Denise Fernández: "Las cosas de la naturaleza son máscaras para decir otras que luego adquieran diferentes resonancias"

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Denise Fernández: "Las cosas de la naturaleza son máscaras para decir otras que luego adquieran diferentes resonancias"

29 Agosto 2021

Por Lidia Rocha |​ Foto Pablo H. Cámara

Denise Fernández nació en 1989, en Villa Atuel, San Rafael, Mendoza. Estudió antropología en la Universidad Nacional de Buenos Aires y guion en el LAB (Laboratorio de Guión). Integra el área de literatura del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti. Editó en el 2020, por Mágicas naranjas, el libro de poemas Mis animales y los que no son míos. El libro comienza con esta dedicatoria: “Agradezco las cosas. A Osvaldo Bossi, que me enseña el cómo. A Daniela Camozzi, por su corrección y devolución puntillosa. A mi amigo Manuel Duarte porque la literatura es esa cosa que él me charla”.

Agencia Paco Urondo: Los poemas del libro están organizados en duetos, por el animal que es suyo y el que no lo es.

Denise Fernández: Venía leyendo textos referidos a animales, pero con un componente fantástico. Y luego algunos textos como Claudio Eliano o de Plinio el Viejo, textos antiguos, donde todavía las ciencias naturales no existían como tales y se mezclan el mito y la filosofía en la definición de lo que un animal hace o es.

APU: ¿Por qué hacer hablar a los animales como en las antiguas fábulas? Algo de eso nos contás en el prólogo.

D.F.: El prólogo lo escribí después de cerrar el libro, a pedido de la editorial. Allí hablo de Zafón, un dios de la mitología, Lidia, que les enseñaba a las aves a decir que era un dios. Y las personas, al escuchar a los animales, comenzaron a creerlo. Parto de una anécdota referida por Elian J. Finbert, que les da a los poemas una especie de marco, para justificar lo que hago sentenciar a los animales y quedarme más relajada en mi posición. Lo que se dice, para que no suene a impostura, es más fácil cuando me lo dicen ellos, los animales.

APU: El libro es un verdadero libro objeto. La diseñadora de la editorial hizo un trabajo muy interesante con esa iconografía renacentista, de ese periodo intermedio entre el medievo y el renacimiento, que ilumina el libro y juega con lo alegórico, que le da potencia a texto.

D.F.:María Valeria Chinnici, al principio, había comenzado a diseñar el libro con animales de bestiarios más modernos y era más literal la relación en texto e imagen. Pero luego descubrió estos bestiarios antiguos y pensó que le daban un tono más misterioso. Como no coinciden animal y dibujo les dan un plus a las imágenes y al texto.

APU: El lenguaje rompe con la lógica, encuentra en las paradojas y los sinsentidos un mundo atrapante que implica al lector y le confunde sus coordenadas racionales. Nombrás entre tus lecturas a Russell Edson Frank Stanford, que también rompe las estructuras lógicas del lenguaje.

D.F.: Generalmente busco en todos mis escritos la arbitrariedad de las conexiones entre oraciones o versos. He estado leyendo las fábulas de Esopo y de Samaniego y también a Russell Edson, un escritor estadounidense, que admiro un montón, del cual me alimento, y a quien a veces trato de dejar de robarle. Ha sido traducido por Ezequiel Zaidenwerg y también por Jonio González. Acá no ha sido tan difundido, pero puede encontrarse en la red. Edson un tono muy jocoso y de fábula. Comienza a escribir sin una idea preconcebida y la ilación de sentido se va dando o no según avanza el texto. Me gusta eso. Aspiro a eso.

APU: Estudiaste antropología…

No me dedico a eso, pero fue lo que estudié. Me gustó hacerla. Pero siempre me pregunto por qué no habré estudiado otra cosa.

APU: Y estás trabajando en el centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti

D.F.: Sí. En el área de literatura. Trabajamos, entre otras cosas, en un ciclo de lecturas que se llama Poesía en la terraza.

APU: ¿Qué pasó cuando te presentaste en un taller literario, clínica o grupo de poesía con esta producción tuya tan “jocosa y de fábula”?

D.F.: Creo que todo lo que he escrito está alimentado por las enseñanzas de mis talleristas y de lo que mis compañeros me han enseñado oportunamente. Cada uno a desarrollado un camino diferente, y eso ha sido muy respetado en los grupos de Osvaldo Bossi. En cuanto a mi escritura, en general, provoca risa. Con Daniela Camozzi trabajé cuando ya los tenía listos y alguna vez me ha dicho “no se entiende nada”. Me manda a reescribir e impulsa mi humor. Trabajé con ella en una etapa de clínica.

APU: Hay en tu escritura un juego con la naturaleza

D.F.: Más que ser una naturalista, las cosas de la naturaleza son máscaras para decir cosas que luego adquieran otras resonancias, y que quedarían muy sobrecargadas sin esas marcas. Son excusas para decir algo de otra cosa.

APU: El libro no tiene siempre el esquema de el animal/el animal que nos es mío. En algún momento los animales comienzan a cruzarse.

En la mitad del libro comienzan a cruzarse y también me involucro más como oposición a ellos, que son casi un gremio. Aparecen sus muertes y terminan con mi muerte.

APU: Ya se veía que iba a morir la pobre vaca, porque desde los poemas anteriores se venía trasparentando. Además, el perro estaba enamorado de la vaca.

D.F.: La quería mucho a la vaca. A ella y al perro los quería más. Y por el cariño que les tenía, quería que las muertes fueran de ellos. Además de las muertes están los sueños: los sueños de los animales y mis sueños.

APU: El gran temor del perro y de la vaca es ser solo palabra.

Es parte de la evolución de los animales. A medida que voy interviniendo, ellos se sienten funciones, no parecen animales sino formas de decir otra cosa.

MI CARACOL

Mi caracol pregunta, “¿cuántos dedos te gustaría tener?”. “Con los que tengo estoy bien”, digo. “Es lo que yo digo”, dice. Luego regresa a su casa; yo regreso a la casa que entiendo como mía. Parece que hoy va a suceder algo que no sucede.

EL CARACOL QUE NO ES MÍO

El caracol que no es mío sueña un mundo sin casa. Libre de ángeles y de caballos. Y de reproducción ampliada del capital. Donde por treinta denarios podés comprarte el amor de esos caracoles que se contonean como estuches de sí mismos.

MI VACA

Me di cuenta de que la amaba porque sentía una cosa parecida o la misma cosa que cuando miraba a mi perro. Hoy ya parece una persona. “La música viene de los establos”, dice. Es un día esperanzador. Cuando muge crece su importancia como vaca.

LA VACA QUE NO ES MÍA

“Todos tus sentimientos son palabras”, dice. ¿Cómo escapar? En una conversación cualquiera, un hombre había dicho a mi vaca cómo se abre una tranquera; y mi vaca lo recordó cuando tenía que recordarlo.

MI GOLONDRINA

Agradece que los ángeles sean a imagen y semejanza nuestra. Luego cierra los ojos hasta que su historia se parece a un manual escolar: cuatro hombres alados la dejan en la puerta de su casa no bien acaba de nacer. Nos emociona lo mismo, ¡hombres golondrina transportando golondrinas! Sueños de helio, pensamientos de gravedad.

LA GOLONDRINA QUE NO ES MÍA

No creés en los ángeles. Ni que los errores que cometemos sean pensamientos negativos de alguien superior. El aire es una campera lenta. La imagen, un acto singular. Nunca entendés para qué.

MI PERRO MI VACA Y MI CARACOL CON EL PERRO, LA VACA Y EL CARACOL QUE NO SON MÍOS

Llego a mi casa y ahí están, echados. Dejen, yo pienso por ustedes. ¡Qué sola estaría sin pensar! Yo, craneando un mundo mejor; mis alegorías apenas si atraviesan la tranquera. Por la noche vienen los ángeles a beber con pajita los pensamientos que dejo entre peñascos.

LA MUERTE DE MI PERRO

Mi perro va a morir de viejo. Si yo fuera un gusano entraría por su lomo como una sonda de sal. Ser humano es otra cosa. Busco la hilacha de su respiración y la anudo a otra hilacha y a otra. Pero este perro no reconoce una casa. Su amor fue una tranquera mal cerrada.

LA MUERTE DE MI VACA

Nadie espera de una vaca que sea una mariposa. Viva, creyó que alguien revisaría su obra después de muerta. O peor, sus libros con anotaciones en los márgenes. Entonces fue prolija. Ante una buena frase habría puesto “usar” o “robar”, pero anotó “ver”. Y despistó para siempre a los vigilantes de su mente.

EL SUEÑO DE MI VACA

La vaca que no es mía observa la glicina en la ventana. El caballo que fue mío la acompaña. Yo charlo con mi vaca. “¿Te gustaría tener un caballo?” Le gustaría tener un caballo. “Con alas”, me aclara. La propiedad lo es todo.

EL SUEÑO DE MI CABALLO

Mi caballo sueña que unos hombres transportan en carreta cien frascos con mariposas por una pendiente blanda.

Se despierta exaltado y galopa hasta encontrar una mariposa enfrascada: ellos saben que son míos. Y esperan sentir todo eso que yo siento.

 

Esta entrevista fue realizada en el programa de radio Moebius, que conduce Gerardo Curiá con producción de Lidia Rocha y cuyo audio puede escucharse completo en: https://www.ivoox.com/denise-fernandez-mis-animales-no-audios-mp3_rf_72948779_1.html