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Opinión //// 22.06.2022
El lugar de Cristina, por "La Corriente K"

La agrupación de Santa Fe reflexionó sobre la última intervención de la vicepresidenta: "¿Será el 2023 el momento de probar con otra estrategia y asumir directamente ella la candidatura que enfrente a la derecha?", analizaron. 

Por La Corriente K*
 
La verdad es que repasando el texto del discurso de Cristina de ayer en Avellaneda, no hay mucho que sorprenda, porque dijo lo que viene diciendo desde siempre, sobre todo en estos dos años y medio del "Frente de Todos".
 
Quizás lo que más revuelo haya causado son sus referencias a las políticas sociales, los planes y la intermediación de las organizaciones que nosotros acá hemos dicho que muchas veces actúan como gerenciadores de la pobreza. Todo lo demás (la inflación, la fuga de capitales, el rol de los grupos que ejerce posición dominante en el mercado, las trapisondas de la justicia) forma parte del "corpus" de los discursos de Cristina desde siempre.
 
Lo relevante entonces es el contexto (un plenario de la CTA), el lugar (Avellaneda, lugar emblemático para el peronismo si los hay) y las compañías: Yasky. Kicillof, Ferraresi: sindicalista, gobernador y funcionario del gabinete nacional, respectivamente. Ratificando la voluntad de sostener la unidad del FDT (que se pueda es otra cosa), Cristina se plantó desde su enorme peso relativo dentro de la coalición oficialista como un sector interno de ésta, que hace su propia lectura de la realidad y propone cursos de acción divergentes y alternativos a los del presidente y su gobierno.
 
Hasta en el modo de referirse a éstos, CFK tomó distancia, como hablando desde afuera: más precisamente, desde la distancia que hay entre ella y el núcleo duro del gobierno que toma las decisiones, comenzando por el propio Alberto. Sea que se interprete que exculpa su responsabilidad por haberlo propuesto para encabezar la fórmula, o que esté intentando preservar su capital político (y con él el principal activo del oficialismo) del desgaste que ocasiona la gestión tal cual está planteada, el dato está allí: Cristina habla reclamando rectificaciones, no mayor participación en el gobierno.
 
La crítica a las organizaciones sociales (frente a la cual se pusieron el sayo hasta los que hasta minutos antes decían lo mismo que dijo ella, como D'Elía) y el hecho de haber elegido un encuentro de la CTA remarcando el rol de sus dirigentes durante el menemismo y el macrismo -un palo para la CGT oficialista de todos los gobiernos, incluido éste- Cristina está dejando en claro que va a jugar el año que viene (está por verse en que rol), y está armando interamente para eso, tomando distancia de los sectores de arribistas sin votos que forman los apoyos del presidente.
 
Pero la pregunta del millón es como se concatenan esas movidas con las urgencias de la gestión de gobierno, y más importante aun, con las urgencias de los sectores populares a los que más les está pegando la inflación en sus ingresos, entre otros problemas: la gente -incluida la propia base electoral del FDT- necesita respuestas para ayer, Cristina tiene el diagnóstico correcto pero no incide en las decisiones del gobierno ni maneja las herramientas de la gestión que pueden brindarlas, y el presidente tampoco parece muy dispuesto a compartirlas, o a modificar el rumbo. 
 
De hecho, las cosas en éste punto ni siquiera cambiaron con la salida de Kulfas, luego de lo cual la decisión más relevante en materia económica fue la anunciada "segmentación" de los subsidios a las tarifas, que anticipa más problemas que soluciones. Tan como lo descripto es todo, que sigue sin existir una instancia de discusión interna organizada en el Frente (de allí que sus principales referentes discutan en público), y nada indica que esté en la intención del presidente conformarla.
 
De modo que, por doloroso que resulte y por muchas razones que le asistan a Cristina (de lo que no caben dudas), sus intervenciones tienen más efecto en la contención política y emocional de la base electoral del FDT desencantada con la gestión de Alberto Fernández, que en la posibilidad de modificar el rumbo del gobierno. Y ésto último afecta su capital político, aunque nos cueste admitirlo. 
 
Es como si CFK hubiera relanzado Unidad Ciudadana para colocarse en el mismo punto en el que estábamos en pleno macrismo: organizando una alternativa para salir de la crisis; pero en éste caso con un gobierno que votamos, y nos decepcionó. En esa clave hay que leer el recordatorio de Cristina ayer sobre su promesa de "hacer lo que haya que hacer" para que el peronismo pudiera volver a gobernar.
 
Entonces fue armar el FDT y correrse del centro de la escena. ¿Será el 2023 el momento de probar con otra estrategia y asumir directamente ella la candidatura que enfrente a la derecha? Aunque falta mucho camino por recorrer, el acto de ayer en Avellaneda parece ir en esa dirección.
 
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