocurrió escribir una novela histórica?
JS: Soy más lector de novelas de largo aliento, en las que uno entra en los personajes y convive con ellos. Se me ocurrió escribir una novela de época, donde hubiera conflicto desde el punto de vista de una revolución. Ahí decidí abordar la primera invasión inglesa, que dura solo 49 días. Me puse a investigar durante un año. Los hechos históricos son simples; lo más complicado era reconstruir lo cotidiano: cómo se vestía la gente, en qué registro hablaban, qué música escuchaban, qué comían, qué bebían, cómo eran las relaciones. Todo eso no está en los libros de historia.
Una vez reconstruido ese escenario, empecé a escribir. La primera versión la terminé y corregí en 2008. Luego la dejé, escribí otras cosas y, años después, la retomé. Hice una corrección importante, la volví a dejar, y así, cada dos o tres años, la retomaba y la trabajaba. Porque después de un tiempo uno vuelve a leer algo propio siendo otra persona, y se pregunta: “¿Esto lo escribí yo?”, tanto por lo bueno como por lo malo. Me acompañó durante 18 años y no va a haber otra igual. Lleva muchísimo tiempo y elaboración. Cuando tuve la posibilidad de publicarla, me pregunté si interesaría a los lectores, si era para esta época. Es un manuscrito muy especial y querido. Pero reconozco que, en estos tiempos, es distinta a las que escribí después, con lenguajes más concretos.
APU: ¿Escribís sin un proyecto armado, sino de forma espontánea?
JS: Eso me pasa con todo lo que escribo: soy muy intuitivo. Como dicen los chicos, “me salió así”. Estudié muchas cosas, pero no creación literaria, y eso me da cierta espontaneidad.
En esta novela sí hubo una investigación previa. Como transcurre hace más de 200 años, tuve que situarme en tiempo y espacio: sentir los aromas, los ruidos, la estética de Buenos Aires y de su gente.
A partir de ahí, surgió la historia: una familia española en Buenos Aires, personajes que fueron apareciendo. Me interesaba ver cómo vivía la gente en esa época de la invasión inglesa, cómo reaccionaba ante los cambios. No trabajo con esquemas ni sé el final de antemano. Todo va apareciendo en el proceso.
Claro que eso tiene una consecuencia: al no trabajar con un proyecto estructurado, después hay que corregir mucho para encajar las piezas. Aparecen contradicciones o cosas que no cierran, y el trabajo de reedición lleva mucho tiempo.
APU: ¿Por qué te interesa la psiquis de los personajes?
JS: Meterme en la psiquis de los personajes me fascina. No solo en la literatura: también en la vida trato de entender a la gente que tengo alrededor. La mejor manera de comprender a las personas, más allá de lo que dicen, es intentar ponerse en su lugar, no desde el chisme, sino para estar a la altura.
Esto me pasa en la literatura y en la vida. Viene mucho de lo que he leído. Hay muchos escritores que me gustan, pero Dostoyevski me fascina, también Stefan Zweig, Kundera y Sándor Márai.
Lo que más me interesa es ponerme del lado de las personas y tratar de entender qué piensan y por qué.
APU: ¿Cómo influye el contexto social en la vida cotidiana de los personajes?
JS: “Soy yo y mis circunstancias”, y es así. Me interesaba llevar a esas personas a un momento de cambio de poder, como el de las invasiones inglesas en Buenos Aires, y ver cómo surgían los deseos de independencia. Creo que la experiencia humana se repite: pueden pasar siglos, pero la esencia y la pasión son las mismas. Cuando terminé la novela, pensé en cuánta similitud hay entre la Buenos Aires de 1806 y la de 2026.
APU: ¿Hay un hilo conductor entre tus libros Dominó, Cuarenta y nueve días bajo la niebla y Donde la vida nos lleva?
JS: Creo que son muy diferentes. No soy gran lector de relatos y lo primero que publiqué fue un libro de cuentos. Tampoco soy lector de novela negra, y Dominó lo es. Ni de novelas históricas, y esta lo es en cierta forma. Voy escribiendo lo que me sale. Pero, en el fondo, sí hay algo que se repite: el interés por la psiquis de los personajes que atraviesan circunstancias que los obligan a tomar decisiones importantes.
Eso ocurre en todas mis novelas: en Dominó, donde todo empieza con un asesinato, y en la última también. Me interesa meterme en la cabeza de los personajes cuando tienen que tomar grandes decisiones. Eso es lo que se repite en mis libros.