fbpx Despedida a Eduardo Hidalgo, por H.I.J.O.S y Red por la Identidad Bahía Blanca | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
DDHH //// 23.03.2021
Despedida a Eduardo Hidalgo, por H.I.J.O.S y Red por la Identidad Bahía Blanca

“Hoy nos queremos sobreponer al intransferible dolor que sentimos, para contarles que no solo se fue un tipo excepcional, sino que se fue un imprescindible, el último de los quijotes de esta Bahía del silencio, como él la llamaba a nuestra ciudad”.

Por H.I.J.O.S. y Red por la Identidad Bahía Blanca (*) | Foto: Luis Salomón

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.

Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.

Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.

Este poema del querido Juan Gelman es el que le da nombre a nuestro programa El juego en que andamos y hoy, mágicamente, parece haber sido escrito especialmente para este día, para este humilde pero el más genuino de los homenajes, que le queremos dedicar a nuestro querido “Chiquito”, el gran Eduardo Hidalgo que se nos fue hace apenas tres días.

Hoy nos queremos sobreponer al intransferible dolor que sentimos, para contarles que no solo se fue un tipo excepcional, sino que se fue un imprescindible, el último de los quijotes de esta Bahía del silencio, como él la llamaba a nuestra ciudad.

Esta ciudad, que sin Eduardo y sin su gran amigo y compañero del alma Ernesto Malisia nunca hubiera logrado el juzgamiento a los genocidas y la denuncia a los partícipes civiles y los poderes reales locales, a los que siempre enfrentó sin medias tintas ni eufemismos. Para los enemigos del Pueblo de esta ciudad, como los Massot y sus seguidores, era, como dijo otro querido compañero, “un enemigo de verdad, no de cartón pintado”. Los denunció y combatió hasta el último de sus días.

Pero hoy les queremos contar su lucha, no nuestro dolor, esa lucha que a los poderosos les convenía silenciar y que como dijo la gran Hebe al despedirlo “fue un hombre que peleó en Bahía Blanca contra viento y marea”. Hebe era su ejemplo, su guía, su coherencia a seguir. Hebe lo sabía y era recíproco el afecto que se tenían desde siempre.

Como tantas familias argentinas, la de Eduardo fue devastada por el terrorismo de Estado.

Eduardo tenía solo 24 años, estaba casado y tenía un hijo de menos de un año, cuando la dictadura genocida lo secuestró en el año 76. Sufrió dos secuestros entre septiembre noviembre de ese año. En ese ínterin sus padres también sufrieron un corto secuestro y mientras él estaba desaparecido, asesinaron a su hermano Daniel y su pareja Olga Souto Castillo, embarazada.

Secuestrado en el CCDT y E “La Escuelita”, padeció torturas inimaginables, que fueron descriptas y corroboradas en cada una de sus denuncias y declaraciones. Del centro clandestino fue trasladado a la cárcel de Villa Floresta y luego a la Unidad 9 de La Plata. En el 78 lo vuelven a trasladar a Bahía y es liberado en 1979, aunque por supuesto siguió siendo perseguido, vigilado y amenazado, no solo en los 80 y 90 sino hasta 2009.

Llegada la democracia, inició la batalla contra la impunidad de todas las atrocidades cometidas, y es allí donde este gigante comenzó a dejar todo en búsqueda de Justicia y reivindicando a su hermano, cuñada y a los 30 mil compañeros desaparecidos. Conformó la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) desde sus inicios, a mediados del 85 y a la par del entrañable Ernesto Malisia, en el único organismo de derechos que tuvo personería jurídica en la ciudad. Recién en 2013 desde HIJOS nos sumamos a esta “legalidad” para querellar en los juicios y por entender que debíamos recoger tanta lucha sembrada, fundamentalmente por la Asamblea.

Ernesto y Eduardo nos marcaron ese camino a seguir allá por los años 90, cuando florecía H.I.J.O.S. y sabíamos que para ellos era un orgullo, y también un alivio, vernos organizarnos y juntarnos. Fue la APDH quien nos amontonó y acunó para empezar a ver cómo era esto de batallar en estas tierras tan hostiles, con luchas que a muy pocos les interesaban. Ernesto nos dejó tempranamente, cuando todavía teníamos mucho para aprender de él. Con Eduardo trazamos un camino que fue mucho más allá de la militancia.

No alcanzaría un libro para contar el derrotero de lucha de Eduardo de allí en más, para llegar hasta nuestros días con siete juicios de Lesa atravesados y mil batallas, algunas ganadas, otras perdidas, pero siempre con la misma dignidad inclaudicable

A partir de 2003, las políticas de derechos humanos del país le vinieron a traer esperanza y alivio igual que a tantxs argentinos. Empezaron a delinearse políticas públicas de la mano de los gobiernos de Néstor y Cristina y allí Eduardo comenzó a apoyarlas y a ser parte de todo, en lo que podía aportar. Fueron reparadores años para los organismos de derechos humanos, cuando empezamos a ver cómo se plasmaban esos reclamos por los que tanto se había luchado. La calle nos encontró juntxs a Eduardo por la Asamblea, la Red por la Identidad conformada por esos años, H.I.J.O.S. y toda la militancia que entendía que había cambiado el paradigma de la historia y que era el momento de plasmar nuestros reclamos en acciones concretas. Estaba feliz y sus ojos brillaban ante cada avance que se concretaba. Mantuvo esa coherencia ideológica hasta el último de sus días, apoyando las políticas de gobiernos nacionales y populares que benefician al Pueblo.

Esta ciudad no hubiese sido la misma sin la presencia de Eduardo, nosotras tampoco. Mucho de lo que somos es gracias a él, su persistencia, su terquedad y su ejemplo único de 40 años de lucha.

Eduardo vino a llenar nuestras ausencias y en su palabra, su ejemplo, y su convicción veíamos las convicciones de nuestros viejos y viejas, con los cuales él había militado

Hoy en Eduardo, también se fue un poquito de nuestros padres y madres, que no los pudimos tener ni despedir, y que algo, o mucho, de ellos pudimos encontrar en Chiquito.

Gracias por todo y por tanto, Edu querido. Cuesta creer que ya no estarás físicamente, pero sabemos que ya trascendiste todas las fronteras y serás eterno para todos quienes te quisimos tanto. Sos parte de la Historia y de nuestras vidas.

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE, COMPAÑERO.

(*) Este texto fue el editorial de la edición del programa El juego en que andamos del sábado 20 de marzo de 2021, el primero desde el fallecimiento de Eduardo Hidalgo. El ciclo es una producción de la regional bahiense de H.I.J.O.S. y la filial local de la Red por el Derecho a la Identidad de Abuelas de Plaza de Mayo. Se emite los sábados de 10 a 11 horas, en Radio Nacional Bahía Blanca.