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La mano de Dios //// 25.11.2020
Maradona: poesía de Mario Iaquinandi

“Mi infancia es una historia donde no cabe el dólar”, dicen los versos que el poeta bahiense le dedicó al ícono popular en el temprano 1981. AGENCIA PACO URONDO los recupera cuatro décadas después, cuando los pueblos del mundo lloran la partida de Maradona. 

Por Diego Kenis | Ilustración de Gabriela Canteros

Corrían: 1981 en el calendario, y Diego Maradona en las canchas del fútbol argentino. El “Pelusa” de Fiorito tenía 20 años, jugaba en Boca y el Gol del Siglo todavía era materia de sueños, no realidad consumada.

Faltaba un lustro para México ’86 y la cima del mundo. Pero en aquel temprano 1981 algo del 10 llamó la atención del poeta Mario Iaquinandi, autor de obras como “Contame una historia”, que cantaron Eladia Blázquez y Rubén Juárez.

Siempre atento a los sentires de su tiempo y su pueblo, Iaquinandi –hermano de Carlos, compañero, amigo y colaborador de esta AGENCIA- dedicó a Maradona un poema donde laten el fútbol, la cultura popular y la historia argentina. Fue incluido en la antología Cantos del habitante (foto), publicado en 1992, tras la muerte de su autor, bajo el sello LetravivA.

Aquí lo compartimos:

Maradona

Tu cáliz de sudor

está chorreando sobre el tapete verde.

Y hay un alma de cuero y un corazón rugido

que hacen temblar la tarde apretujada.

Gritad y vivid: Este es mi ingenio.

Yo soy, porque Dios quiso,

dos piernas supersónicas y un miedo que se vuelve

                                                               /gambeta

cada vez que el hachazo siniestro de otra pierna

busca tronchar mi sueño.

Vengo… de donde vengo.

Mi infancia es una historia donde no cabe el dólar.

Soy… el producto vivo de un sistema gastado

que ya casi no sirve para alumbrar feriados

sobre semanas grises.

Dale Dieeegooo!… Dale Dieeegooo!...

Y yo le doy. Seguro. Le doy hasta que puedo.

La amaso. La converso. Me la llevo dormida.

(Broncaba tanto el hambre!...

Las tripas en “orsai”, la tarjeta amarilla del

                                                 /invierno...)

Ahora, todo el año es domingo.

Para mí, la revancha es un arquero ciego

custodiando tres palos donde meto mi bronca.

No necesito gritos. Ni público. Ni bombo.

Dadme un par de botines y una número cinco…

… que tengo que vengarme de ayer. Y de mañana.

VII, 81

Poema incluido en la antología Cantos del habitante (foto), editorial LetravivA, 1992.