Joaquín Gallardo: "Me parece que lo no dicho es la materia prima de la buena literatura"
Joaquín Gallardo nació en la ciudad de Neuquén en 1994 y, desde 2012, reside en Buenos Aires. Es psicoanalista, graduado en la Universidad de Buenos Aires. Colabora en medios digitales con artículos sobre psicoanálisis y literatura. Sus cuentos fueron publicados en antologías en Argentina y Colombia, y en Fanfiction volumen I (Ojo de loca, 2025). Actualmente estudia la Licenciatura en Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes.
La Agencia Paco Urondo conversó con Joaquín Gallardo a propósito de El caníbal de la fiesta, su primera novela.
AGENCIA PACO URONDO: En la novela, la transición de Julián no es hacia otra identidad como mujer, sino hacia su propia madre. ¿Cómo pensaste esa operación desde lo psíquico y lo narrativo? ¿Qué te interesaba explorar en ese desplazamiento tan particular?
Joaquín Gallardo: La transición de Julián en su propia madre era una oportunidad en dos sentidos. Por un lado, me parecía muy interesante a nivel literario contar una historia así, creo que tenía condimentos que la distinguían de otras novelas y formas de abarcar el tema de la transexualidad. El caníbal de la fiesta no es una historia sobre una persona que nació biológicamente macho y se siente una mujer, es sobre un hombre que se transforma en su madre muerta y eso cambia las cosas. A medida que avancé con la escritura de la novela, quise describir y profundizar esa metamorfosis.
Por otro lado, en el terreno del psicoanálisis, que es mi vocación y a lo que me dedico, esta forma de transicionar me permitía relacionarla con el concepto de desencadenamiento, que ocurre cuando una persona vive algo tan fuerte que la modifica radicalmente. Pero, también, da lugar a interpretar esa transición tan singular como una manera de mantener viva a esa madre que se perdió.
APU: Tanto Julián como su padre son personajes atravesados por tensiones internas muy fuertes. ¿Cómo trabajaste la construcción de esas subjetividades? ¿Partiste de conceptos del psicoanálisis o apareció después, en la reescritura?
JG: La construcción de los personajes de Julián y su padre fue uno de los puntos más simples y naturales en la escritura de esta novela porque a ambos los tenía muy claros en mí y sabía que ellos estaban posicionados en polos opuestos entre sí; casi un juego de espejos invertido. Por lo tanto, al encontrar un rasgo en Julián, de inmediato sabía cuál era, por el contrario, el que tendría su padre. También tener esto en cuenta me orientó para pensar y construir los diálogos y los momentos en que ellos interactúan. Fue algo que estuvo desde el principio de la escritura del texto, no hizo falta trabajarlo en la reescritura.
APU: La novela pone en juego vínculos donde el amor, la violencia y el rechazo pueden convivir, de una manera insana. ¿Te interesaba incomodar al lector o fue una consecuencia de llevar esos vínculos al límite?
JG: Desde mi punto de vista, es imposible pensar en qué efecto puede tener una escena en un lector, en principio porque supondría que existe tal cosa como un único lector y, en realidad, creo que hay tantos como cada persona que lea el libro. Tampoco creo que uno, como escritor, pueda manipular la emocionalidad de los lectores. Lo que sí hago es apostar a escribir historias que me interesen, que a mí como lector me gustaría leer; y si en el camino conmueve a lectores, es muy bienvenido y una gran alegría. Por los comentarios que fui recibiendo, El caníbal de la fiesta es una novela que interpeló y no les pasó desapercibida a quienes la leyeron.
APU:¿Qué lugar ocupa lo no dicho en esta familia en la construcción de la historia?
JG: Me parece que lo no dicho es la materia prima de la buena literatura. No quiero leer textos donde me expliquen cosas ni me den todo digerido. Me gustan las novelas donde la historia se va construyendo entre narrador y lector, que uno pueda ir atando cabos, interpretando pistas, donde los autores dejen asuntos a medio decir. Esa fue mi búsqueda en El caníbal de la fiesta y en el resto de las novelas que tengo escritas. Al dejar cosas a medio decir, le di la oportunidad a la gente que leyó la novela de que construyan su propia versión de la historia.
APU: Además de escritor, sos psicólogo, y eso se percibe en la densidad de los personajes. ¿Cómo dialogan en tu trabajo la práctica clínica y la escritura? ¿Dónde se cruzan y dónde necesitás que se separen?
JG: El punto de contacto entre mi trabajo como psicoanalista y mis novelas tiene que ver más con la teoría que con la práctica clínica. Los conceptos psicoanalíticos y el corpus que tengo estudiado me dan las herramientas para construir los matices y capas de los personajes. En la clínica, en cambio, escucho relatos de mis pacientes que serían inverosímiles en una novela; no puedo entrecruzar esas dimensiones.