El proyecto de ley de “modernización” laboral miente
Miente desde el mismísimo título, al hablar de “modernización”, cuando en realidad busca retrotraer al trabajador a la prehistoria de sus derechos laborales.
Mienten los legisladores en su defensa, prometiendo generación de empleo, cuando su aplicación solo garantizará mayor discrecionalidad empresaria para hiperexplotar, precarizar y disciplinar a los y las laburantes. No es casual que el ministro endeudador serial, Caputo, haya salido a reclamar a los beneficiarios del a ley, los grandes empresarios, por no festejar a grito pelado la media sanción. Es que los dueños no ocultan sus reservas. Saben que con el industricidio en marcha, la luz de la reactivación económica cada vez más lejos al final del túnel, ninguna ley, por más pro-patronal que sea, hace milagros.
Mienten a coro sus voceros, y en particular el inescrupuloso Adorni (¿cuándo no?), al cacarear los beneficios modernizadores de la ley - siempre apelando a una ilusoria “voluntad individual”, que no existe (ni puede existir) dadas las asimetrías de poder que rigen en toda relación de dependencia patronal - cuando basta un somero repaso de su articulado para advertir que nos perjudica en todos los capítulos.
¿Acaso ignora Adorni que habilita jornadas extendidas - por encima de las 8 horas - y que liquida las horas extras a través de la figura del “banco de horas” (art. 42)? ¿O que permite reducir salario y categoría laboral ante eventuales accidentes o enfermedad “inculpable” (art. 44)? ¿O que el llamado “Fondo de Asistencia Laboral” (FAL) sirve en los hechos para acabar con las indemnizaciones y al mismo tiempo para desfinanciar el ANSES (art. 58)? ¿O que inhibe de facto el derecho a huelga vía ampliación del régimen de servicios esenciales (art. 98)? ¿O que flexibiliza el derecho al descanso, poniendo en manos del empleador mayor poder de control sobre las vacaciones (art. 41)? ¿Ignora también que obstruye el acceso a la justicia, habilita el pago de los juicios laborales - por parte del empleador - en comodísimas cuotas y elimina masivamente leyes que protegen a lo laburantes (como la Ley de Teletrabajo)? La lista es larga, y sigue. Ningún funcionario, mucho menos el propagandista oficial, puede ignorar nada de esto. Solo que, a sus ojos de amo, no son perjuicios en absoluto.
Miente la flamante ministra de seguridad, Monteoliva, cuando asegura que este jueves endurecerá el control de la protesta sin poner “en riesgo la vida de absolutamente nadie” mientras su protocolo antipiquete recargado amenaza con una represión más salvaje aún que la del miércoles pasado. Con más policías disparando a mansalva a la altura del torso; más gases lacrimógenos zumbando en los oídos y quitando la respiración; más camiones hidrantes buscando lacerar el cuerpo; más detenciones violentas y arbitrarias al voleo; menos cobertura de medios con el periodismo guardado en ¿corralitos de prensa?; el resultado previsible de este combo represivo no puede ser otro que un mayor riesgo de vida para absolutamente todos y todas (salvo, claro, mercenarios e infiltrados que, luego de activar el protocolo con sus molotov, volverán panchos a sus casas con su billetera más abultada y la sensación del deber cumplido). La cuenta es simple, ministra, en todo caso puede protestar contra la precisión matemática, que nada sabe de protocolos antipueblo.
Por último, miente masivamente, siempre que abre la boca, la camaleónica senadora Pato Bulrrich, cuando se le da por celebrar que la ley deja a los trabajadores en una posición más favorable para exigir mejores condiciones de trabajo a sus empleadores (¡!¿?); o al referirse a la pretendida modernización del régimen de plataformas: lejos de modernizar nada, el proyecto de ley no hace más que convalidar la precarización y total desprotección del sector al excluirlo del régimen laboral (Ley de Contrato de Trabajo); o al pasar revista de los regímenes de licencia por enfermedades en otros países, ofreciendo porcentajes de descuentos en la mayoría de los casos inexistentes; y así al infinito.
Legisladores y voceros y propagandistas y hacedores de la “modernización” laboral mienten.
Lo sabíamos afuera el miércoles, mientras adentro, en el palacio, una infame mayoría de senadores, fieles representantes de la casta política gobernante, convalidaba la mentira.
Y lo sabremos mañana, cuando nos encontremos nuevamente como pueblo en las calles, para volver a gritarlo bien fuerte: ¡mienten!
Al igual que el trabajo, la protesta es un derecho protegido y garantizado por nuestra ley de leyes, la Constitución Nacional. Hasta nuevo aviso así será, mal que le pese a las huestes libertarias que hacen de Mi-ley anarcocapitalista un culto.