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Cultura //// 14.03.2021
Nuevo libro de la escritora Mariana Alias: “en la cosecha”

La artista sanjuanina lanzó la última parte de una trilogía que describe al desamor de una forma fragmentada. AGENCIA PACO URONDO dialogó con ella sobre su trabajo en tránsito perpetuo.

Por Franco Muñoz | Fotos: Mariana Alias

La continuidad es infinita. Sabemos de Mariana Alias que es sanjuanina, escritora, editora y maquetadora de sus obras, artista, creadora de contenidos digitales y participante de algunos colectivos artísticos. Es la continuidad en sí misma. 

Hace más de dos años la entrevistamos por su primera obra publicada: ya estuvo ya. Luego, hubo una segunda (leña, de diciembre de 2018) que escapó de nuestra charla. Esta, como su primer trabajo, sobrepasa el hecho de ser, citándola, un contenedor de textos: tapas diseñadas por ella, textos escritos en formato horizontal/vertical (algunos espejados), fotografías e ilustraciones realizadas con diversas técnicas y todo impreso en papeles de distinto tipo.

¿Qué hay de su contenido? Visceral. Introducirse en las profundidades del sentir forma parte de su identidad y trasciende la catarsis mecánica que muchas y muchos hacen.

El 2021 nos trae un escenario de continuidad en la pandemia y en su obra. En estos días editó en la cosecha, escrito originalmente en diciembre del 2017 pero lanzado a fines de febrero de este año. ¿Qué pasó en estos años? AGENCIA PACO URONDO se propone averiguarlo.

Lo no dicho

La trilogía ya estuvo ya, leña y en la cosecha, cierra la primera etapa de experimentación de Mariana Alias desde el autopublicar y da paso a otro tipo de textos, pero siempre trabajados como un laboratorio de materiales y lenguajes. Ella lo expresa así: “No quiero largar al texto sobre una estructura y decir: Bueno, esto es un libro porque tiene dos tapas. Acá lo abrís y está el texto. Y se acabó. Hay mucho más en la materialidad que siento que es por donde quiero explorar. No critico de ninguna manera el libro que realmente es un contenedor de textos. Me parece que la materialidad también comunica y hay algo que yo no termino de decir o me parece que no tiene porqué ser dicho verbalmente y tiene la oportunidad de viajar hacia la persona de una manera un poco más esquiva, desde otros registros”. Un mapa a sus mundos.

El carozo

Su última obra entremezcla grabados y textos, incluye prosa con títulos o sin ellos y versos numerados, con un cierre con números que ascienden y luego retroceden. Tender un hilo hacia quien la lee tanto desde lo textual como desde lo material es la idea de esta autora. Capturar el tópico del desamor y comunicarlo desde múltiples formas.

En las páginas de en la cosecha se describen situaciones durante el momento de la cosecha de frutales que dicen más de lo que aparentan y que, numeradas como están, pueden leerse como cápsulas: “Creo que los que tienen números son una continuidad, pero a la vez son como si fueran cápsulas en las que te podés detener. Es la propuesta. Sino no te dicen nada. Lo leés muy rápido. Pero si lo recordás como recordás un meme, un chiste o algo que podés memorizar, quizás te sirve como una experiencia que retumbe en algún momento”, detalla su autora.

¿De dónde viene la idea de los números? No lo sabe con certeza: tal vez, los coloca de manera intuitiva. Piensa y repiensa y lo relaciona con el tarot y la numerología, pero deja el interrogante abierto: “La respuesta es proponer un código, aunque yo no sepa a ciencia cierta cómo se trama. Si supiera creo que lo entorpecería. Pero sí le veo relación con la numerología. Es más una pregunta que queda abierta”.

Las prosas fueron posteriores a los versos y fueron disparadas por ellos. Escritos al modo de un texto más tradicional, funcionan como separadores y logran asentar la trama de esta historia.

¿Por qué una obra finalizada en 2017 se publica más de tres años después? Su resistencia a publicarlo fue porque todo el texto le parecía un absurdo. La única forma de cambiar esa mirada, de que fuera público y saliera fuera de su cuaderno, era dejar pasar tiempo y que alcanzara mayor maduración: “Si yo, más de dos años después le sigo encontrando algo, es porque algo tiene. Yo cambié, crecí, pasaron un montón de cosas. Pasó una pandemia en el medio. Un apocalipsis íntimo. Y si aun así le sigo encontrando cosas, le sigo encontrando sentido a compartirlo, entonces tiene que salir”. Era un durazno que tenía que sangrar un poco más.

Un reto

Números. Versos. Prosa. Fotos. Grabados. ¿Cuál es la propuesta hacia quienes la leen? La lectura de las tres obras juntas, ya que, como adelantamos, su punto de unión es el desamor: “(desamor) Porque no te quieren o porque vos no te querés. Esa es la respuesta siempre”. ¿Y qué hay detrás de ese juego textual? Escuchar: “Escuchar es ponerse en una actitud receptiva. Y es en esa actitud donde te puede llegar alguna data que quizás es intransmisible y no está en el texto mismo ni en la historia que te puede llegar a contar la plaqueta, pero sí en la trama que propone”.

La esencia de la obra es, para su autora, una historia de amor propio: “Está el amor que duele, de dos personas que se aman, pero a la vez duele y hace daño, pero en el caso de las plaquetas fueron miles de diversos enrosques con miles de diversas personas. No hay una historia, pero sin embargo sí hay una historia. ¿Cuál es? Yo. Yo soy la historia. Es mi historia de percepción interna”.

Lo más rico de las entrevistas está en el antes y en el después. El antes, al hablar con la persona a entrevistar, entrar en la tan difícil tarea de no resultar una falsedad andante y coordinar día y lugar. Cuando la persona llega, explicarle la idea de la charla y luego darle al botón rojo. El después, el momento que se abre a otros momentos. Allí se acaban las preguntas preestablecidas, la confianza está más tejida y se dan charlas como estas, hablando sobre leña:

“- Estaba pensando en lo introspectivo que me contabas de leña y hasta lo decís gráficamente con el texto que está espejado...

- A ver, me interesa. A vos, como lector, ¿qué te genera ese texto?

- Es un juego. Para leerlo se puede poner frente a un espejo o directamente mirar la próxima página, que ahí se puede leer. Es como que hay dos espejos. El que está en la otra hoja o un espejo concreto, una superficie espejada que te permita leerlo bien.

- De algún modo el fuego siempre es un espejo porque podés ver todas las imágenes del universo ahí. ¿Pero, de qué universo? Y del que tenés adentro, no de cualquiera”.