La violencia policial no descansa en enero
Uno de los últimos casos de violencia institucional del 2025 fue el de Gabriel González y pocos días después conocimos el de Leonardo Vargas, ambos durante las festividades de fin de año. El inicio del 2026 siguió el mismo patrón: persecuciones y abuso del arma reglamentaria.
El sábado 3 un jefe de la Policía Federal que conducía alcoholizado y chocó otro vehículo en el que viajaba una familia. El hecho ocurrió en la Ruta Provincial N°6, a la altura de Luján. Por el siniestro vial falleció Romina Riedel (36), que viajaba junto a su esposo, Marcelo Cayetano Emmi (38), y su hija (13). El funcionario de las fuerzas de seguridad, Gastón Maximiliano Montepeloso, que se desempeñaba como jefe de la División Unidad Operativa Federal (DUOF) de Rafaela quedó libre -de manera increíble- a la espera de que se lo juzgue por los hechos.
La mañana del día siguiente Cynthia Romina Landi Rodríguez, de 39 años, falleció a causa de una balacera de un policía local de Guaymallén. De acuerdo a la investigación, a la salida de un boliche inició una disputa entre un grupo de personas y cuidacoches. Varios involucrados se intentaron refugiar cerca de la casa de la víctima y, en ese momento, el conductor -que luego sería identificado como uniformado- pasó por la puerta y disparó al menos cinco veces antes de escapar. Una de esas balas alcanzó a la mujer, que intentaba cerrar la persiana. Está acusado de homicidio culposo.
Por otro lado, el martes 20 amanecimos con otro caso en Villa Crespo. Un cabo de la Policía Federal, que se encontraba alcoholizado, descendió de su vehículo y disparó sin motivo alguno con su arma reglamentaria en más de una decena de oportunidades. Hirió a un transeúnte, que fue atendido y está fuera de peligro, y fue reducido por fuerzas de seguridad porteñas. Antes, intentó escapar y descartar el arma utilizada. También lo acusan de haber amenazado a otras personas.
Por último, la madrugada del 22 trascendió otro hecho en Remedios de Escalada, provincia de Buenos Aires, en el que fue asesinado un niño de 12 años, llamado Uriel. El crimen del menor ocurrió presuntamente en el marco de una confusa situación de persecución policial que incluyó un tiroteo entre los uniformados y los ocupantes del otro vehículo, según trascendió en la prensa. El niño viajaba en los asientos de atrás. Dos agentes fueron imputados por homicidio agravado en el expediente judicial que investiga lo ocurrido.
Un cabo de la Policía Federal, que se encontraba alcoholizado, descendió de su vehículo y disparó sin motivo alguno con su arma reglamentaria en más de una decena de oportunidades.