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Relámpagos //// 08.03.2022
Historias de mujeres sobrevivientes, por Paula Viafora

Una historia de cuatro mujeres sobrevivientes de la represión de la dictadura que no abandonaron nunca su compromiso y sus luchas, que padecieron el encierro y el secuestro y hoy mantienen intactos los sueños y las convicciones.

Por Paula Viafora | Ilustración: Nora Patrich

Estas 4 mujeres son sobrevivientes. En los 70, cuando eran muy jóvenes, tomaron un camino que cambió sus vidas para siempre. El miedo, el exilio, o el tiempo de tensión en un centro clandestino han quedado atrás. Con el regreso a la democracia, reunieron sus partes rotas y se dedicaron a tratar de sanar, a dejar de escapar, a volver a disfrutar de la familia,  retomar sus roles de madre, esposa, amiga, tan opacados en su momento, por la militante de los 70. Hoy, a cuarenta y seis años del día que comenzó el tiempo duro para ellas, nos da cierta curiosidad saber como es el presente en sus vidas, que queda en el interior de cada una de aquel momento.Las cuatro han declarado en juicios de lesa humanidad. Han coincidido en lo doloroso que resultaron esos testimonios. Revivir el horror en una sala de audiencias y frente  a un montón de gente no es una circunstancia de la que se sale indemne. Pero también sobrevivieron para eso, Para contar, para hacer público lo que se vivía en aquellas sucursales del infierno, no solo para colaborar con la justicia, sino para que los demás comprendan el real y profundo significado del “nunca más”.

Cristina Comadé partió recientemente. Decidí incluirla a modo de homenaje. Como si hubiera sido poco todo en su vida, esta vez la lucha la perdió con una larga enfermedad que se la llevó de este mundo el 7 de febrero. Estuvo secuestrada durante 105 días en el centro clandestino Puente 12, que funcionó en la Brigada Güemes, en el municipio de La Matanza. Tenía 22 años. Tras la vuelta a la democracia se dedicó a militar en los organismos de derechos humanos.  Desde la Comisión Vesubio y Puente 12, nos aportan más datos sobre ella: “decidió retomar sus estudios de la carrera de Letras, en la UBA. Y al entrar a la Facultad de Filosofía y Letras vio su nombre escrito en la lista de personas desaparecidas de Filo, que manos de una militancia joven como había sido la suya en otro tiempo, habían pintado a la entrada de Puan… Cristina comprendió que había un nexo faltante en la red de la memoria y que era ella quien debía unir la puntas, tomar la palabra, aparecer…! Desde entonces, no cesó de ampliar el conocimiento sobre lo ocurrido en el ccdtye Puente 12 y de reivindicar a las y los 30.000 detenidos desaparecidos.

La lucha por justicia ha sido ardua, con mucho esfuerzo logró junto a otras compañeras sobrevivientes, que llegara a etapa oral el juzgamiento de los crímenes cometidos en Puente 12. Frente a la lentitud y el olvido, pidió declarar por adelantado porque ya en 2017 atravesaba un cáncer contra el que peleó minuto a minuto, y obtuvo victorias de vida con cada nuevo acto que organizó, con cada exigencia de viva voz que protagonizó en Comodoro Py, con cada reunión de Comisión que convocó en su propia casa.”

Hoy Susana Brardinelli es una docente y psicóloga jubilada que preside el Consejo Escolar de Quilmes. Durante los años de dictadura, su esposo  Armando Daniel Croatto, dirigente de Montoneros fue secuestrado el 17 de septiembre de 1979 y su cadáver fue hallado dos días después. Susana vivió en el exilio entre 1979 y finales de 1983. Como ella también era militante, ofreció su colaboración a la cúpula de Montoneros una vez que dejó el país. En 1980 fue destinada a Cuba, donde tuvo a su cargo hasta el 83, la mítica “guardería” que cobijaba a los hijos de los militantes. En diálogo con APU durante el juicio de la Contraofensiva, Susana nos contaba : “ Teníamos la responsabilidad de cuidar y educar a los hijos de nuestros compañeros. Sabíamos lo que pasaba con los hijos de los militantes en Argentina, hasta donde llegaba el horror. No éramos maestros. Éramos “las tías” y “los tíos”. Hoy su vida es más tranquila pero aún conserva desde su puesto el compromiso con los niños de sus distrito escolar y de ese modo ayudar a la construcción de un país mejor.

Cuando Graciela Daleo vio por primera vez a Graciela Garcia Romero, ambas eran prisioneras en la Esma. Las dos habían caído por su militancia en la organización Montoneros. Garcia Romero estaba desde hacía un tiempo y Daleo observó al conocerla que dormía en un cuarto aparte con otras reclusas y gozaba de algunas prerrogativas impensadas para ese lugar, como acceso a un baño en condiciones, camas y sábanas y una comida especial. Se decía que eran prisioneras que a causa de las torturas y promesas de sobrevida, se habían doblegado y colaboraban con sus captores. En algún momento fue tentada de pertenecer a ese grupo, pero ella decidió seguir resistiendo.  Así lo relata en “La Voluntad”.

Estas diferencias obviamente sembraron resquemores y enfrentamientos entre los detenidos. Era también parte del plan, estrategia repetida de los centros clandestinos, hacer creer a los prisioneros que torturaban, que sus compañeros los habían delatado. Que el silencio y la lealtad a sus organizaciones servía para dejarlos más solos. Ya no tiene sentido ahondar en aquello que pudo haber enfrentado a ambas Gracielas. Mejor rescatemos lo que hoy las une, las pone del mismo lado, las acerca. Ambas han confluido en el feminismo, declararon en la Megacausa Esma y cada una desde su lugar, siguen trabajando para que se conozca la verdad en forma cada vez más masiva. Gracela Daleo es socióloga, docente, escritora, da charlas, participa del  programa de investigación y memoria “Universidad y Dictadura'', en el marco de la Cátedra Libre de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Reciente coautora del libro “La Facultad de Filosofía y Letras en tiempos del Estado Terrorista”, junto a otros miembros de la cátedra. Accesible y sociable, en charlas informales con estudiantes de la Facultad, nunca esquiva las preguntas que la regresan a esos años fatales.

Graciela Garcia Romero, con un perfil más bajo y menos exposición también sigue trabajando por la memoria, verdad y justicia. No todos los días tiene ganas de hablar sobre el tema. Gran esfuerzo mediante, volvió al predio de la Esma en los últimos años en pocas pero importantes ocasiones: para la inauguración de la muestra “Ser mujer en la Esma” y para la filmación del documental “La Memoria de los Cuerpos”. En ambos proyectos se aborda en tema de los delitos sexuales llevados a cabo por represores logrando en 2021 la primera condena en juicios de lesa humanidad por esos crímenes que, en principio, eran considerados parte de las torturas que sufrían los prisioneros.

Ignoro si se han vuelto a ver. Circunstancialmente conocí a ambas y no me animé a preguntar. Alguna vez fantaseé con proponerles una nota juntas.  Seguramente se siguen reconociendo en esas jóvenes militantes al releer las crónicas de los setenta. Les hubiera preguntado desde el hoy, del otro lado de la vida,  (por si alguna vez no fue así), si sienten que están, finalmente, del mismo lado.