Manuel Estellés: “Escribir es construir una distancia con la realidad”

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NOVEDAD EDITORIAL

Manuel Estellés: “Escribir es construir una distancia con la realidad”

10 Junio 2026

El favor, de Manuel Estellés es la última novela de la constelación Club Hem. Una editorial que nace de un espacio de encuentro entre escritores y lectores, llamado Club Hemingway. Un club que desbordó de ideas y de escritura hasta convertirse en editorial. El catálogo es singular, va por afuera de los estándares de mercado, “los autores de Club Hem viven la escritura con la intensidad del arte y la vida”, nos dijo su editor Francisco Magallanes.

El favor no es la excepción a la regla, atraviesa los bordes de la escritura, amplía la estructura de lo ya conocido para movilizar al lector. La novela funciona como una maquinaria capaz de transferir la misma impermanencia de la vida al texto. No es una novela pedagógica, no explica, no tranquiliza, saca al lector de la zona de confort. No empieza, ni termina. Como cuando se lee a Macedonio, el lector es un personaje más. Propone una lectura activa, los personajes se mueven con la misma incertidumbre de quien lee.

 ¿Existe una lectura ideal? No, la lectura se constituye de espacios alternativos, de digresiones, de tiempos muertos, de la  ansiedad de la época.

El vértigo y la productividad nos deja cada vez menos espacios de ocio para sentarnos a leer un libro sin interrupciones, buscamos momentos, los deseamos, los construimos en el medio del caos y del teléfono que es una piedra en el zapato, sin embargo lo hacemos.

Así viven estos personajes, se permiten probar distintas formas de habitar el mundo. En ese trance son pura literatura. Viven la contradicción en este caso de la escritura, escriben, no escriben, desean escribir, no pueden, a veces sí, fabrican nuevas maneras. Lindan el límite con lo autobiográfico pero son criaturas de ficción, que bien podrían funcionar como los distintos yoes del autor.

Me viene una frase de Ricardo Zelarayán “Lo saludé y no era. A mi también a veces me saludan y no soy”.

¿Qué es escribir después de todo? ¿Un cuerpo poseído por una fuerza imposible de dominar? ¿Una doble personalidad que fabrica historias, canciones y poemas mientras intenta encajar entre vidas normales? ¿Es una obsesión, un placer o una condena?

En los últimos capítulos, el Doctor Kellog empezó a construir una ciudad con bloques de textos. “Eran bloques grandes hechos con letras chicas. Las letras unidas, zzzz, resultaban sólidas pero flexibles: ideales para sus fines. Como paredes verdaderas hechas con ladrillos de mentira”.  Qué belleza pensar en una ciudad hecha de palabras.

 “Nunca fui autobiográfico: / en mis textos aparezco/travestido, /transformado en otra cosa, casi/irreconocible, y sin embargo algo persiste/y brilla con una luz única, y eso es mi vida”. Escribe Ariel Luppino, en el epígrafe y sintetiza aquello que a los que escribimos nos identifica con los personajes, esa luz única que persiste aunque queramos ser otra cosa.

 

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el favor novela

 

En diálogo con AGENCIA PACO URONDO Manuel Estellés contó acerca del proceso creativo, de la construcción de los personajes y de cuando se dio cuenta de que sus textos ya eran una novela.

AGENCIA PACO URONDO ¿Cómo fue el proceso creativo de El favor? ¿Cuándo dijiste “acá hay una novela”?

Manuel Estellés: En 2021 participé de la primera edición de La otra caja, el espacio coordinado por Ariel Luppino. Cuando terminó borré todo lo que tenía escrito hasta ese momento. Más adelante ese año, en otra edición, se prendió la chispa de lo que terminó siendo El favor

Empecé tomando notas en el celular, como le pasa a algún personaje de la novela. Sólo notas de una o dos frases, no más que eso y cada un par de semanas las juntaba en un documento. Digamos que me mantuve alerta para no caer en “después lo escribo”. Si venía una frase la escribía y así iba quedando. En un par de meses las armé en torno a cuatro personajes. Releía las frases y las escenas y las dividía: esta va para el Doctor, esta para el Doble y así.

Un día se me ocurrió una ilación posible entre esas cuatro historias, que hoy serían las de la primera parte de la novela. Pero ni siquiera ese nexo es el que quedó, fue una idea que ayudó para que avance. Podría identificar ahora ese momento como el fundacional, pero no fue algo consciente cuando pasó.

Años más tarde se la llevé a Francisco Magallanes, editor de Club Hem. Paréntesis. Yo la quería publicar ahí porque me gusta el catálogo, sobre todo lo que publica ahora, aunque  leí todos los libros de la colección y los tengo todos en mi casa. Sigo. Con Fran hicimos un trabajo espectacular, nos juntamos todas las semanas durante un año y la novela tomó la forma que pueden ver los lectores hoy, se escribió más y menos, la reordené por completo, armé las tres partes… y borré muchísimo.

APU: Todos tus personajes podrían ser una sola persona, alguien que escribe y pasa por distintos estados, ¿con cuál te identificas? ¿Cuál es tu alter ego?

M.E.: Es cierto que todos escriben, de hecho se escriben, se crean entre ellos. En ese sentido genérico me siento identificado con las cosas que les pasan en torno a su escritura. Pero no mucho más. No podría decir que ninguno es mi alter ego. Nuestro vínculo es cercano, pero no tanto.

APU: A propósito de esto, ¿cómo es tu vínculo con la escritura? ¿Qué es la escritura para vos? Es una necesidad dice algún personaje por ahí, “no escribir es casi imposible”

M.E.: Mi vida de lector/ escritor está dividida en dos etapas: de los 12 a los 23 y de los 40 hasta hoy (49). Estos dos “bloques” están divididos por algo que podríamos llamar “coma literario”, una etapa entre los 23 y los 40 en la que casi no leí ficciones ni me interesé por esa aproximación a la realidad. Hacía otra cosa, no viene mucho al caso. Un buen día alguien me pasó una novela policial y se me fue destrabando el “coma”. A los 40 asumí que siempre había querido escribir una novela y ese es mi camino ahora: pretendo que sea el definitivo, aunque nadie conoce el futuro.

Este desarrollo particular me volvió un lector desquiciado, que siente que tiene que recuperar el tiempo perdido. La escritura está unificada con la lectura: siempre que empiezo a escribir es porque estaba leyendo, o a punto de abrir un libro. Así que leo con pasión, pero al mismo tiempo para intentar tapar una “falta” y también para que se “gatille” la escritura.

APU: El doctor Kellog crea una máquina a cambio de ojos, ¿cómo te llevás con la Inteligencia Artificial? ¿Crees que puede reemplazar el trabajo de un escritor?

M.E.: Esa frase fue la primera que escribí de toda la novela. Al menos, la más antigua de las que sobrevivió sin cambios, desde fines de 2021. Así que ni soñaba con la IA, pero la realidad nos terminó alcanzando, a El favor y a mí. Nunca usé herramientas de IA para escribir textos: en general las usé para cuestiones relacionadas con los sistemas de información, para escribir en lenguajes de bases de datos o para recordar fórmulas de Excel, ese tipo de cosas.

Una vez unas figuritas como las del mundial para los personajes de El favor, es lo más cerca que estuve. Ahora se puso de moda eso y me avergüenzo un poco, je. Yo quiero creer que el trabajo de un escritor en tanto artista es hacer algo nuevo e inesperado. Además de “no necesario, inútil y absurdo (y casi delictivo)”, como dice Felipe Polleri en el prólogo a Irrupciones de Levrero.

Así que no veo que se lo pueda reemplazar. Pero por supuesto la IA recién fue descubierta por el gran público (en el que me incluyo) y cualquier cosa que diga podría verse desmentida o superada en poco tiempo.

APU: En la máquina explora tres niveles

  1. puede o no puede escribir
  2. no puede escribir y no puede no escribir
  3. le preguntan algo y contesta: “no puedo: tengo que escribir

¿En cuál te posicionás?

M.E.: Nunca los había pensado como niveles o etapas. Pero me gusta: claramente El favor fue mi manera de transitar por el ítem 2, aunque no sé si ahora estoy en un lugar diferente. Haber escrito y publicado una novela no volvió “más posible” mi escritura, creo. O muy poco.

Por supuesto me gustaría llegar al zen del punto 3 y alejar de mi vida las cosas que no sean escritura y lectura porque son una unidad. 

 

“Escritura y vida pueden ser tomados como la misma cosa”.

APU: En una parte dice que escribir es una contradicción: no puedo escribir, no puedo no escribir. Me hizo acordar a la famosa frase de Rilke “si usted puede vivir sin escribir, entonces no escriba” ¿Qué pensás a la hora de sentarte a escribir (o no) ? De esta contradicción también salen novelas…

M.E.: Totalmente de acuerdo. Esa, de hecho, es la contradicción de la que surgió El favor. La que me hizo dar cuenta, por ejemplo, de que no necesitaba un tema exterior, ni un taller literario clásico (aunque hice varios hace años y fueron parte de mi camino) ni mucho menos una carrera universitaria: solamente escribir.

APU: Hablás un poco en serio y otro poco irónicamente sobre los estereotipos de escritores y sobre la autoficción ¿qué te gusta leer y en qué lugar te sentís más cómodo?

Creo que en algún punto todo texto termina siendo autobiográfico, no?

M.E.: Empiezo por la última parte. En la vida de una persona que escribe, la escritura (valga la redundancia) debería ser un plano fundamental. Para decirlo más estético: escritura y vida pueden ser tomados como la misma cosa. En ese sentido todo texto será sin dudas autobiográfico. Y otra forma para casi lo mismo: el material con el que escribimos es nuestra vida, ¿qué otra cosa podría ser?

En cambio, la autoficción me parece otra cosa. Yo pienso que escribir es construir una distancia con la realidad. La autoficción es particular porque toma una postura explícita sobre esta distancia, sosteniendo que no existe o bien que va a construir la ficción de que no existe. Me resulta risueña la necesidad por producir y consumir textos que incluyen este contrato. Una persona famosa escribió un libro hace poco y tuvo que aclarar que no era autobiográfico. A mí no se me había pasado por la cabeza.

No es mi primera opción como lector, aunque por supuesto he leído algunos libros así. Me siento más inclinado hacia la idea de que todo puede ser literatura si se lo trata de cierta forma. Y a la vez la idea (pariente de la anterior) de que la literatura vale por sí misma: no necesita muletas de ningún tipo, ni agendas, ni”hechos reales” que la sostengan. 

APU: ¿esta idea de onanismo con la que empieza el libro sin duda está asociada a la escritura y todo lo que implica: concursos, permiso, consagración, fama, te reís un poco de eso en El favor, no? ¿Qué lugar crees que ocupa eso en el pensamiento de alguien que se dedica a escribir? porque a veces se presenta como un obstáculo

M.E.: El escritor Antonio González Mendiondo me recordó que el “fetiche” de Onán no era la masturbación sino el “desperdicio de la semilla”, por decirlo de algún modo. Así que sí: en esta etapa de mi vida me río de todo lo que resulte infértil por definición. Si no va a salir escritura, o mejor dicho más escritura, entonces no lo quiero hacer. Por supuesto publicar es mostrarse, mezclarse, entrar en el roce y ahí puede haber una potencia para la escritura. Hacemos siempre con otros.

Entonces, publicar puede ser salir del onanismo (en la acepción más común, la menos culta) pero hay que estar atento y no dejarse distraer.

Por lo demás, como estoy en mis comienzos, tengo una sola novela publicada, hay que ver a dónde voy. Si logro avanzar participando de lo que me sirva y dejando de lado lo que no. Está literalmente por verse. 

APU: Ahora que la novela finalmente está publicada, ¿sigue siendo más importante el texto que el libro?

M.E.: No sé. Es la primera, que como dice el Dillom, nunca se olvida.

Gracias a que se publicó El favor se lo pude acercar a Esteban López Brusa. Al tiempo me mandó un mensaje que decía, entre varias observaciones: “Lo que más me gustó es la forma residual en que recogés la realidad en frases y alusiones dentro del delirio.” Y si yo me quedaba solo con mis textos me perdía de una lectura así, que no es un halago sino una marca que me hace avanzar y pensar, también.

Al mismo tiempo, no hay que dejar de lado la importancia de los textos. Sino los libros se vacían. No quisiera llegar a (más) viejo con diez cáscaras incrustadas en la biblioteca firmadas con mi nombre y nada más que eso.

Manuel Estellés: nación en Buenos Aires en 1977. En el marco de DKDA Hem, publicó D.O.S en la Oficina Perambulante (2022). El favor es su primera novela publicada.