Nos quieren vender un corso a contramano

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Nos quieren vender un corso a contramano

05 Enero 2026

Bajo el título Argentina tiene los salarios en dólares más altos de la región, lo que podría limitar el impacto de la reforma laboral, publicado el 25/12 próximo pasado con motivo del encuentro anual que lleva a cabo el Grupo Techint con las pequeñas y medianas empresas de su cadena de valor, se afirmó que los salarios industriales en Argentina están entre US$1.000 y US$1.100 en mano, mientras en Brasil se pagan unos US$660, Chile tiene salarios parecidos a los argentinos, Uruguay unos US$800, mientras que Paraguay está en unos US$450.

También se afirmó que, de acuerdo a un estudio elaborado por cámaras empresarias de las cadenas metalúrgicas y siderúrgicas, la Argentina tiene el costo laboral extra remunerativo más alto de la región, con un 67% del salario neto; siguen Brasil con el 62%, Uruguay con el 61%, Chile con el 58%, Colombia con el 54%; y Paraguay, con el 44%.

En la publicación también se expusieron datos de un comparativo de salarios realizado por la OCDE, destacando que en Suiza se paga un salario bruto de US$9.411 y el costo laboral total es de US$10.013, con una diferencia del 14%; mientras en Argentina serían de US$1.366 y de US$1.744, una diferencia del 27%.

La conclusión evidente de lo expuesto es que, en las próximas negociaciones paritarias, los empresarios siderúrgicos argentinos buscarían reducir tanto los salarios brutos como los denominados impuestos al trabajo.

Hasta aquí el corso de contramano que nos quieren vender, toda vez que la realidad de los salarios y los costos laborales es muy diferente a las remanidas quejas presentadas por los empresarios en ese encuentro.

La verdad de la milanesa

Ante todo no me deja de llamar la atención que los empresarios de la cadena siderúrgica sólo hagan mención al costo laboral mientras ignoran otros costos de similar o mayor impacto, como son precios de la energía eléctrica, el gas natural y los combustibles y de precios de insumos difundidos superiores a los que rigen en países con los que competimos. Ignorancia que también se repite en otras cadenas productivas.

Vuelvo ahora a la cuestión salarial que tanto preocupa a buena parte del empresariado, no a todos pero sí a los que tienen mayor capacidad de llegada los grandes medios de comunicación.

Lo primero es esclarecer que los salarios que menciona la publicación se corresponden con bastante aproximación a los salarios mensuales promedio medidos en dólares de cada país (Argentina 1.006; Brasil 594; Uruguay 944; Paraguay 447 y Chile 808).

Lo que la publicación oculta es el valor de los salarios mínimos, también medidos en dólares y su relación con los salarios medios (Argentina 227, equivalente apenas a un 23% de los salarios medios; Brasil 325, un 55% de los medios; Uruguay 603, un 64% de los medios; Paraguay 430, un 96% de los medios; y Chile 577, un 71% de los salarios medios), valores que ponen al descubierto que nuestro país no solo tiene los menores salarios mínimos en dólares sino también una enorme disparidad entre el salario mínimo y el promedio que duplica o triplica la de los demás países.

Puestos en claro los niveles salariales, lo que realmente importa no es el valor absoluto de los salarios sino su relación con los precios vigentes en cada país y en cada momento, relación que define para el común de la gente la capacidad adquisitiva de sus salarios.

Comienzo por analizar la capacidad adquisitiva de los salarios mínimos y promedio en los países mencionados en la nota original mediante la información del costo de las canastas básicas, valores que además fueron cotejados mediante los precios promedio de la carne, la leche y los fideos que fueron publicados en la fecha en supermercados de primera línea de cada país, según detallo a continuación:

  • Argentina (CABA): canasta básica = US$ 469; precio promedio = US$5,64

  • Brasil (San Pablo): canasta básica = US$ 553; precio promedio = US$4,02

  • Uruguay (Montevideo): canasta básica = US$ 887; precio promedio = US$ 6,75

  • Paraguay (Asunción): canasta básica = US$ 446; precio promedio = US$ 5,54

  • Chile (Santiago): canasta básica = US$703; precio promedio = US$7,12

En base a estos datos las capacidades de consumo de los salarios mínimos y promedio de cada país son los siguientes:

  • Argentina: Salario mínimo equivale al 0,48 canastas básicas, permitiendo comprar 40,2 unidades promedio. El salario promedio equivale al 2,14 canastas básicas y permite comprar 178,4 unidades promedio.

  • Brasil: Salario mínimo equivale a 0,59 canastas básicas, permitiendo comprar 81 unidades promedio. El salario promedio equivale a 1,07 canastas básicas y permite comprar 148 unidades promedio.

  • Uruguay: Salario mínimo equivale a 0,68 canastas básicas, permitiendo comprar 89 unidades promedio. El salario promedio equivale a 1,06 canastas básicas y permite comprar 139 unidades promedio.

  • Paraguay: Salario mínimo equivale a 0,96 canastas básicas, permitiendo comprar 78 unidades promedio. El salario promedio equivale a 1,0 canastas básicas y permite comprar 81 unidades promedio.

  • Chile: Salario mínimo equivale a 0,82 canastas básicas, permitiendo comprar 81 unidades promedio. El salario promedio equivale a 1,15 canastas básicas y permite comprar 113 unidades promedio.

Esta demostración numérica permite concluir que el salario mínimo argentino tiene una capacidad de compra entre 23 y 100% inferior a los demás países, mientras que nuestro salario promedio tiene una capacidad de compra entre 86 y 114% superior a los demás países.

En otras palabras, nuestros principales problemas son el bajo SMVM unido a una elevada desigualdad respecto de los salarios promedio, que nuestro empresariado quiere aumentar reduciendo más aún los salarios mínimos, lo que se traducirá en mayores salarios medios.

Los datos del WID de participación del ingreso en Argentina indican que el 50% de adultos de menores ingresos recibe el 12,2% del ingreso total, el 40% de adultos de ingresos intermedios recibe el 42,8%, mientras el 10% superior ingresa el 45,1% del total. El 1% de los adultos de mayores ingresos recibe el 18,1% del total.

Los niveles de inequidad son peores al considerar la distribución de la riqueza según los hogares. El 50% de los hogares de menores recursos recibió el 4,5% de la riqueza; el 40% de hogares de recursos medios recibió el 9,7%; el 10% de hogares de mayores recursos recibió el 60%; mientras el 1% de los hogares de mayores recursos se apropió del 25,8% de la riqueza generada.

Si bien todavía no están disponibles los datos de 2025, la pérdida de los salarios frente a la inflación y la reducción impositiva a los más poderosos, indican que en 2025 las inequidades han sido mayores a las mostradas para 2024.

Las disparidades en la distribución de los ingresos explican la coexistencia simultánea de una elevada privación en las grandes mayorías populares, en especial entre desempleados, trabajadores informales y los jubilados con la mínima, con shopings y restaurantes de gran nivel repletos y el gran aumento en la cantidad de turistas al exterior.

Toda una ceguera que, al hacer prevalecer posturas ideológicas extremas por sobre la evolución real de sus negocios, impide a muchos empresarios ver que la única forma de lograr un crecimiento económico sostenido se fundamenta en la mejora de los salarios y la reducción de las desigualdades, generando así un aumento generalizado del consumo que, a su vez, impulse a las producciones de bienes y servicios, mejore los ingresos fiscales y permita mejores prestaciones del estado en materia de salud, educación, ciencia y tecnología e infraestructura y evitando los los bandazos en las políticas económicas que nos caracterizaron.

Así lo demuestran las evoluciones del PIB comparadas por el Banco Mundial de los últimos 20 años para Argentina (34,1% entre puntas); Brasil (48,2%); Uruguay (75,5%); Paraguay (101,4%) y Chile (74,4% en igual período).

En definitiva de lo que se trata es que esos empresarios amplíen su mirada, vean más allá de su propia ideología, tengan en cuenta sus intereses y contribuyan a reemplazar las políticas de ajuste, represión y endeudamiento por políticas centradas en la producción, el trabajo y la soberanía.

Espero que estas líneas contribuyan a ese objetivo.