Hirst y México: el arte en el neocapitalismo

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    Obra Damien Hirst
ENSAYOS DE ARTE

Hirst y México: el arte en el neocapitalismo

12 Mayo 2024

Una vez más el polémico Damien Hirst se cruzó en mi camino, esta vez en la Ciudad de México. Ya de por sí que sea en México me resulta raro, pero que el museo en el que se la exhibe sea el Jumex lo vuelve más intrigante aún. En un momento contaré por qué.

Vivir para siempre (aunque sea un momento) es una muestra muy representativa de toda la obra de Hirst. Allí se palpan los cruces controversiales que se producen en ella, tanto en la obra como en sus títulos: Historia Natural, Gabinetes médicos, Pintura de puntos o “La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo”, etc., son algunos de los títulos de las series u obras exhibidas. No está todo, pero hay mucho. El visitante se va con una idea clara de lo que quiere transmitir Hirst por medio de su obra, lo que es difícil que suceda en otros museos, en los que hay tanta información que el paseante sale abrumado —pasa más en Europa que en los museos de la América “pobre”, es verdad, pero en el museo de Bellas Artes también se palpa la evolución de la pintura mexicana, del siglo XVI hasta los postmuralistas, digamos; en el museo de Antropología, en cambio, la escala ya se pierde y la información nos desborda.

Como sabemos, en la obra de Hirst los títulos no son un mero anclaje o complemento de lo exhibido sino que fundan un significado propio, independiente de la obra, constituyendo en sí mismos todo un tema para debatir. Lo controvertido es que su obra, muy sólida en lo que denuncia (nuestra cultura tanática, nuestros modos desesperados de negar el poder de la muerte o de retardarlo a base de farmacología o vicios), se hizo con shocks de escándalos y ventas millonarias. Por eso, parte de esa obra proviene de su creación, y parte de su creación depende de su difusión, su comercialización y sus apariciones mediáticos. Al final se encuentran el tiburón o las ovejas suspendidos en formaldehído, o los ceniceros gigantes llenos de colillas de cigarrillos usados, que desprenden un olor apestoso (“Cementerio” y “Crematorio” son las obras que se pueden ver en esta exhibición).

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Obra Damien Hirst

A unos pocos metros de los tiburones flotando en formaldehído se encuentran las Pinturas de puntos, en el que cada círculo es pintado manualmente —rápidamente esta obra el artista se la cedió a sus discípulos, que las multiplicó en series innumerables (Hirst estableció que son 1400 obras de esta serie, pero los especialistas calculan que son más del doble).

En frente están los “Recuerdos perdidos, fragmentos del paraíso”, en donde se exponen muchos frascos de drogas legales que consume la población (una de estas obras, temprana, se llama “Hollidays”). Después se pasa a la sala más grande y aparecen los tiburones, que son realmente intimidantes.

La sala en cuyo centro está la calavera (según la leyenda, es la obra que más cara salió realizar en la historia del arte, porque tiene engarzadas piedras preciosas millonarias) está tapizada por cuadros de cerezos en flor, recurriendo a una técnica casi puntillista, muy simple y natural. Ver la calavera brillando en un cubo de vidrio en el centro de una sala en México incrementa los misterios.

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Obra Damien Hirst

El Museo Jumex es uno de los pocos museos en la ciudad que es gratuito todos los días de la semana (el resto de los museos acá en CDMX son gratuitos solo los domingos). El domingo estallaba la fila (el museo presta unos paraguas para que el sol no calcine a la pobre persona que hace fila), pero el martes no había nadie.

El museo Jumex es un gran proyecto cultural, pues encarna el capital millonario que uno de los mayores magnates de México le ofrece a sus conciudadanos para que se ilustren y conozcan el arte contemporáneo. En Argentina no hay nada parecido. No es el único millonario mexicano que tiene su gran museo, pero los otros museos, también grandilocuentes, provienen de otra tradición, más patricia. Eugenio López Alonso, el presidente de Jumex, que es la fábrica más grande de jugos de fruta de México, tiene ínfulas renacentistas, cuando los artistas vivían de los mecenas. Seguramente las obras de arte deben de brindar alguna recompensa tributaria o algo por el estilo. En cualquier caso, Damien Hirst es el personaje indicado para exhibir su obra en un espacio como este.