fbpx La Masacre de San Patricio: 44 años de impunidad | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
DDHH //// 03.07.2020
La Masacre de San Patricio: 44 años de impunidad

El 4 de julio de 1976, tres sacerdotes y dos seminaristas de la comunidad palotina de la Parroquia San Patricio, ubicada en el barrio de Belgrano de la Ciudad de Buenos Aires, fueron asesinados por un grupo de tareas en el marco de la última dictadura cívico militar. Se trató además del atentado más grande que sufrió la Iglesia Católica argentina. 

Por Mariano Nieva

Cuarenta y cuatro años pasaron del crimen de los sacerdotes Alfredo Leaden, Alfredo José Kelly y Pedro Eduardo Dufau y los seminaristas Salvador Barbeito Doval y José Emilio Barletti, de la comunidad de los Palotinos de la parroquia San Patricio, ubicada en la intersección de las calles Estomba y Echeverría, en el barrio de Belgrano. Los religiosos representaban la renovación de la Iglesia luego de los cambios que trajo el Concilio Vaticano II y la Teología de la Liberación. 

En los primeros meses del ´76, ya producido el golpe, el padre Alfie Kelly dio un sermón denunciando enérgicamente que se estaban rematando los bienes robados a los/as desaparecidos/as y que feligreses de San Patricio habían participado de las subastas. La homilía pasó a la historia como “el sermón de las cucarachas”, calificativo que Kelly usó para describir a quienes, dijo, ya no podía seguir llamando ovejas de su rebaño. Poco después, Alfie supo que estaba circulando por el barrio una carta en la que un grupo de gente que frecuentaba la parroquia pedía su destitución, acusándolo de “comunista”. El sacerdote escribió en su diario personal sobre su preocupación por el tema. Inquietud que también compartió con sus compañeros durante la última cena que compartirían. Evidentemente, el religioso temía por lo que podría pasar. 

Gabriel Seisdedos, escritor de El honor de Dios (1996), una gran investigación sobre la masacre de los palotinos, productor y presidente del Centro PEN Argentina (Poetas Ensayistas Narradores) reflexionó: “Las amenazas hacia Alfie Kelly eran constantes por su valiente denuncia del robo de muebles en las casas donde los militares hacían procedimientos. Sabía que en el Bajo Belgrano se estaban vendiendo esas pertenencias de las personas que más tarde se conocerán como desaparecidos/as. Hay que destacar que parte de la feligresía de San Patricio eran familias muy tradicionales, militares y gente muy cercana a la dictadura.”

La noche de los asesinatos, el 4 de julio de 1976, hubo vecinos que vieron a un Peugeot negro estacionado frente a la iglesia, con cuatro hombres en su interior. Uno de los testigos, Julio Víctor Martínez, que se encontraba junto a unos amigos en una casa lindera a la parroquia, hizo la denuncia a la comisaría  37, que mandó a inspeccionar a una patrulla. Un policía, Miguel Ángel Romano habló con los ocupantes del auto quienes avisaron que iban a hacer un operativo para “reventar a unos zurdos”. Los uniformados se fueron del lugar dejando una suerte de zona liberada. Con el tiempo, se supo que los asesinos salieron de la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada).

A la mañana siguiente, Rolando Savino. el joven organista de la iglesia, encontró los cinco cuerpos, acribillados en una habitación. La puerta estaba escrita y decía: “Por los camaradas dinamitados en Seguridad Federal. Venceremos. Viva la Patria”. Se refería al atentado que la organización Montoneros llevó a cabo contra el edificio donde funcionaba la Superintendencia de Seguridad de la Policía Federal, dos días antes, en el que murieron 23 personas. Allí yacían, Salvador Barbeito, de 29 años, profesor de filosofía y psicología y rector del Colegio San Marón; Emilio Barletti, de 23 años, también profesor, que estaba por recibirse de abogado. Y los sacerdotes Alfredo Leaden, de 57 años, delegado de la congregación de los palotinos irlandeses; Alfredo Duffau, de 65 años, director del colegio de San Vicente Paloti y Alfredo Kelly, de 40 años, párroco de San Patricio. Al lado de los cadáveres había una leyenda: “Estos zurdos murieron por ser adoctrinadores de mentes vírgenes y son del MSTM (Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo)”.
Al otro día, el primer cuerpo de Ejército, al mando del general Guillermo Suárez Mason, adjudicó el hecho a “elementos subversivos que no tienen patria ni Dios”, en un comunicado que fue reproducido por los medios de prensa de la época.

Agregó Seisdedos: “Fueron muy importantes para intentar quebrar la impunidad las palabras vertidas de Robert Cox desde “Buenos Herald” y Jacobo Timermann desde “La Opinión” quienes no abonaron la idea que se había bajado desde el gobierno militar que la autoría de las muertes era de la guerrilla.”

La causa se comenzó a tramitar en el juzgado de Guillermo Rivarola, con Julio César Strassera de fiscal, quienes tras una serie de diligencias dictaminaron que no se había podido determinar la autoría de la masacre, y cerraron el expediente en 1977.

Para 1984, con el retorno de la democracia, el fiscal Aníbal Ibarra solicitó al juez Néstor Blondi el procesamiento del efectivo de la Policía Federal, Romano y del comisario Rafael Fensore, pero tres años después, la causa fue declarada prescripta por el magistrado.

Después de 20 años la Iglesia Católica los reconoció como mártires aunque la causa no avanza para beatificarlos. Seisdedos completó: “Salvo contadas excepciones, la cúpula de la Iglesia miró para otro lado. En este caso, porque en ellos también se había instalado eso de algo habrán hecho. Lamentablemente el episcopado argentino nunca estuvo a la altura de la jerarquía de Chile y Brasil que se opusieron fuertemente contra las dictaduras que sufrieron estos países.”