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Entretenimiento //// 11.07.2020
The gentlemen: innovar o fracasar en el intento

Guy Ritchie vuelve a su zona de confort, acompañado de un gran elenco, para narrar la historia de un capo del narcotráfico que se quiere jubilar. Al director le deja un sabor a triunfo, ¿pero cuánto más se puede contar en una temática que parece agotada? 
 

Por Diego Moneta

Cuando comenzaba su carrera como director, Guy Ritchie se ganó, para algunos, el título de "el Quentin Tarantino británico". Sin embargo, la industria hollywoodense lo absorbió. Después de grandes películas como Snatch y Lock y Stock and Two Smoking Barrels, naufragó con las versiones de Sherlock Holmes e, incluso, con la reciente Aladdín. En The gentlemen: Los caballeros de la mafia, Ritchie vuelve al lugar donde más cómodo se siente, para intentar recuperar su esencia.

Estrenada a principios de año, la tira llegó a Netflix en las últimas semanas. La historia sigue a Mickey Pearson (Matthew McConaughey), creador de un imperio alrededor de la marihuana en Inglaterra, que quiere jubilarse y vender su negocio. Cuando se corre la voz, se desencadenan una serie de tramas conflictivas alrededor de quienes quieren quedarse con su posición.

Incursionar en una temática que parece agotada, como es el narcotráfico, implica, cuanto menos, plantearse el desafío de ser innovador. Acá hay un primer punto que reconocerle a Ritchie: el mecanismo del negocio. Pearson ha creado su imperio con la connivencia de la aristocracia londinense; quienes, a cambio de un porcentaje de dinero, prestan sus grandes extensiones de tierra para instalar, bajo éstas, todo un circuito de granjas de marihuana.

El otro elemento innovador, marca registrada del director, viene por parte de la narración. Quien nos cuenta los hechos es Fletcher (Hugh Grant), un periodista de investigación sensacionalista que se encuentra con la mano derecha de Pearson, Raymond (Charlie Hunnam), para chantajearlo. Por momentos, la película avanza a base de confrontaciones en las que uno intenta, verbalmente, intimidar o convencer al otro.

Sin embargo, The gentlemen no es innovadora respecto de lo que es capaz el director, sino que es el intento de recuperar su esencia. Además, durante gran parte de su desarrollo, oscila entre el thriller y el humor negro, por lo que directamente apela a la interpretación del elenco para convencer. Una apuesta en la que nadie falla. 

A los nombres ya mencionados, debemos sumarle el estupendo papel de Colin Farrell, como un entrenador de gimnasio que busca incluir, de cualquier manera, a sectores desfavorecidos de la juventud. Una lectura de los diferentes niveles culturales y de la lucha de clases de la que el film rápidamente escapa. Además, hay que destacar la labor de Michelle Dockery (única mujer del reparto), como esposa de Pearson y participe del imperio. Mención aparte merecen Jeremy Strong, como Matthew, y Henry Golding, como Dry Eye, que se van a disputar el futuro del negocio.

Por otro lado, el elemento que termina de cerrar la apuesta de Ritchie es la construcción metadiscursiva que acompaña a lo largo del film. Fletcher escribió un guión con la información que conoce y amenaza con vendérselo a Miramax (que es, de hecho, la productora de la película). Una especie de meta-guión.

A eso debemos sumarle el diálogo que entabla el film con Francis Ford Coppola. En primer lugar, toma uno de los argumentos desarrollados en El padrino. Por otro lado, durante la narración, hace una alusión despectiva sobre La conversación, otra de las grandes obras del director estadounidense.

De esta manera, la evaluación final del film se nos presenta en dos frentes: la innovación (o no) en una temática que parece agotada, y el retorno de Guy Ritchie.

Para resaltar, durante gran parte de la narración se apela a alejarse de los lugares más comunes de la temática del narcotráfico. La acción constante, la violencia y los actores estereotipados escasean o directamente no aparecen en el film. En ese sentido, The gentlemen se acerca más a producciones como Ozark o Better Call Saul. Aunque no logra convencer con la eficacia de estas producciones.

Por otro lado, el director retorna a sus orígenes. De alguna manera, apela a todos los elementos que lo hicieron exitoso a finales de los noventa. Lógicamente, aquello que cautivaba en ese entonces, hoy no alcanza. Más cerca de sí mismo que de Tarantino, podemos decir que el cine de Ritchie “envejeció” mal. Parece no haber superado sus logros iniciales, lo que lo lleva a acudir a su zona de confort cada vez que se siente amenazado.

Sin embargo, The gentlemen no es una mala opción para ver. El director despliega todas sus cartas en el final y no deja cabos sueltos; ni narrativos ni metadiscursivos. Pero, quedan interrogantes por cerrar: ¿Guy Ritchie recupera su esencia, o simplemente junta en una película algo así como sus “grandes éxitos”? ¿Le queda algo más por aportar o quiere demostrar solamente que sigue conectado con el público que le dio reconocimiento inicial?