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Cultura //// 22.09.2019
Argentina, el basurero del mundo: (CH2-CH2)n

Porque la ficción y la realidad no pueden dejar de pensarse como tensión de una construcción, presentamos "Argentina, el basurero del mundo:(CH2-CH2)n". Este relato está inspirado en la sanción reciente del decreto 591/2019 que facilita el ingreso de residuos contaminantes a nuestro país. Por Ramiro Gallardo. 

Por Ramiro Gallardo

 

A mi hija, que junta cartón, envases de plástico y tapitas de gaseosa con la idea de hacer muñecos para el cumpleaños de Salvador.

 

 

Julián cerró la puerta del cubículo de “orgánicos” y abrió la de “reciclados”. Terminaba el año y la cantidad acumulada de papeles iba a ser la fiesta de los Recicladores. Depositó folios, cuadernos y fotocopias que ya no le servían en la picadora, atento a no incluir anillados ni forros protectores de plástico. Con una mezcla de alegría y algo de nostalgia observó cómo se pulverizaban algoritmos y estructuras de datos, ejercicios de simulación de sistemas y el trabajo sobre inteligencia artificial que tantos halagos le habían valido por parte de la titular de cátedra. Todo esto no le llevó más de tres minutos

Distinto era lo que se venía: el cubículo de “saneamiento ambiental” requería de mucha dedicación y cuidado. Un descuido, un olvido menor traería, como mínima consecuencia, una multa por parte del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable. Mucho peor eran las enfermedades que podrían generarse al contacto con alguno de estos residuos peligrosos.

El “Compartimento tóxico” -así se lo conocía popularmente- era requerimiento obligatorio en todos los hogares desde la sanción del Decreto 592/2029. Se trataba de una ampliación del anterior, diez años más viejo, en el que el gobierno de turno había autorizado el ingreso de basura contaminante proveniente de otros países. Con el pretexto de que se trataba de elementos provechosos para algunas industrias locales, lo que otros descartaban se convertía en objeto de deseo de países como el nuestro. La culpa era de los chinos, decían, que el primero de enero de 2018, a raíz de una campaña en contra de la llamada yang laji o “basura extranjera”, habían prohibido la importación de casi todo tipo de desechos plásticos. A partir de entonces, los siempre ávidos “mercados” habían fijado sus ojos en otros destinos: primero Vietnam, Malasia y Tailandia; más tarde Camboya, Laos, Ghana, Etiopía y Kenia. En 2019 la varita mágica le había tocado a nuestro país, que llevaba años esperando con ansiedad el arribo de capitales extranjeros y derrame de dólares. Ni capitales ni derrame: desechos contaminantes. Sonaba a chiste de mal gusto.

Julián se puso los guantes de nitrilo doble capa y abrió el suministro de basura tóxica semanal obligatoria. Pensó en su mamá, que retiraba doce y hasta dieciséis bolsas al mes. Qué vieja loca, pensó, arriesgarse así por la conmutación del ABL. Ella decía que daba igual, que con la basura obligatoria ya se había contaminado, que unas pocas bacterias más… Además, el ABL se había multiplicado por diez. Gente como ella, madre soltera, desocupada y sin casa propia, no tenía demasiadas posibilidades de elegir.

–Tenés que ver el lado bueno Julián –le decía. –Gracias a este Gobierno tenemos la posibilidad de unos ingresos extra.

–Pero mamá, ¿no te das cuenta del negocio que hacen a costa de todos? Quisiera ver a alguno de esos ministros tan ambientalistas dándole de comer a las putas orugas…

* * *

–Hola cuchi cuchis, ocuchuchas, origuchas...

Clara Kahlo observó su criadero de lepidópteras (CH2-CH2)n. a través del doble vidrio térmico de la pecera. El contacto con esta variedad de orugas no revestía, hasta donde se informaba, ningún peligro, pero el hecho de que su dieta estuviera compuesta a base de polietileno no generaba ninguna confianza. Si bien la crianza de esta especie se venía poniendo en práctica desde hacía tiempo, los estudios no eran lo suficientemente certeros como para descartar en un cien por cien los riesgos de una posible contaminación.

Varias décadas atrás, una apicultora de Cantabria se había dado cuenta de que la plaga de parásitos en sus colmenas podía ser la solución al problema de los desechos plásticos. El hallazgo había sido tomado con optimismo a lo largo y ancho de todo el planeta, aunque finalmente se había transformado en un beneficio para unos pocos: los países pertenecientes al Sector Ambiental Secundario (antes llamados “países en vías de desarrollo”, “periféricos” o “tercermundistas”) se convirtieron, decretos y leyes engañosas mediante, en importadores de la basura tóxica generada por las grandes potencias mundiales.

Clara Kahlo era artista plástica. Su Monumento a la Madre Tierra, realizado con desechos tóxicos, iba a ser un despelote. Una trompada en medio de la jeta cómoda del mundillo del arte afirmaba su galerista: un grito de protesta vivo decía la artista que homenajeaba, con su apellido, a su referente mexicana.

La realización de esta obra no era para nada sencilla. Al tamaño -cinco veces la altura de la artista- se le sumaba la dificultad inherente al manejo de residuos contaminantes. Clara construía una figura femenina a gran escala, tomando como modelo su propio cuerpo. Cientos de orugas comeplástico -así se las llamaba popularmente- se alimentarían de ella durante los treinta días que tenía para el montaje y los tres meses que durase la muestra. Los excrementos serían utilizados para abonar una huerta orgánica en el mismo espacio de exposición.

–Mierda, otra vez. –Clara dejó la bolsa con bandejas descartables colgada de uno de los soportes del andamio y bajó con cuidado. Había improvisado un obrador antiséptico cerca de la puerta de entrada de la galería, allí guardaba varios mamelucos aislantes y docenas de guantes. Se quitó los que llevaba puestos, no sin antes observar el tajo cerca de la palma de la mano derecha. No tenía heridas. De todas formas, sabía que en pocas horas la piel más próxima a la hendidura se le pondría morada.

Resultado de imagen para oruga come plástico

* * *

Julián terminó de peinarse, acomodó el cuello de su camisa y se colocó dos gotas de perfume. Su mamá le había pedido que se vistiera bien. Es que, esa noche, formaría parte de una performance en la inauguración de la muestra de la renombrada artista Clara Kahlo en defensa del medioambiente. De paso, era una buena oportunidad para ver a su progenitora. Hacía meses que no iba a visitarla.

La exposición tenía como sede la nueva “Galería del Transbordador”, un moderno edificio acristalado construido en lo alto de la vieja estructura metálica del Puente Transbordador Nicolás Avellaneda. En los accesos, uno del lado de Capital y otro de Provincia, el público debía colocarse trajes protectores contra partículas contaminantes en suspensión. Amigos y familiares de Kahlo, turistas, unos cuantos políticos y toda la farándula del mundillo del arte ascendían por los ascensores luciendo mameluco gris plomo, cobertores de calzado, guantes, barbijo, anteojos de protección ocular y cofia. Más que una muestra, parecía una convención de científicos o de astronautas.

La sala estaba toda cubierta de tierra. Tomates, zapallos, cebollas, remolachas y un variado repertorio de hojas verdes crecían con vigor aprovechando la gran exposición solar y el agregado fertilizante generado por las  (CH2-CH2)n. En el centro de este invernadero temporal, las lepidópteras se alimentaban de la gran figura femenina contaminante.

Julián mataba el tiempo parado al borde de uno de los grandes paños de vidrio. Abajo, las luces de la noche generaban reflejos sutiles sobre las aguas negras del Riachuelo. Alguien se le acercó. Llevaba una bandeja repleta de vasos de plástico con tapa y pajita.

–¿Una copa de vino, jugo, gaseosa? –ofreció la voz simpática de una chica.

Julián eligió la “copa de vino”. Una válvula incrustada en el barbijo permitía acoplar la pajita y beber sin quedar expuesto a posibles partículas contaminantes. El vino no estaba mal. Apuró el trago, como para pedir una segunda copa, pero el movimiento de un grupo de personas vestidas con algunas prendas de color amarillo produjo un revuelo general. Avanzaban hacia la figura femenina con paso de ceremonia. Al llegar, formaron un círculo alrededor, de cara al público. Julián se acercó. Intentaba, sin éxito, identificar a su madre.

Una de las personas que realizaban la performance -la única con mameluco amarillo- era la mismísima Clara Kahlo. Se cercioró de que todos sus compañeros estuvieran en el sitio prefijado, alrededor de la escultura, y se sacó cofia, anteojos protectores y barbijo. Los colocó uno al lado del otro, prolijamente, en el suelo. Luego, comenzó a dar indicaciones. Uno a uno, quienes formaban el círculo fueron quitándose la prenda que les correspondía. La mamá de Julián, los guantes: levantó ambas manos mostrando las palmas repletas de verrugas y de ampollas; otros se descubrieron hombros, brazos, piernas.

Julián sintió ganas de vomitar.

La artista observaba cada movimiento con suma atención. Las pecas que regaban su rostro eran un bálsamo al lado de las mutilaciones que iban quedando a la vista. Una vez que todos hubieron expuesto sus úlceras, sus llagas, sus tumores, sus cánceres, dejó caer el mameluco que la cubría. Su cuerpo desnudo acaparó todas las miradas.

Un murmullo general e inmediatamente el silencio. Un grito de horror. Un movimiento incómodo, un morbo, inundaron la sala.

El cuerpo de Clara estaba infectado. Las piernas, el vientre, los pechos, el cuello, mostraban enormes heridas en carne viva. Más bien, observó Julián: en plástico vivo. Todo lo que no tenía piel era polietileno. Músculos, venas, arterias, tejidos, membranas. En los intersticios, entre glándulas y riñones, entre tendones y ligamentos, colonias de orugas  (CH2-CH2)n cumplían con avidez su ardua tarea de biodegradado.

Julián se acercó a su mamá, la agarró del brazo y la llevó sin que ella opusiera la menor resistencia. Lágrimas de plástico brotaban de sus ojos tristes y lo miraban empañando los anteojos de protección ocular. A la salida, la misma chica que, minutos atrás, le había ofrecido bebidas, repartía souvenirs. A Julián le tocó un racimo fresco de hojas de acelga recién cortada.

 

RESIDUOS PELIGROSOS

Decreto 591/2019

DECTO-2019-591-APN-PTE - Decreto N° 181/1992 y Decreto N° 831/1993. Modificación.

Ciudad de Buenos Aires, 26/08/2019

https://www.boletinoficial.gob.ar/detalleAviso/primera/214271/20190827

 

Nuevo decreto permitirá la importación de basura.

http://www.agenciapacourondo.com.ar/sociedad/nuevo-decreto-permitira-la-importacion-de-basura

 

Ambientalistas planean judicializar la medida.

El decreto para importar basura reactivó las críticas a la gestión de residuos en el país.

https://www.pagina12.com.ar/216981-el-decreto-para-importar-basura-reactivo-las-criticas-a-la-g

 

Los plásticos se acumulan en todo el mundo desde que China se ha negado a recibir más desechos.

https://www.nytimes.com/es/2018/01/16/contaminacion-plasticos-china-basura/