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Fractura //// 28.03.2021
“Merecemos como mínimo que un portal se abra”: nuevo poemario de Zaira Nofal

La poeta tucumana acaba de publicar su nuevo libro por Hexágono Editoras. Fractura, suplemento literario de APU, dialogó con ella sobre cómo nació este trabajo, la federalización del arte y la poesía en general en estos tiempos turbulentos.

Por Milagros Carnevale |​ Foto: Zaira Nofal

El artículo contiene lenguaje inclusivo por decisión de la entrevistada.

Merecemos como mínimo que un portal se abra (Hexágono Editoras), nuevo libro de la poeta tucumana Zaira Nofal, tiene poemas que hablan de las cosas más cotidianas de la vida: el trabajo, el monoambiente, los cumpleaños, el amor, los perros, los gatos, el sueño. Pero todo es un poco inquietante. Todo, de alguna manera, se subvierte. Como si estuviéramos mirando la realidad desde una vereda y de repente nos transportáramos, sin saber muy bien cómo a la vereda de enfrente. Es una poesía del divague concreto, que plantea una realidad extraña pero tan tangible, o más tangible incluso, que la de siempre. Es una poesía que plantea otra manera de habitar la casa, la mente, el cuerpo. Una manera más lúdica y menos clara que la de siempre. Más tierna. Dice el poema “El bar”: “Y todas las cosas en las que creo duran / un día o dos / Mis dioses / dicen alfo fundamental y después se derriten”. Lo grandioso: efímero. Hay que buscar por otro lado. Por donde se abra un portal.

AGENCIA PACO URONDO: Es un libro que parece muy íntimo y muy narrativo.

Zaira Nofal: Yo no sé si lo siento tan íntimo. Está bueno igual, verlo desde otro lado. Sí es muy narrativo, es la manera en la que yo encaro siempre la poesía. Yo escribo cuentos también, y dramaturgia. Siento que no trabajo mucho sobre las abstracciones. Casi siempre hay un algo específico que empieza y termina en un instante, pero siempre hay algo del orden de la narración.

APU: ¿Cómo fue el proceso de creación?

Z.N.: Son casi todos los poemas del 2019, 2020. Las chicas de Hexágono me convocaron, me dijeron “che, leímos esto, queremos saber si tenés material”. Yo en ese momento estaba trabajando en otro poemario. Tenía que arrancar otro, porque ese material era para un concurso y no lo podía publicar. Finalmente dije “bueno voy a agarrar esto de acá esto de acá esto de allá”, pensando “estas son como las cosas mas diversas que tengo, a ver por qué lado quieren arrancar ellas”. Y me di cuenta en esa juntadera de que no era todo tan diverso. Había como un elemento presente y dije “bueno voy a trabajar por aquí”. Arranqué mandándoles una listita de seis poemas. De esos que ya existían quedó solo “Lo que parece”, “Flipper” y “El hueco”. Después yo siempre trabajo medio parecido, para las obras, siempre hay como una imagen primigenia, fundada en algún universo específico, me fijo qué elementos tiene ese universo y digo “bueno ¿qué más va a pasar acá?”. Así arrancó esta narrataria que aparece en el libro, donde siempre hay como una cosa sobrenatural atravesándola, pero eso no hace que deje de tener que atravesar los avatares de la vida, como vivir en una casa, que se te rompan las cosas, no tener plata, tener que trabajar. Y de repente, lo sobrenatural y el poder o el superpoder, el poder que realmente necesitamos para obtener dinero.

APU: El tema de la plata es un tema recurrente en la literatura contemporánea, ¿no?

Z.N.: El tema de la plata es el tema del escritor, y, además, una marca generacional: somos la generación que no consigue trabajo. Generación de universitaries que de repente no tienen un titulo y que, además, venimos hijes de una generación a la que le dijeron “che, si vos estudias y te recibís vas a tener trabajo y seguridad de vida”. Algo erróneo.

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APU: ¿Cómo ves la escena de la poesía contemporánea? 

Z.N.: Siento que hay una conciencia mucho más grande de lo federal, esto lo veo en varios espacios. Sobre todo que hay una conciencia mucho más grande del porteño. Porque, a ver, conciencia de la necesidad de lo federal, la gente del interior la tiene desde que nace. Pero creo que hay de repente hay algo también de esta generación que tiene entre 20 y 30 en donde creo que hay un trabajo muy concienzudo que tiene que ver con la inclusión. La inclusión tiene que ver con un montón de cosas. Ahí también entra la cosa de “el del interior”, el de afuera, y hacer una conciencia de los privilegios, que yo no se si existía antes. Creo que ahora hay eso, trabajo masivo de este discurso de “che, toda la gente tiene que poder sentirse cómoda en el mundo”, la gente que viene a buscar derechos.

En relación con la poesía en la Argentina, en estos últimos años creo que hubo un estallido. Hay algo que pasa con las redes, en donde todo el tiempo la gente se está narrando a sí misma, hay una construcción de personajes, una construcción de estilo, y hay una generación de textos contantes, en Instagram por ejemplo. Editamos la foto, elegimos filtro, siempre el mismo filtro para el feed, el tipo de contenido. Como que hay una curaduría constante y como una especie de construcción de obra. Y siento que en este tipo de redes se abrió un lugar a la poesía en el sentido de lo inmediato. La poesía muchas veces trabaja esta cosa del instante. Te quedás ahí un instante, hay un recorte de mundo que se traduce en un instante, y eso es la poesía, empieza y termina en esta hoja. Hay algo de las redes y de la necesidad de hacer como un recorte que termina habilitando un espacio para este género.

Por ahí no pasa con los novelistas, los novelistas no pueden publicar un poco de su novela, porque nadie lo lee, mismo como a veces los poemas nadie te los lee si son muy largos o si hay mucho que digerir. El otro día me paso que chusmeando en el feed de Instagram leo un poema hermoso, de una chica que se llama Lara Flores (@esfingeazulejo) y se lo pido, le digo “che, estoy dando una clase que trabaja sobre esta cosa y tu poema es un gran ejemplo, me parece hermoso, pásamelo, decime si está en algún libro, qué editorial, así se lo paso a mis alumnes”. Y me dijo “no, lo escribí ayer, no fue publicado por nadie”. Y es una chica que no sé ni de dónde es. De repente pasan estas cosas mágicas, te encontrás con alguien que escribió una cosa hermosa y la pudo exponer de alguna manera. Y eso es increíble.

APU: Siguiendo con el tema de la federalización, ¿qué podés decir sobre la escena tucumana? 

Z.N.: Los poetas tucumanos que yo conozco son increíbles, hay voces maravillosas. Tucumán es un territorio muy rico, y muy plagado de sentido. Hay una herencia aborigen muy fuerte, es una ciudad multitudinaria con espacios diminutos, con todas las universidades del norte todo el mundo va para ahí, es un lugar caótico. Es una ciudad gigante donde a la vez nos conocemos todos. Hay que ir siempre al norte porque muestra algo de la Argentina que no pasa en ningún otro lado. La gente siempre viaja hacia el sur. Y hay algo de ese recorte del país (el recorte del norte) que vos decís “che, esto es algo muy distinto, muy diverso, no hay nada que conozcas que sea así.” Y es gran parte del país. Hay un habla distinta, un trabajo del lenguaje que te morís.

APU: Viste que hace poco una tucumana, Belén Aguirre, ganó el concurso del FNA.

Z.N.: Ganó porque se re-dirigió la mirada, obligada, a la idea de la poesía como lugar donde pueden vivir la ciencia ficción y el terror, y porque se dividió en sectores el premio para exigirle a jurado elegir voces de otros lugares. Porque si no pasa eso. Si vos estás siempre consumiendo los mismos discursos tiene sentido que estés sesgado por esas fronteras. Si vos siempre leés autores porteñes que más o menos trabajan con la misma voz, probablemente te sientas atraído y entiendas mejor la obra de los porteñes. Entonces a veces hay que empujar un poquito, redireccionar. Belén Aguirre igual ganó el premio general. Pero capaz nadie hubiera mirado su obra si no hubieran dicho “che, se puede la poesía de terror”.

APU: ¿Cómo ves la relación persona porteña-persona del interior?

Z.N.: Hay una cosa del interior donde el porteño es el diablo. Y hay algo que yo entiendo: los porteños no necesitan moverse de acá porque todo está a mano, no necesitás salir de acá para sobrevivir nunca. En cambio, nosotros sí necesitamos venir a Buenos Aires. Entonces tiene sentido que no miren para afuera. Tiene todo el sentido del mundo. No es sólo el trabajo. Para acceder a la cultura, para buscar algo en el universo de las artes. Tucumán es un semillero de artistas y hay escuelas donde estudiar. Pero pensá en el presupuesto. Si sale un concurso financiado por la provincia de Tucumán, que no tiene un mango, te ganás ¿qué? ¿20 lucas? Pensá en la Bienal de Arte Joven. Yo participe y quedé porque estaba acá. Si estaba en Tucumán y participaba y quedaba, me cagaba, porque iba a tener que viajar acá, mis viejos no tienen un mango, entonces también viajar acá, alquilar un lugar para quedarme. Yo lo pude hacer a eso porque yo ya estaba acá. No hay una Bienal de Arte Joven en Tucumán.