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Cultura //// 24.07.2022
La escritura como gesto, huella, deseo y libertad

En la columna semanal Informe de un día un recorrido por el acto de escribir desde María Negroni, Eugenia Almeida y Ana Navajas.

Por Inés Busquets 

Los colores del atardecer arrojan un destello de sabiduría universal. Solo un ápice del secreto que guarda el espacio y que hace muy poco difundió la Nasa.
Estamos camino a Mendoza, la primera salida desde que la pandemia llegó para modificar nuestros hábitos. Me miro, nos miro y me gusta advertir el paso del tiempo: el entusiasmo, el mate, la ruta, la música, el libro en común.
El último mes reiteré una descompostura, con dos semanas exactas de diferencia. Una especie de síndrome heredado de mi madre que requiere aislamiento voluntario. Un día entero o dos padeciendo vómitos y dolor de cabeza; es pasajero pero la única manera de transitarlo es a oscuras, en la cama, sin pantallas, ni voces, ni interrupciones. Ausencia total del lenguaje.
El tema es que cuando una se reintegra a la vida cuesta un poco adaptarse.
Cuando era chica y mi mamá pasaba por esas descomposturas mi hermana y yo también buscábamos un refugio: ella pintaba, yo escribía.
En fin, hoy me doy cuenta que todas estas manifestaciones son nada más ni nada menos que maneras de abstraerse del mundo.
¿Escribir es una forma de correrse del mundo?
A todas las lecturas posibles en la semana nunca no estoy leyendo sobre el acto de escribir.

Hace un tiempo que tengo en mi mesa de luz Pequeño mundo ilustrado de María Negroni, con este libro tengo un vínculo particular, lo leo de manera mesurada, un capítulo por día antes de dormir y a veces vuelvo al principio y lo voy leyendo mezclado.
Siempre me gustó aquel personaje de Borges, Ts'ui Pên, que todo lo abandonó para construir un libro y un laberinto. De alguna manera remitiendo a que ambas cosas eran lo mismo.

Bueno, en el libro de María creo haber encontrado ese laberinto, del cual no quiero salir. Como el cielo de esta tarde, este libro tiene categoría de infinito.
Una especie de diccionario o enciclopedia que reúne las obsesiones de la escritora, que van desde Buñuel, Baudelaire hasta las ciudades, las bibliotecas, las miniaturas.
Una voz que no sé por qué en mis estructuras se une con la de Walter Benjamin. Es decir tengo las mismas sensaciones cuando los leo, una emoción que me desborda y me inquita a la vez.

Este libro no es precisamente del acto de escribir, pero subrepticiamente sí, no sólo porque hace alusión en muchas oportunidades sino porque aquí pareciera estar la inspiración de la autora. Entre la crónica, la información, el desarrollo de cada palabra, objeto u obsesión y las citas, María ensaya un manifiesto del lenguaje atribuido a la escritura, al poema sobre todo.
El libro de María merece un subrayado completo, pero como no puedo transcribirlo todo voy a compartir algunas citas que hacen referencia a la escritura:

 "Vistas desde la literatura las afinidades entre psicoanálisis y novela gótica resultan conmovedoras. ¿No es acaso también la psiquis humana una casa atormentada por el pasado, llena de recámaras oscuras, invariablemente clausuradas, que la figura detectivesca del analista “abre”−como si fuera el alter ego de la muchacha curiosa−para construir un nuevo tipo de subjetividad?"

“¿No era la infancia, acaso, la habitación favorita del poema?”

“Así, perdida de algún modo entre la infancia y la historia, la poesía es una suerte de inversión temporal.” “Los poemas escritos son huellas en la arena.”

Estos días también leí Inundación de Eugenia Almeida, un libro que te absorbe y se desboca como un río sin diques.
Inundación me cautivó ni bien lo abrí, salí de la bella Big Sur platense, me senté en el auto y lo empecé a leer, al rato ya lo había terminado.
Es un libro fragmentado con retazos de pensamientos sobre los procesos creativos.
Expresiones que cristalizan el acto de escribir en sí mismo con sus dudas, inquietudes, obstáculos.
Hay una parte que particularmente me gustó cuando hace hincapié en una pregunta que le suelen hacer: ¿Cómo escribo? Entonces dice que responde: ¿para qué? Ya que es una pregunta retórica, solo se responde con el acto: escribiendo.
Y que desde el momento que se transforma en una potencialidad es porque supone un fin.
¿Para qué escribimos?
El libro de Almeida es síntesis e incertidumbre. Es certeza y pregunta. Es sorpresa y sagacidad.

Eugenia Almeida desmenuza aquello de lo que estamos hechos, el lenguaje y la potencia del silencio.

Inundación, al igual que Pequeño mundo ilustrado, no requiere de un orden de lectura, los capítulos se leen de manera independiente, pertinente al lector salteado de Macedonio.

Una lista de escritoras, un relato de inundación, las historias de Ray Bradbury, de Jean−Baptiste Rossi, Franz Kafka, john Cage, Irene Némirovsky, Simone Weil.

Los nombres de los capítulos están relacionados con lo que podría significar la escritura: movimiento, quimera, inundación, gesto, entusiasmo, filamento, silencio, opacidad, perseverancia.

La búsqueda de sentido confluye con la experiencia del cuerpo cuando escribe.

Aquí algunas citas: "Se escribe con el cuerpo. No se trata de una actividad mental. Se escribe con la espalda, las manos, los ojos, la nuca, las piernas.

No hay que olvidar eso: cada vez que hay escritura, es un cuerpo el que escribe.”

“Escribir implica habitar intensamente el tiempo presente. Poner el cuerpo en actitud de completa entrega.” “Retirarse del mundo para crear otros replegarse para multiplicar posibilidades, habitarse para descubrir el extrañamiento ante lo desnaturalizado.”

“Todas esas aguas.

Inundaciones.

Así es la escritura.”

Estoy en viaje y twitter me ofrece el diario de Ana Navajas de La agenda. Es un diario del que no sigo las fechas pero siempre me sorprende y lo leo en el mismo instante en el que se me aparece, lo he leído esperando una pizza, haciendo un mandado, en una reunión familiar; en este caso en la ruta a Mendoza: la velocidad implacable de la ruedas, la voz de Charly cantando “Asesíname” y penetrándose en mis entrañas.
Ana escribe y su cotidiano está teñido de escritura. Siempre hay una situación disparadora que la lleva a evocar o señalar algún escenario de su ser escritora. De ese momento del día que mereció trasladarse al papel.
Ana, vive y escribe a la vez. Me gustaría preguntarle cómo retiene la experiencia y de manera intacta la convierte en poesía.
¿Cuál es el matiz que sufren las palabras de la experiencia al papel?
En su diario escribe: "Cada vez quiero menos cosas pero tengo más deseos. Por ejemplo, cuando escribo. Quiero decir una cosa con la menor cantidad de palabras, con las más estéticas o adecuadas o con las que mejor suenen o con las que sean doradas y entonces, que después, pase esto: que el que las lea, además de sentir la cosa, pueda sentir lo otro. Mentira. Mi deseo es mucho más grande cuando escribo. Mi ambición es fundirme con la cosa, dejar de ser yo, desaparecer. Es un destello. A veces sucede. Y después, ¿qué? Después nada."

Roland Barthes dice que todo es texto, y le creo. Vivimos o vemos una escena cotidiana y enseguida la traducimos al lenguaje. Ya no importa si escrito, hablado, gestualizado.
La semana pasada fui parte de la organización de un acto en un teatro y en dos oportunidades dije: ¿cuántas páginas subimos? Refiriéndome a las sillas y ¿le pasaste la lista de los libros? Hablando de la música. Ahí está mi cabeza.
Me gusta pensar que cada minuto que transcurrimos es una nueva oportunidad para reinventarnos y descubrir múltiples maneras de contarlo.