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Entretenimiento //// 13.11.2021
Love hard: el amor en tiempos de apps

Tras conocer a su pareja perfecta a través de una aplicación de citas, una escritora se entera que la han engañado tras un largo viaje en avión. Nada más ni nada menos que una película romántica de un sábado por la noche.

Por Daniel Mundo

Sábado por la tarde, calor. Las horas no pasan, no pasa nada. Estás tirado en el sillón,  mirando recitales rarísimos de Charly García y de Pink Floyd, cuando Netflix te recomienda una película: ¡Qué duro es el amor! (Love hard, en inglés). La plataforma se acuerda de vos. No sabes qué pensar. ¿Y si Netflix no se equivocara esta vez recomendándome? Suspendé la ideología, me dije.

Natalie Bauer (Nina Dobrev) cree haber encontrado el amor en una app de citas, el desencadenamiento del drama proviene de la estupidez humana, una obviedad, porque ella decide darle una sorpresa a su interlocutor virtual y le cae sin avisar a la casa para  navidad. No hay que ser cinéfilo para imaginar que la persona con la que se encuentra es otra. Para decirlo de manera brutal: es un chino. Ella se había enamorado de un súper carilindo caucásico y se encontró con un oriental típico, que la había engañado. Ella, ofendida, dice que se va, y el otro la convence para que se quede. A Josh Lin (Jimmy O. Yang) le levanta la estima familiar salir con ella, así que le propone un trato: pasar navidad en esta ficción, y a cambio, él la va ayudar a conquistar al chico de las fotos que la atrajeron en la app.
 
El dueño de la cara que aparecía en las fotos es Tag Abbott (Darren Barnet), un carilindo que, para sorpresa del espectador, no es el tipico idiota y de hecho se va enamorando realmente de ella. Con el paso del tiempo, Natalie se da cuenta que Josh también es muy copado y empieza a entender que no se “enamoró” sólo de las fotos, sino que lo que la atrajo a este pueblo perdido en la nieve son sus chistes y su inteligencia.

Ella y el espectador están frente a un camino que se bifurca. La audiencia ya sabe cómo termina la historia, es obvio. Ustedes lectores, si llegaron hasta acá, también saben. Pero, ¿qué importa? Todos queremos saber cómo va a resolver este intríngulis amoroso esta ficción: lo hace con una confesión pública de ella. Vergonzosa. Casi humillante. Pero auténtica, de corazón. Ella engañó a todos, incluso a ella misma. El espectador siente empatía automática. Me hizo acordar tanto a la vida real. La gente reflexionando y practicando una autocrítica verídica. Lástima que la vida real ya pasó de moda.