fbpx “Hay que tener cuidado con las lecturas que demonizan a Estados Unidos o China, como si se tratara de buenos o malos" | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Internacionales //// 07.05.2020
“Hay que tener cuidado con las lecturas que demonizan a Estados Unidos o China, como si se tratara de buenos o malos"

Ariel Slipak es economista, especialista en relaciones China-América Latina e integra el Grupo de Estudios Críticos e Interdisciplinarios sobre la Problemática Energética (GECIPE). En diálogo con AGENCIA PACO URONDO reflexionó sobre el panorama geopolítico.

Por Camilo Carbonelli. Foto: Anfibia. 

APU- El virus tuvo el primer caso en China (Wuhan) y diferentes sectores criticaron la actuación de la OMS (Organización Mundial de la Salud) por la influencia que tiene China en el organismo. Trump y su gobierno lo llaman el  “virus chino”. Por otro lado, Zhao Lijian vocero de la cancillería de China, argumentó que el virus fue difundido por soldados norteamericanos en Wuhan. ¿Qué análisis realiza frente a las diferentes declaraciones y teorías conspirativas sobre el origen del virus?  

Ariel Slipak: Como todos sabemos existe una relación tensa entre Estados Unidos y la República Popular China; en realidad, desde antes de la administración de Donald Trump, se podría tildar esa relación de tensa y simbiótica al mismo tiempo. El gran crecimiento económico de China en los años 80´ , 90´  y en el siglo XXI, se explica por la relación aceitada desde lo comercial con Estados Unidos. En los últimos años el país asiático tuvo a Estados Unidos como el principal destino de sus exportaciones, de cada vez mayor contenido tecnológico, y siempre financió los déficits comerciales de ese país. Además, China es el principal prestamista de Estados Unidos. 

Cuando asume Trump la presidencia lo hizo con un discurso xenofóbico, vinculado a que Estados Unidos había localizado procesos productivos y fabriles en China y destruyó el empleo industrial de Estados Unidos; pero al mismo tiempo abarató la canasta de consumo, sostuvo su nivel de vida en base a eso. Después de décadas de destrucción del tejido industrial, el sentimiento “de que se robaron mi trabajo”, se volcó a la campaña de Trump. Esta guerra de declaraciones va más allá de decir “virus chino” como hace Trump en conferencias de prensa. La situación genera un impacto de xenofobia al interior de Estados Unidos con violencia hacia a la población de origen oriental son cosas terribles. Lo que observo de esto es que a veces estas teorías conspirativas que presentan incluso mandatarios y personas con roles institucionales, después se reproducen en mensajes, en difusión de mucha información que no tienen fuentes, incluso videos que pueden ser apócrifos. Hay que tener una gran responsabilidad a la hora de emitir distintos tipos de especulaciones. 

APU: ¿Qué pasó con China en relación a Brasil y Argentina, y el giro que dieron a la derecha con Bolsonaro y Macri? 

AS: Me parece importante remarcar algunas cuestiones antes. China, en los años 80´ y 90´, tuvo una expansión industrial impresionante pero hacia el siglo XXI reconvierte su industria y vira hacia actividades industriales de mayor contenido tecnológico; es decir, en una cadena global de valor. El país no solamente va participando cada vez en mayor proporción de lo que es la fabricación de una manufactura, sino que también va participando en mayor proporción en los procesos intensivos en conocimientos, diseños, etc. Dio un salto tecnológico, es importante remarcarlo. 

Para tener una idea del crecimiento de la población de China, en 1978, cuando empezó el periodo de reforma y apertura comercial, la población urbana era del 18 % aproximadamente y hoy supera el 57%. Entonces, la urbanización de la República Popular de China, la occidentalización de las pautas de consumo, y la demanda de la propia industria hace que toda esta locomotora se tenga que alimentar cada vez mas de recursos primarios extractivos. Esta importante demanda primero lo lleva a realizar inversiones en África, en actividades primarias extractivas de recursos, después se orientó hacia América Latina.

Por ejemplo, en Brasil, China es el primer destino de exportaciones y el primer origen de importaciones; para la Argentina, durante los últimos años vaciló en ser el segundo y tercer destino de exportaciones y segundo origen de importaciones; para Chile, también es el primer destino de exportaciones y lo mismo pasa con Perú.

Esta situación para las economías argentina y brasilera supone un problema importante porque los productos manufacturados que importan desde China compiten y desplazan a los productores industriales locales. Esto es nocivo para los empresarios industriales de los distintos países, y repercute sobre el empleo en esos países, pero también tienen un efecto ecológico muy importante porque ahora se consumen insumos que vienen de mayores distancias con todo lo que eso implica en el costo energético de traslado. Es una situación que tiene consecuencias ecológicas terribles. 

Esa relación entre América Latina y China excede lo ideológico. Los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner o los gobiernos de Lula y Dilma en Brasil también negociaron intensamente con China. Entre los gobiernos kirchneristas o macristas no hubo muchos cambios en cómo hacer negocios con China. Macri trataba de mostrar la relación con China más desideologizada, mostrarse como pragmático y alineado a las potencias tradicionales occidentales, a EE.UU en particular, pero en lo fáctico, el macrismo trató de vender más limones a EE.UU y no pudo; entonces veía a China como uno de los inversores más dinámicos. 

Bolsonaro, a diferencia de Macri, se mostró mucho más duro, xenófobo incluso con China, para subordinarse a Estados Unidos. Sin embargo, la economía brasilera es muy dependiente de la economía china y tiene que hacer negocios.  

APU: En el periodo 2015-2019, China estableció una meta ambiciosa de 500 mil millones de dólares en comercio con América Latian. ¿Cuáles son los recursos estratégicos en los cuales está interesado el régimen de XI Jinping en America Latina? 

AS: Los sectores en los que invierte son primordialmente actividades primarias extractivas. Esto sería la respuesta más fácil, fue lo que le dijo Alberto Fernández  a Merkel, cuando se reunió con ella en Alemania, que le preguntó qué opinaba de las inversiones de China en América Latina. Si uno hace una subdivisión de períodos de la inserción de China en América Latina puede ver un primer momento donde están fascinados por la riqueza natural de la región. A partir del 2010, se ven inversiones importantes de capitales chinos en el sector hidrocarburíferos y otras actividades primarias como minería, etc., y algunas actividades de servicios tanto financieros como de logística en apoyo a estas actividades primarias. Identifico luego un segundo momento a partir de la cumbre de la CELAC más China, en el 2015, en donde vemos la expansión de las inversiones no solamente en distintas actividades primarias extractivas, sino también en diferentes sectores energéticos; no solo en hidrocarburos sino anuncios vinculados a centrales nucleares, represas, energía solar, eólica. Además, llegan una gran cantidad de préstamos. Lo que se ve también es que algunas de estas inversiones están asociadas al exceso de la capacidad productiva de China; es decir, China produce el 50% de acero del mundo, entonces tienen excedentes productivos, producen a gran escala y esa gran escala hace que produzcan mucho volumen en distintos sectores. Entonces, tienen que colocar sus excedentes productivos en distintos lugares, por ejemplo, de materiales ferroviarios, de insumos vinculados con el sector energéticos. Entonces, es difícil venderles reactores nucleares, insumos para represas o paneles solares.  

APU: China envía médicos, infectólogos e insumos a Europa; mientras, mandó a la Argentina gran cantidad de equipos sanitarios. ¿Cuál es la estrategia solidaria de China? 

AS: China basa su política de relaciones internacionales según su retórica en algo que se llama los cinco principios de coexistencia pacífica. Esto es: el respeto a la soberanía territorial de cada país, la no agresión, la no injerencia en asuntos internos de otros Estados, tratar que las relaciones sean simétricas, igualitarias y de beneficios mutuos. Estos son los principios y sobre esa base se muestra como un país en ascenso, donde se proclama en varios foros como una economía en vía de desarrollo a pesar de que en la realidad, es una gran potencia. Pero en los últimos años viene asumiendo que tiene un rol determinante en las políticas globales. Sobre esa base general, también está la coacción... Por ejemplo en la Argentina está muy interesada en el proyecto de dos mega represas. Si no se llevan adelante, eso afecta el financiamiento del Belgrano cargas. Es decir se negocia en paquetes. Si argentina hace algo que disguste al gobierno chino se cae el financiamiento que le está dando a la Argentina. Cuando se colocan barreras hacia productos provenientes de la Republica Popular de China, dejan de comprar aceite de soja en nuestro país. Eso ocurre mientras China se muestra como más benevolente y trata de construir su discurso  internacional como antítesis de EE.UU, que te muestra el garrote de entrada. Muchos analistas de relaciones internacionales hablan de la construcción de un poder blando. Como toda gran potencia buscan defender sus capitales, como hacen todos los Estados con los capitales provenientes de sus países.

APU: ¿Por qué China sigue invirtiendo fuertemente en material bélico, como por ejemplo, en portaviones? ¿Cuál es su hipótesis de conflicto?  

AS: Efectivamente, China ya está por terminar tres portaviones en operación y va a tener una flota mucho más grande, de aproximadamente siete para el 2025. El tercer portaviones de China tiene tecnología de catapultas electromagnéticas y además es un portavion con tecnología 100% China. El argumento pasa por consolidar sus capacidades defensivas. China tiene que transmitir su poderío militar, que tiene el segundo mayor presupuesto del planeta.  

El caso particular de la flota marítima tiene que ver además con que China mantiene distintos conflictos marítimos, donde hay en juego una gran reserva de gas y petróleo. Por eso demuestra que tiene capacidad defensiva y de ataque. 

APU: ¿Qué pasará en el futuro más próximo con la hegemonía de Estados Unidos? ¿La perderá en manos de China? 

AS: Siendo economista, siempre digo que cualquier economista que le diga cómo va a ser el futuro miente. Hay que desconfiar de cualquier economista que le diga cómo va hacer el futuro. La verdad sería irresponsable científicamente decir que va a haber una primacía hegemonía de China. Lo que expresa el gobierno de China no es que quiere desplazar a EE.UU, lo que va haciendo en las instituciones globales es tratar de ir horadando el poder de EE.UU y otras potencias. Por supuesto, que Estados Unidos no acepta esa situación y por eso vivimos situaciones de tensión. Mientras tanto, China tiene una decisión firme de seguir ganando espacios en las instituciones de poder global, sea en lo financiero, en lo comercial o en lo tecnológico.  

Lo que debe preocuparnos no es solamente esa disputa, sino como esa disputa golpea a los sectores populares, como quedamos en el medio de esas tensiones. Hay que tener cuidado con algunas lecturas de distintos medios de comunicación que demonizan a EE.UU o a China y muestran una imagen benevolente de la otra potencia como si hubieran buenos y malos. Cuando en realidad de lo que se trata es de intereses económicos o geopolíticos.