Museo de la Subversión: otra de las caras del relato triunfalista militar
En 1985, periodistas extranjeros registraron una visita guiada a uno de los llamados “Museo de la Subversión”, lugar donde se exhibían objetos y recreaciones vinculadas con la represión ilegal. Francisco D´Eufemia reconstruye esa historia en un documental homónimo, y expone el discurso triunfalista de la última dictadura y la persistencia del poder militar durante la democracia.
El fundador y principal impulsor de los "Museos de la Subversión" fue el represor Antonio Domingo Bussi durante la última dictadura cívico-militar. En este caso, fue inaugurado en Campo de Mayo en 1978 -oficialmente llamado Museo Histórico del Ejército de Lucha contra la Subversión "Mayor Don Juan Carlos Leonetti"-. El documental invita a conocer un clima enrarecido, con imágenes siniestras, similares a películas de guerra o terror. La gran cantidad de material de archivo sirve como puerta de acceso a la imaginación desatada del régimen militar.
En el museo se exhibían elementos incautados a las organizaciones y a militantes. Se pueden observar, entre otras cosas, granadas, imprentas y libros en un mismo estante, armas en otro sector; y también había mapas, cuadros informativos y organigramas. Según plantea el documental, su lógica tenía que ver con que los menores en edad escolar pudieran ver de primera mano, acomodado a su versión de los hechos, lo que ellos mismos iban relatando. Museo de la Subversión trabaja, a lo largo de poco más de una hora, sobre la demonización que llevaban a cabo las fuerzas militares y de seguridad.
No en vano, el autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”, con su estrategia represiva vinculada a asesinatos, torturas y desapariciones, se puso como objetivo regular, conducir y constituir comportamientos y valores de la sociedad en general. En ese sentido, en los museos no estaba representada “la lucha” contra la “subversión”, sino únicamente la señalada acción subversiva. En diálogo con AGENCIA PACO URONDO, D’Eufemia apunta que hay “una sola dimensión, y por eso no puede ser un museo de guerra”.
El documental aspira a un realismo total, con una fuerte carga testimonial. Según D’Eufemia, era una “herramienta más para sostener su relato”, con el objetivo de impresionar e “informar” al visitante. Los líderes de las organizaciones tenían un lugar destacado, dada su importancia en la construcción de un enemigo como clave para sostener el discurso represivo.
Claro está, estos museos funcionaban en paralelo a los centros clandestinos de detención, y, de alguna manera, se alimentaban de los mismos. Eran usados para exhibir “trofeos de guerra” para justificar ideológicamente el terrorismo de Estado y la represión ilegal ante delegaciones y periodistas. El museo ubicado en Campo de Mayo se cerró definitivamente en 1994. Su “colección” se empaquetó, se hizo un inventario, y se envió a los cuarteles de Ciudadela, pero allí dicen no tener ni saber nada acerca de este tipo de materiales. Poco se sabe del final del resto de los museos.
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