fbpx Pamela Neme Scheij: “Milito la soberanía en la mayor intimidad y en lo público y colectivo" | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Cultura //// 16.08.2020
Pamela Neme Scheij: “Milito la soberanía en la mayor intimidad y en lo público y colectivo"

AGENCIA PACO URONDO entrevistó a la artista, docente y editora que incorpora a la soberanía como indagación individual y construcción colectiva en la práctica poética, en la comunicación, en el modo de vivir y el deseo de transformarlo todo.

Por Victoria Palacios | Fotos: Angélica Guerra, tapa; Celeste Destefano, cuerpo nota.

El artículo contiene lenguaje inclusivo por decisión de la autora.

Pamela Neme Scheij(1985) es licenciada en Letras(UBA), docente en escuelas secundarias y escritora. Coordina en equipo la revista digital alternativa El Tresdé y es integrante de la Colectiva Mutágenas Artistas Feministas del Conurbano. Publicó el poemario Espinas y participó de las antologías Cartas desde el Maule- Cartas desde Buenos Aires (Antología poética de escritores del Maule-Chile y del Conurbano, Buenos Aires-Argentina), Y La Juntada 2018 del X Festival Internacional de Poesía Joven.

AGENCIA PACO URONDO: ¿Cuál fue el punto de partida del TresD, publicación digital alternativa y feminista? ¿A qué temas dan difusión y qué alcance tiene?

Pamela Neme Sheij: El Tresdé, como decís en tu pregunta, es una revista alternativa y feminista, también es una revista digital porque desde el inicio se maneja en ese universo, y es alternativa, quiero resaltarlo, porque consideramos que hacemos todos los esfuerzos posibles para, discursivamente, posicionarnos en un lugar contra hegemónico respecto de lo que nosotras y nosotres, con nuestros colaboradores, consideramos que son los discursos racistas, patriarcales y capitalistas. El punto de partida de El Tresdé es un poco distinto a la realidad presente ya que surgió con otro equipo de gente del cual formaba parte, en función de hacer desde Tres de Febrero una revista digital que se oponía principalmente al macrismo en Tres de Febrero, que aún sigue gobernando ejecutivamente en nuestro distrito, pensando en esa coyuntura política, particularmente. Eso, en los debates internos, se fue puliendo, y a la luz ya El Tresdé salió como otra cosa, no sólo como un portal de noticias, sino como un espacio de reflexión un poco más profundo, un poco menos coyuntural, que tiene que ver con la política distrital pero también con un montón de otras cosas. 

Así es como El Tresdé fue abordando el arte, los feminismos, la política nacional, no sólo distrital, la internacional. En esa transformación constante fue sucediendo, casi sin buscarlo, que el equipo fue volviéndose de mujeres del conurbano. En este momento somos cuatro mujeres en la coordinación de El Tresdé, con distintas prácticas en la cotidianeidad, distintas formaciones académicas, todas con una misma perspectiva feminista y esto fue algo que se fue descubriendo con los años. El Tresdé se inició en el 2018 y se fue transformando a medida que nosotras también nos fuimos transformando, fuimos poniendo en común nuestra construcción ideológica y nuestras deconstrucciones. Ahora sigue transformándose, a pesar de que el equipo en el último año y medio es bastante estable, porque somos distintas personas escribiendo, con sus fotografías, con sus ilustraciones, que abordan desde su perspectiva pero con una línea editorial similar, aunque buscando en la voz la diversidad y que plantean temas y debates sobre los feminismos, pero también acerca de distintas disciplinas artísticas, fundamentalmente la literatura y la música, sobre política distrital, nacional e internacional, sobre soberanía alimentaria, sobre ecología. El Tresdé se fue ampliando un montón y eso hizo que fortalezcamos nuestra identidad diversa, porque también hay mucho debate y eso es lo que nos enriquece. En relación con esto que fuimos forjando, encontramos que nuestro público, principalmente, es de mujeres y disidencias en una franja etaria entre los 20 y los 50 años. Y también, nos dimos cuenta, que hay un sector del público que es de mujeres mayores pero que viene con una búsqueda muy a tono con los signos de estos tiempos de deconstrucción de sus quehaceres cotidianos acerca de la identidad como mujeres, en clave política. Esto nos alienta un montón porque es el camino que nosotras de manera individual y colectiva venimos transitando y queremos interpelar y seguir cuestionando.

APU: Hay una cuestión que parece cruzar tus textos poéticos y fragmentos autobiográficos que es la cuestión de la soberanía, ¿qué dimensiones de ésta militás y cómo?

P.N.S.: Tanto en mis textos como en mis prácticas cotidianas, esta cuestión de la soberanía es previa a poder ponerle esa palabra. Tiene que ver con esa necesidad de cuestionarlo todo, de la incomodidad por no querer ser objeto de los discursos hegemónicos y el derecho de ser sujeta de mis propias prácticas y decisiones y no en términos individuales sino colectivos. Este contexto presente en el que soy adulta me fue permitiendo poder hacer esto, por eso reafirmo lo colectivo, porque no hubiese sido posible sin esta marea alrededor, que me dio las palabras para nombrar la incomodidad, y para nombrar el deseo.

Yo milito la soberanía en distintos planos que tienen que ver con el cuerpo, y con el hacer con ese cuerpo, en esta sociedad, desde la mayor intimidad al espacio más público y colectivo. Tiene que ver con esta perspectiva que desde los feminismos se va deconstruyendo y va poniendo todo sobre la mesa para hacerlo pelota y poder, con los restos, empezar algo nuevo. Una nueva forma de existir, una nueva forma de relacionarnos. Así como lo hago en El Tresdé, discursivamente con mi escritura milito la soberanía, en mi quehacer artístico individual y en la  colectiva Mutágenas, artistas feministas del conurbano, que es una colectiva de artistas visuales y poetas, que venimos trabajando ahora en lo virtual en este contexto de aislamiento, pero también poniendo el cuerpo en los espacios públicos. Y así también, la práctica que llevo adelante hace cinco años como coordinadora en un nodo de consumo ciudadano para que el alimento libre de injusticia en el trabajo, libre de veneno y hecho por el trabajo cooperativo llegue directo de sus productores a consumidores. Y este es un plano de la militancia, que en un principio tuvo que ver con una búsqueda personal cuando mi hija era pequeña, pero que después se fue replicando hasta llegar a ser hoy una práctica más de mi quehacer político.  También mi trabajo como docente de literatura tiene que ver con la soberanía, de poder pensar de manera soberana, crítica, a aquellos discursos que quieren aparecer ante nuestros ojos como “los discursos” y que son sólo una norma de quienes tiene poder. La soberanía atraviesa todos los planos, no sólo mi cuerpo con otres cuerpos, sino mi cuerpo para mí, mi cuerpo ante ese espejo que me enseñaron que debía silenciar, clausurar y castigar cada vez que me reflejara. Cuando la búsqueda de la soberanía irrumpe ahí ya no hay manera de generar ninguna práctica cotidiana que no intente compartir esa búsqueda, que no intente cuestionarlo todo, y que no intente encontrar alternativas a eso que cuestionamos, para que se vuelva activo, protagonista y sujeto de la realidad y no simplemente una piedrita al borde del camino.

APU: ¿Cómo trabajás formalmente esa construcción de un mundo otro en tu escritura?

P.N.S.: De unos años a esta parte empecé a modificar el mundo que construía en mi escritura poética a partir de dos hitos, primero la maternidad y el otro la maternidad cruzada con el feminismo, de las nuevas preguntas, del nuevo contexto que permite esas preguntas, de la deconstrucción de un montón de normas y estructuras que regían mi vida y mi escritura. En esa deconstrucción, y en ese nuevo hacer, me encontré necesitando nombrar esa parte del yo que hablaba y que sigue hablando en mi poesía, y volver a establecer ese lazo entre ese yo y yo misma, por fuera de la poesía. En esa búsqueda que supuso poemas, claramente, de nombrar ese yo y de describirlo, poemas vinculados a ese yo madre, yo hija, y en los últimos años a ese yo compañera de otras y de otres que estamos en la misma búsqueda. Y en ese enlace que empecé a hacer en mi escritura poética, fui encontrando que necesitaba más palabras, nuevas palabras, resignificar otras que ya venía usando y eso hizo que empiece a indagar otras formas de decir y buscar otras representaciones, instancias, de esta búsqueda de soberanía. Creo que este primer paso de volver a nombrar eso que soy y eso que soy con otres, hizo que surgieran otras temáticas, otros ejes dentro de mi escritura poética y otras textualidades que fui abordando, que no sólo tienen que ver con los textos escritos, sino también con la oralidad dada a esos textos, con incipientes performance, y en ese movimiento animarme a nombrar a la pluralidad de la que me creo parte y que me sostiene como una red y en la que también sostengo a otres. También me interesa como una revalorización de lo subjetivo en clave política, animarnos a alzar la propia voz, no en un vacío, no a las espaldas de otres sino en comunidad con otres. Y así acercarme a preguntas y contradicciones que son parte de un hacer conjunto que construye una poesía y un lenguaje más rico, más real. Un lenguaje que se permite la transformación, salirse de la norma, que se permite, incluso, lo que en cierto canon literario puede considerarse “más bajo”. Ahí hay una construcción, que a mí personalmente me satisface un montón, que es parte de las discusiones y prácticas que vienen llevando las distintas colectivas artísticas feministas que actualizan de nuevo la relación entre el arte y la política.

APU: Actualmente estás trabajando con un registro sobre la experiencia de las personas menstruantes, ¿qué te interesa subrayar ahí? ¿Cómo se llama este proyecto?

P.N.S.: El proyecto al que te referís se llama Diario de sangre. Está siendo publicado en El Tresdé y parte de un taller virtual que se llama “ciclando conscientemente”, que coordina alguien muy profesional en educación sexual. Esto tiene que ver con poner en debate las normas que han regido, y que lo siguen haciendo, la sexualidad de los idearios femeninos, de las personas úteroportantes en distintos planos, por un lado en su ciclicidad, su menstruación y, por otro lado, en la fisiología de estos cuerpos, su placer diverso, su relación con las otras personas, con el mercado, con las instituciones. Y mis textos, que constituyen Diario de sangre, tienen que ver con ese contenido, pero también con debates internos que me vienen acompañando. No es una temática que no haya abordado antes, hace una década que vengo involucrada con estas cuestiones, cuando era más joven por razones de mi cuerpo únicamente, y después en función de la maternidad y búsquedas para parir de determinada manera. Estos debates que, como mujer úteroportante, menstruante y sangrante, quieren traer preguntas que interpelen a otres, sean úteroportantes o no. Tiene que ver con el paradigma que el patriarcado y el capitalismo para vendernos y controlarnos nos dice y muestra: que nunca encajamos, que siempre estamos mal, especialmente las mujeres y las disidencias. Siempre nos falta algo o nos sobra para ser lo que la norma dice, siempre algo de nosotres, individualmente, está mal y por eso no somos como otres que están bien y que son les que están en las publicidades. Esa educación sexual deficiente que aún hoy es un punto débil en las escuelas y en otras instituciones, un lugar donde el estado y la sociedad deben seguir insistiendo para que se cumpla verdaderamente la ley. En estos textos trato de poner en vistas cada una de estas cuestiones, ejes y temáticas, de cómo subvertir ese paradigma que nos va a poner en el peor lugar para que sigamos consumiendo, para que sigamos siendo las personas oprimidas que quieren que seamos. Lo importante también qué es, para quienes educamos niñes, dar herramientas a partir de nuestra propia deconstrucción y nuestras nuevas militancias, y así generar preguntas y posibilidades a esas niñeces y juventudes para que no sean víctimas de estos macabros mecanismos con los cuales nuestro cuerpo siempre se ve atado al lugar de la no libertad, de la falla, de la carencia, del tabú. Y también presas del silencio que no permite decir que nos gusta gozar, que nos gusta ser quién somos y que de esa manera vamos a poder también querer al resto de las personas, respetarlas, no violentarlas, ni con los actos ni con las palabras, empezando por no violentarnos a nosotres mismes.