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Entretenimiento //// 11.06.2022
Jurassic Park y la extinción de una era

Para la generación que creció en los 90', Jurassic Park no sólo marcó un antes y un después en el cine de ficción, sino que definió los consumos culturales de toda una época. A 29 años de su estreno en la pantalla grande, llega el fin de la franquicia que dio inicio a la dinosauriomanía y nos atrapó a lo largo de varias décadas.

Por Manuela Bares Peralta

Los videoclubes del barrio exhibían en sus repisas varias cajas totalmente negras del videocasete de “Jurassic Park”, aunque ya no era un estreno. El VHS se reproducía, se rebobinaba y se volvía a reproducir en las videocaseteras de las casas. De la sorpresa de Alan Grant (Sam Neil) y Ellie Sattler (Laura Dern) al ver a un braquiosaurio comiendo hojas de la copa de un árbol, seguido por el mítico “¡Bienvenidos a Jurassic Park!” de Richard Attenborough, sin olvidar la inolvidable escena en la que los vasos con agua temblaban anunciando la entrada de un tiranosaurio rex. Jurassic Park es una concatenación de momentos cinematográficos, pero sobre todo, es una experiencia, el acercamiento más real que podíamos imaginar experimentar con una especie que había pisado la tierra 65 millones de años atrás.

Antes de que Jurassic Park fuera una realidad y los dinosaurios se convirtieran en el producto con mayor demanda, Steven Spielberg ya había dado pasos firmes en el mundo de ciencia ficción con Tiburón (1975), Encuentros cercanos del tercer tipo (1977) y ET, el extraterrestre (1982). Los efectos y las innovaciones tecnológicas se mezclaban con tomas acertadas, buenos recursos e historias con peso narrativo propio, aunque, el punto de inflexión en la carrera de Spielberg y en la forma de hacer cine de ciencia ficción inevitablemente llegó en los 90' de la mano de los dinosaurios.

Con ese primer impacto musicalizado por John Williams que dura toda la película, un recurso que ya había utilizado en su película Tiburón, Spielberg logra que la sensación de que los dinosaurios están con nosotros se alargue por más de dos horas, aunque aparezcan relativamente poco en pantalla. Ese modo Spielberg de contar y mostrar revolucionó los efectos especiales y el cine de la década, pero sobre todo moldeó los consumos culturales de toda una generación.

Unos años después, llegaron al cine las secuelas El mundo perdido: Jurassic Park y Jurassic Park III, con menos éxito y mística que su antecesora pero con dosis más que aceptables de dinosaurios y buenos efectos. Con la fiebre de las reboots, Jurassic Park tuvo su versión aggiornada al nuevo milenio dando inició a una nueva trilogía titulada Jurassic World. Las dos primeras películas cumplieron, el problema ya no era de índole narrativa sino de época. Ese factor espectacular de la película del 93' era imposible de recrear y menos en una coyuntura donde la clonación de la oveja Dolly había sido televisada en las casas de todo el mundo, la rebelión de las máquinas ya había conseguido su propia trilogía y la obra de Tolkien había logrado desembarcar en la pantalla grande. La última entrega tuvo una buena lectura del momento y apostó por darle un cierre que convoque a ambas generaciones, para eso apostó a una narrativa que combina la manipulación genética en humanos, la búsqueda por curar enfermedades degenerativas o terminales y ponen en debate, más que nunca, la convivencia entre presente y pasado, con una realidad distópica que nos obliga a pensar cómo sería todo si humanos y dinosaurios debieran aprender a vivir juntos.

Más allá de los efectos especiales, los escenarios renovados, los nuevos y viejos dinosaurios que se apoderan de la pantalla acompañados por la ingeniería 3D que los hace más majestuosos, el fin de la franquicia nos regala el regreso de Sam Neil, Laura Dern y Jeff Goldblum y una seguidilla de escenas que vuelven a recrearse muchísimos años después: el Dr. Ian Malcolm intenta disuadir al tiranosaurio rex con una bengala, Elli Sattler se vuelve a enfrentar al tablero de electricidad y el villano muere a manos de un dilophosaurus como lo hizo Dennis Nedry en la primera película. Pero, sin dudas, lo más importante de “Jurassic World: Dominion” es que le habla directamente a ese chico que fuimos en el 93' y quizás (aunque sea sólo por un momento) logre devolvernos esa misma sensación que tuvimos cuando vimos por primera vez a los dinosaurios en la pantalla grande.