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Relámpagos //// 21.05.2018
Una historia de nuestro aborto, por Ana Clara Benavente

"En los 70 el aborto era una demanda que no se hallaba separada del resto de demandas que las feministas hacían, no sólo al Estado, sino a la sociedad entera y a sus propios compañeros de militancia. Lo personal era cada vez más político, el aborto también”.

Del “derecho a decidir sobre nuestro cuerpo, derecho al placer, no a la maternidad obligatoria y no más hijos no deseados” de los años 70 al “aborto legal para no morir”, en la actualidad (aunque esta última consigna surge al menos hace 15 años, se impone hoy como lema principal de la lucha por el aborto legal en la Argentina). Surge entonces el interrogante:¿cómo se pasa de consignas de autodeterminación a consignas de victimización?  

Imposible soslayar los idearios políticos de los años 70. La revolución llamaba a todas las puertas y la revolución sexual y feminista no se quedaba atrás. El aborto legal mientras tanto se hacía real en varios países de Europa. ¿Por qué no pudo convertirse en realidad en Argentina?

En los 70 el aborto era una demanda que no se hallaba separada del resto de demandas que las feministas hacían, no sólo al Estado, sino a la sociedad entera y a sus propios compañeros de militancia. Lo personal era cada vez más político, el aborto también. El Movimiento de Liberación Femenina fundado en 1971 planteaba en sus primeras declaraciones públicas: “Tenemos una ideología revolucionaria que nació de una necesidad de justicia y de un anhelo de libertad de todas las mujeres que se proponen la construcción de un mundo más humano”. Más tarde, en 1973 la Unión Feminista Argentina reclamaba: “Incluir en la Constitución Nacional leyes contra la discriminación por sexo, reformular el sistema educativo para eliminar los roles sexistas, crear guarderías estatales atendidas por varones y mujeres, libre elección de la maternidad, difusión masiva de anticonceptivos, aprobación del aborto legal y patria potestad compartida”.   

En aquellos tiempos, la revolución socialista era el horizonte de lo posible pero para las feministas no tenía sentido sino venía acompañada de la caída del patriarcado. Pero nada sucedió. O peor, sucedió lo peor de todo. Durante la dictadura de los años 70 las feministas siguieron reuniéndose, aunque con menor frecuencia; la clandestinidad no les era un terreno tan desconocido. Igual suerte corrió el aborto por aquellos años.

Con la llegada de la democracia la esperanza debía renacer. Las consignas políticas, aunque reactualizadas, debían volver a las calles. O por qué no, ahora que había partidos políticos para votar, elegir aquellos que impulsaran la legalización del aborto. Pero fue recién en 1984 cuando vuelven a reorganizarse y proliferar las organizaciones feministas. Y será María Elena Oddone quien irrumpa en la plaza de los Dos Congreso con la consigna “No a la maternidad, sí al placer”. Otras consignas presentes ese 8 de marzo fueron: “Aborto libre”y “Nosotras parimos, nosotras decidimos”. Enseguida surgieron en la prensa las voces detractoras: “las feministas insisten en desafiar antes que conciliar, que impongan sus razones civilizadamente” comentaba una periodista de la revista Gente. Oddone respondía y no sólo a “los/as enemigos/as” sino también a sus propias compañeras de lucha, que en muchos casos también pensaban que “se le había ido la mano”. Les contestaba “estoy dispuesta a esperar años hasta que se entiendan mis pancartas”. María Elena no se amedrentó pese a las críticas, claro que no, imposible siendo como era. Siguió con el mismo tipo de consignas polémicas y desafiantes. Sin embargo, en línea de como lo plantea Bellucci, a fines de los años 80, hay un cambio de timón al menos en los discursos más hegemónicos acerca del aborto. De ahora en más comenzará a prevalecer un discurso sanitarista, que sólo justificará el aborto para los casos más extremos. Para muchas feministas apelar a la muerte de las mujeres más pobres era el “método eficaz” mediante el cual podría llegar el aborto al Congreso. Pero lo que en un principio fue eficaz luego se convirtió en la única premisa plausible.

Será recién con la llegada del Misoprostol a la Argentina hace más de 10 años y con el trabajo pionero realizado principalmente por lesbianas, que el cariz victimizante será reemplazado por lo que llamaré “autogestión del aborto” realizado por las redes feministas.

En un país que todavía no había legalizado el aborto pero que sin embargo su práctica era “cosa de todos los días”, el grupo Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto decidió pasar a la acción y crear una línea telefónica con consejería, donde se informaba cómo abortar de manera segura y con pastillas. Plantea Luciana Sánchez “cuando Lesbianas y Feministas nació, muchas compañeras, compañeros, trans, gays, travestis, incluso Lohana Berkins, conocían el Misoprostol y difundían la información, lo defendían, hacían consejería. Pero estaba censurado incluso desde adentro de la militancia por la legalización del aborto. Se creía que hablar de cómo se abortaba le restaba fuerza al debate por la legalización”.

En los últimos años, proliferaron por todo el país grupos de socorristas que acompañaron cada uno de los procesos de aborto medicamentoso a lo largo y ancho del territorio.

Paralelamente, la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, Seguro y Gratuito supo expandirse por toda la Argentina, llevando los pañuelos verdes y la difusión de su proyecto de ley hasta convertirse hoy en día en un símbolo nacional por la legalización del aborto. Sin embargo, la aparición del Misoprostol y el aborto autogestivo que llevaban a cabo las redes feministas fue una aparición controversial para el movimiento de la Campaña Nacional. La actividad política de la Campaña se basaba en visibilizar la problemática en todo el país e intervenir parlamentariamente, pero no involucrarse de manera directa con las prácticas abortivas, que hasta el momento y aún hoy se encuentran en el terreno de la ilegalidad. Así mismo, el proyecto de ley presentado por la Campaña que hoy se discute en el plenario de diputados del Congreso, como uno de los proyectos más destacados, no advierte la importancia de la producción de Misoprostol por parte del Estado y su gratuidad. En esta misma línea, y a pesar de las idas y vueltas, el lema que levantan y podemos leer en los pañuelos sigue siendo el mismo que muchos años atrás: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir”. Si analizamos detalladamente las consignas, es importante considerar algunos aspectos. En relación a la educación sexual, existe en nuestro país la Educación Sexual Integral, sancionada en 2006 como ley nacional y efectiva desde el año 2008. Si bien su aplicación depende de poner en marcha en todo el territorio los programas de aplicación de ESI, no es menor el rol que ha tenido en los últimos 10 años, al menos como paraguas jurídico de aquellos y aquellas docentes dispuestos/as a ponerla en práctica en las aulas y de manera transversal. Con respecto a la segunda parte de la consigna, es importante destacar que los anticonceptivos son legales en nuestro país desde hace muchísimo tiempo, sin embargo su consumo a veces depende del poder adquisitivo ya que los centros de salud no siempre cuentan con la cantidad que se demanda. Recapitulando, las dos primeras frases de la consigna de los pañuelos está basada en leyes sancionadas y efectivizadas, sin embargo, nobleza obliga, su aplicación real encuentra obstáculos de índole diversa tales como la falta de financiamiento o la desarticulación de los programas de aplicación. Dicha situación lamentablemente se ha visto acrecentada con la llegada del gobierno de Cambiemos.  

Sólo la última parte de la consigna es una demanda que implica un derecho no conquistado aún en el terreno de las leyes. Aunque, debemos decirlo, hace varios años existe la ILE (interrupción legal del embarazo por razones que atenten contra la salud de la madre) y en muchos hospitales del país se aplica entendiendo a la salud de la madre desde su concepción global. Es decir, como lo define la Organización Mundial de la Salud, donde el estado psicológico de una persona no puede ser dejado de lado. Por lo tanto, no es necesario que las personas que quieran abortar a través de la ILE sólo lo hagan aduciendo vejaciones físicas tales como una violación; es suficiente con manifestar el gran malestar que implica llevar a cabo un embarazo no deseado. Dicho esto, es importante saber que la ILE no es suficiente para ser considerada como aborto legal, al contrario dista mucho de esto, y en la práctica son numerosos los casos de profesionales de la salud que no sólo han objetado conciencia frente a un caso de aborto, sino que además han denunciado a la mujer y/o persona gestante.

Ahora bien, “el aborto legal para no morir” advierte sin embargo sobre la peligrosidad de la clandestinidad del aborto, pero no se deja de lado en esta frase la indeseabilidad del mismo. Es atendible entonces hacernos algunos interrogantes: ¿sólo queremos abortar de manera legal y segura para no morirnos? ¿no es suficiente razón nuestro no deseo de tener hijas/os? ¿qué sucedió con la autonomía de los cuerpos que supieron ponderar las feministas de los años 70? Y por otra parte, ¿podemos sostener hoy las mismas consignas, demandas y proyectos de ley después de la aparición del misoprostol y los saberes de las redes feministas y su autogestión?

* Socióloga, lesbiana, feminista

Referencias

Bellucci, M. (2014). “Historia de una desobediencia. Aborto y Feminismo” Buenos Aires.Capital Intelectual.

Oddone, M.E (2001). “Pasión de Libertad:Memorias de una feminista” Buenos Aires. Colihue.

Sánchez, L. Vamos todas a abortar, 2018.En revista Anfibia.

RELAMPAGOS. Ensayos crónicos en un instante de peligro. Selección y producción de textos: Negra Mala Testa. Fotografías: M.A.F.I.A. (Movimiento Argentino de Fotógrafxs Independientes Autoconvocadxs).