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Opinión //// 26.03.2016
Leuco, un periodista derecho y humano

El artículo sabatino de Leuco en Clarín actualiza la división y la distancia entre los periodistas dignos y los partícipes y complacientes, cuarenta años después del golpe. El viejo eslogan “derechos y humanos” sigue presente en el trasfondo del discurso que se pretende reciclar desde los medios hegemónicos. Una falacia crucial: la referida a los hermanos Noble Herrera.

 

Por Juan Carlos Martínez (*)
Una de las secuelas que dejó el terrorismo de Estado es la tajante división que se produjo en la sociedad argentina en aquellos años vividos entre aplausos y silencios. Los periodistas no hemos quedado al margen de una fragmentación que con el paso del tiempo se ha ido profundizando.
Uno de los temas determinantes de esa fragmentación tiene su origen en la postura que cada uno  ha tenido y tiene frente a la dictadura cívico-militar.
Los diarios y revistas de la época reúnen testimonios suficientes como para evaluar el comportamiento de esos medios así como el que tuvimos los periodistas.
Los que desaparecieron son, sin duda, los símbolos de la dignidad profesional y humana. Los que con su ejemplo se convirtieron en maestros de esa escuela de periodismo que lleva como estandarte la ética, como siempre dice el dignísimo Osvaldo Bayer.
Hace unos años, en el mensuario Lumbre publicamos un informe sobre el comportamiento de periodistas considerados “estrellas” por una parte de la sociedad.
“Periodistas derechos y humanos”, decía el título de la tapa de octubre de 2009 ilustrado con las fotos de cuatro de aquellos que estuvieron más cerca de la dictadura y que sirvieron a la perversa tarea de fomentar y ocultar los crímenes: Mariano Grondona, José María Muñoz, Samuel Chiche Gelblung  y Julio Lagos.        
“Por creer que el derecho a la seguridad es un derecho humano que el Estado debe proteger, los argentinos recibimos hoy la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Esto es lo malo. Que estén aquí precisamente porque somos derechos  y humanos”. (De un artículo de Mariano Grondona en el matutino El Cronista Comercial en su edición del 12 de septiembre de 1979).
Periodistas de este tiempo, como Alfredo Leuco, también considerado entre las nuevas  “estrellas” por algunos sectores de la sociedad, mantienen, con algunos matices, la misma línea de aquellos mercenarios que fueron cómplices del asesinato de treinta mil personas y del robo de centenares de criaturas arrancadas a sus padres biológicos.
En un extenso editorial que no por casualidad acaba de publicar en el diario Clarín y en esta hora de cambios, Leuco lanza una propuesta que seguramente deben estar festejando los nostálgicos de la dictadura con la señora Cecilia Pando a la cabeza.
 Las primeras líneas del comentario son más que suficientes para entender el objetivo que persigue uno de los periodistas mimados por aquellos sectores a los que les hierve la sangre cada vez que ven un pañuelo blanco sobre las encanecidas cabezas de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo.
“Tengo ganas de poner un aviso clasificado en los diarios que diga algo así: “Se necesita con urgencia líderes y referentes honrados y de prestigio social para conformar nuevas entidades de derechos humanos para los nuevos tiempos de la Argentina”.
Leuco no lo dice, pero los nuevos tiempos para los mercenarios del periodismo son los del borrón y cuenta nueva, los de la teoría de los dos demonios y los de la reconciliación que vienen predicando aquellos que ponen en un mismo plano a las víctimas y a los victimarios, a la vida y a la muerte.
La propuesta de Leuco continúa:
“Una de las conclusiones que se pueden sacar después de 40 años del golpe y de la visita de Obama a Cuba y a la Argentina, es que hay varias organizaciones no gubernamentales antiguas que han perdido el rumbo y han dejado de ser útiles a la sociedad.
“Hablo de Madres de Plaza de Mayo, Abuelas y el CELS que en su momento, jugaron un extraordinario papel de denuncia y de lucha corajuda a favor de las libertades en el más amplio sentido de la palabra y en contra de todo tipo de autoritarismo. Pero el tiempo fue pasando y los 12 años de patoterismo de estado kirchnerista lograron ponerles camiseta partidaria, vaciarlas de contenido plural y ecuménico y, en algunos casos, meterlas en el nauseabundo pantano de la corrupción”.
En uno de los párrafos de su arremetida, Leuco le reprocha a la actual presidenta de las Abuelas por “haber sido el ariete de Cristina contra el Grupo Clarín y su propietaria y no fue capaz de pedir disculpas pese a que se probó con toda contundencia que sus hijos  no eran de desaparecidos como habían acusado ellos”.
En ese párrafo se encuentra la clave del generoso espacio que Clarín le brindó a Leuco para que vomitara tanto odio contra organismos de derechos humanos que resistieron de pie los peores años de la dictadura y que son el cimiento de la Memoria, la Verdad y la Justicia.
No es la primera vez que algún comedido como Leuco se presta para apoyar la impunidad de Ernestina Herrera de Noble en el caso de los dos niños que se apropió durante la dictadura y a los que anotó con el apellido del fundador de Clarín pese a que Noble había muerto siete años antes de las fechas en la que fueron registrados Marcela y Felipe.
Si Leuco está tan seguro de que los hijos de Ernestina no son hijos de desaparecidos, debería suministrar los nombres de los padres biológicos de aquellos niños que desde hace cuarenta años viven sin conocer uno de los derechos básicos de todo ser humano.
Otros datos que Leuco debería conocer están en la causa que la jueza Sandra Arroyo Salgado acaba de cerrar sobreseyendo a la viuda de Noble, medida coincidente con el cambio de gobierno.
En ese expediente Leuco encontrará las razones por las cuales el ex juez Roberto Marquevich ordenó la detención de Ernestina Herrera a finales de 2002.
 
(*) Periodista y escritor. Autor de La apropiadora, libro que recoge sus investigaciones sobre los casos de Marcela y Felipe Noble Herrera.