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Entretenimiento //// 29.05.2021
Roberto Baggio, el divino: el costado humano del fútbol

Netflix intenta, a través de la ficción, plasmar la vida del astro italiano desde su debut hasta su retiro. A medida que avanza la narración nos damos cuenta que estamos ante su costado más humano y que eso es lo que le importa a la cámara.

Por Francisco Pedroza

Tal vez 90 minutos no sean suficientes para plasmar una vida de la dimensión de Roberto Baggio, pero Netflix, en esta ficción basada en hechos reales, se acerca bastante. El film pasa por los momentos claves de la vida de este futbolista y sigue avanzando casi sin que nos demos cuenta ni que quede forzado. El largometraje italiano recorre su carrera hasta el retiro. Baggio,  jugador icónico y, para algunos, ni más ni menos el mejor jugador italiano de la historia. A su vez, uno de los más queridos en la época de los 90, y hasta se lo ha llegado a comparar con Diego Armando Maradona

Si bien la película Roberto Baggio: el divino se construye claramente alrededor del fútbol, no termina siendo una historia más del montón. El costado humano que aparece se hace protagonista a medida que avanza la narrativa. El jugador tiene la particularidad de ser budista y no queda como un detalle relegado, sino que está tomado como un carácter principal de la vida de Roberto. Gran parte de su accionar es definido por esto.

Nacido en Vicenza el 18 de febrero de 1967, el film nos muestra desde los primeros minutos la relación con su padre, ciclista retirado que es padre de ocho hijos y al que la vida no trató muy bien. En ese camino, entonces, su falta de reconocimiento a Roberto. Si bien esta línea argumentativa se sostiene hasta el final, no llega a convertirse en un lugar común. 

Su carrera empieza en Vicenza, que por ese entonces militaba en la categoría C. Roberto rápidamente se vuelve una promesa del fútbol italiano y, al cabo de un par de años, es fichado por Fiorentina, club en el que se termina de consolidar. Podemos pensar que los años de formación, el salto a la fama y los primeros goles o contratos de la vida de un futbolista son los más jugosos para una ficción. Sin embargo, la directora Letizia Lamartire elige despacharlos en diez minutos, haciéndonos entender que no estamos viendo una mera película de deportes y superación. Acá hay algo más. Además, en esa decena podemos ver cómo antes de su debut en la región de la Toscana se rompe los ligamentos cruzados. La lesión también la sufre el espectador, ya que la actuación de Andrea Arcángeli consigue que empaticemos. 

De esa forma va transitando la historia. La lesión es recién el primer obstáculo del jugador, al que se le van a ir sumando otros a lo largo de la hora y media de duración del film. Todos ellos tienen en cuenta las dos facetas del futbolista sin menospreciarlas. Por un lado, su carrera deportiva y la recepción del pueblo italiano. Por otro, el costado más personal y el entendimiento del público sobre el mismo, planteando que, aunque pueda ser una mega estrella, se puede equivocar y errar. 

La película es un pantallazo al fútbol de los 90, con sus estadios, sus camisetas y su folclore. Si hilamos fino, nos hace ver cómo cambiaron las cosas. Nos muestra cómo la tecnología, al revés de la cercanía que promete, lo que verdaderamente hace es endiosar personas, en este caso jugadores, que nunca lo buscaron. Ese contacto de Roberto Baggio con su pueblo, siendo el jugador tal vez más importante de Italia, hoy ya no podría existir. El largometraje es fácil de ver y de digerir, como el deporte en su estado más puro.