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Relámpagos //// 23.12.2017
La reacción serena, por Lucas Saporosi

“¿Dónde queda “lo sereno” de una reacción ante las diferentes formas de la violencia del poder? La evocación corporativa que sostiene que la violencia proviene del que arroja piedras es, en efecto, el resultado de una estrategia ideológica orientada a criminalizar la protesta social y a redefinir el concepto mismo de violencia”.

Hace dos semanas, la voz de una dirigente clamó por una reacción...serena. Era otro contexto (¿lo era?): la evidencia de una persecución política y un intento de proscripción como hacía tiempo no se veía en la esfera política nacional. En ese marco, CFK llamó a una “reacción serena” [1].

Hoy, esa contradictoria evocación hace serie (yo la fuerzo, admito) con el acontecimiento político del lunes y martes: la masiva expresión popular en contra de la reforma previsional. La crónica de la movilización nos ubica en esa escena de interpelación por el significante “sereno” y nos posiciona ante el gesto de reconfigurar esa ética de la reacción. Ello implica que, de ahora en más, será fundamental asumir la tensión entre el cuidado y la puesta del cuerpo pero, sobre todo, implica traducir el acto de la reacción en un acto de intervención política que amplíe el horizonte de lo posible.

Quiero decir, el hecho de tomar aquellas palabras e insertarlas en otra cadena de sentidos - materializar un montaje- es un modo de hacer hablar a la dirigente: nos hemos reapropiado de su llamado, lo hemos tergiversado y lo hemos hecho carne y voz. No (sólo) se reaccionó ante el desvarío judicial, sino que, ante todo y en una articulación amplia y compleja , se reaccionó ante un saqueo a los sectores populares. En este marco, la correlación de fuerzas del campo popular permitió que la configuración de lo sensible deviniera en el acontecimiento ingestionable de la ocupación de la calle. Allí, y como se venía gestando desde hace ya unos meses, se contribuyó al proceso de construcción de un arco político movilizado, alerta ante el instante de peligro. Se puede pensar que La Corriente Federal es el modo en que se institucionaliza, pero, efectivamente, trasciende sus límites. Se vio durante la marcha y durante los estallidos de cacerolas por la ciudad y las provincias.

Resulta interesante pensar, entonces, una reacción no reaccionaria. En esto, resuenan los aportes de Sara Ahmed, quien afirma que “la política es el espacio que queda entre las superficies de reacción y la necesidad de una decisión sobre lo que hay que hacer” (Ahmed, 2015: 264). Todas nuestras intervenciones son acciones motivadas por el contacto con otrxs, de modo que no existe una acción original y creativa per se. Nos movemos en zonas complejas, atravesadas por múltiples factores de presión y de posibilidad, a partir de los cuales elaboramos nuestros repertorios de acción. La acción y la reacción no son caras opuestas de una misma moneda sino modos de la agencia que se configuran en las escena de disputa política. Por ello, “la decisión de lo que hay que hacer” - inquietud leninista, si las hay- debe redefinirse en el marco del colectivo de lxs trabajadorxs y esa decisión debe perforar los capas sedimentadas de burocracias a fin de llegar a las esferas de enunciación y de producción de poder. Y eso, nuevamente, se logra en la calle.

En este planteo, se intuye entonces que no debe primar la sensación de derrota ni de desazón ante la aprobación de la reforma previsional. Y, en efecto, la reforma que se aprobó afecta directamente a la actualización de los haberes jubilatorios. En el caso de los docentes, por ejemplo, constituye un saqueo a nuestras conquistas como trabajadores de la educación, reconfigurando regresivamente la jubilación de incentivo y, consecuentemente, el 82%, algo que comenzó a perfilarse con la mal llamada “reparación histórica”
 
Aún así, la reacción ha invocado un modo de activación que llevó a miles y miles de personas a manifestarse en las esquinas, a poblar la noche del Congreso y a colmar el aire veraniego con el sonido metálico de las cacerolas. Ello no fue una acción espontánea, fue parte de ese linaje transmitido a lo largo de los años, que muta y se activa según los momentos de la historia.  ¿Resuena el “ocupar y resistir” de fines de los 90 y principios de los 2000? Tal vez, la distancia no es tan lejana.  

¿Dónde queda “lo sereno” de una reacción ante las diferentes formas de la violencia del poder? La evocación corporativa que sostiene que la violencia proviene del que arroja piedras es, en efecto, el resultado de una estrategia ideológica orientada a criminalizar la protesta social y a redefinir el concepto mismo de violencia. El cinismo de esta alianza neoliberal de gobierno contribuye a fetichizar todas las otras formas de la violencia que implican la “redistribución” regresiva de los recursos, la “reducción” de haberes jubilatorios y las “reformas” laborales, impositivas y/o educativas. Eso, a las claras, tiene efectos violentos y materiales sobre la población. Y si a eso se le suma una escalada represiva por parte de las fuerzas del Estado, el monopolio mediático de (des)información y la persecución político-judicial, lo que queda al descubierto es el carácter profundamente violento del modo de gestionar este modelo de acumulación.

Por tanto, resulta imperioso habitar colectivamente esas superficies de reacción y decisión con el objetivo de invocar y reforzar nuestros espacios de contención y solidaridad, sin perder la capacidad de activación política en la esfera pública.

1 - “Un llamado a la reacción serena, muy serena. A responder por la vía política a este inédito e increíble desvarío judicial” (CFK, 8 de diciembre 2017)

RELAMPAGOS. Ensayos crónicos en un instante de peligro. Selección y producción de textos: Negra Mala Testa Fotografías: M.A.F.I.A. (Movimiento Argentino de Fotógrafxs Independientes Autoconvocadxs).