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Cultura //// 13.12.2020
El juego vence al silencio: ¿Qué más te puedo decir Diego?

El poeta y periodista Sergio Kisielewsky reflexiona sobre Maradona: "La dinámica colectiva que nuestro líder de los potreros supo imprimir en la cancha y en la política deportiva local e internacional no va a dejar nunca de interpelarnos y de contagiar su pulso, su fuego".

Por Sergio Kisielewsky

Es de perogrullo decir que en el negocio del fútbol se ponen en juego de manera obscena millones de dólares, por contratos con los clubes, derechos de TV, propagandas de todo tipo, de remeras, zapatillas y líneas aéreas. Y no es un detalle al pasar que exista una pandemia que ya se cobró la vida de miles de hinchas de fútbol y de otras actividades tan carentes de consideración por el gran poder de las finanzas como médicos, enfermeras, operarios, campesinos, amas de casa, trabajadoras sociales, ex rabajadores de la tercera y cuarta edad, por nombrar sólo algunos sectores sociales. Lo importante para el orden de la dominación es recaudar, obtener plusvalía y cargar la responsabilidad de los muertos a los que sostienen que hay que cuidarse quedándose en casa, con distanciamiento social y el barbijo bien puesto.

Estos locos con carnet, como los definió Serrat, manejan las grandes finanzas, la industria de la guerra, los grandes medios de desinformación y tienen más de una pata puesta en el negocio del fútbol. En cambio, el espíritu deportivo que vivió y practicó Diego Maradona es el que nació de un potrero y llegó a brillar en la cumbre del fútbol mundial, no sólo porque sus jugadas marcaron un antes y un después en la práctica del deporte más popular sino que su ejemplo es único y ojalá sea imitado por jugadores y jugadoras de las nuevas generaciones. Un Diego que llegó a ser un artista, un compañero leal, solidario con sus colegas y con los que menos tienen en la sociedad de clases, donde muy pocos poseen mucho e inmensas mayorías carecen de sustento elemental para acceder al bienestar material. Si el fútbol es también la ocupación de espacios, Diego aceleró el tiempo para surcar el césped de una cancha, le dio una dinámica singular, era un jugador intratable, muy difícil de marcar, inalcanzable por su recorrido y que sólo se lo podía detener con faltas descalificadoras. Como su personalidad fuera de las canchas tampoco obedecía a control alguno, y las compañías más que sospechosas junto a las drogas inducidas, se puede pensar que desde altas esferas del poder se lo fue seduciendo para callarlo o por lo menos nublar su pensamiento crítico siempre adelantado a su tiempo. Si la ocupación de los espacios es vital para construir jugadas en el fútbol, los compañeros dentro de un mismo equipo deben estar a la altura de las circunstancias (Brindisi en Boca, Careca en Nápoles, Valdano y Burruchaga en la Selección, sólo por nombrar algunos ejemplos). También sentó un precedente: en el Mundial 1982 de España lo molieron a patadas y luego del certamen internacional se creó el Fair Play. Nadie mejor que Diego entendió una verdad siempre útil de recalcar, el fútbol es un deporte colectivo y en la mayoría de los casos nadie llega solo a meter la pelota en el arco. Pero también eso le indicó que debía brillar aún más para que todos deslumbren como si fuera un bloque único de habilidad y efectividad goleadora. No se dejó amedrentar por las patadas, dentro y fuera de la cancha, muchas de ellas disfrazadas de palabras de los bien pensantes a los que la felicidad del pueblo les trae más de un conflicto. “Maradona no es una persona cualquiera” escribió Calamaro. El Diego era hijo del pueblo trabajador y explotado. Muchos se lo señalan, como una forma de lástima que dan los que lo sugieren muerto (en verdad lo necesitan muerto). En verdad los muertos son los que necesitan mercancía, los muertos son los que no conocen el origen y el lazo social de hermandad que, a veces, crea el deporte más admirado del planeta. Porque necesitan utilizar a los ídolos para teledirigirlos, ubicarlos en redes afines para ir dejando de lado qué es jugar al fútbol de manera responsable, colectiva, pues también Maradona pedía por una sociedad más igualitaria y fraterna. Son muchas las anécdotas que circulan en estos días y circularán en el futuro. Los periodistas y maestros como Osvaldo Ardizzone, Dante Panzeri, Juan De Biase, supongo elegirían una expresión pudorosa al expresarse frente a la muerte física de semejante figura. En la literatura, por ejemplo, hay escritores y escritoras para todos los gustos, así como en la pintura y la música. Borges, Dante, Quevedo, Leonardo, Picasso y Beethoven, por tomar unos pocos ejemplos que quedarán para siempre por su legado incomparable, cada uno en su actividad artística. Sin ánimo de comparar, Maradona estará en el panteón de los futbolistas y dejo al lector que haga su propia lista de preferencias. El que escribe estas líneas, si de fútbol se trata, elije a Maradona, Maradona, Maradona…irrepetible en Boyacá y Juan Agustín García, en el San Paolo, en la Doble Visera, en la cancha de Boca, en la cancha de Newells y muchas otras. Lo saben de sobra los que lo vieron jugar a algo tan necesario y noble como ese colectivo ritual que es el fútbol, a los que fueron testigos de las proezas de un genio que nos hizo temblar, llorar, reír, cantar como si fuese eterno, como si fuese música, un poema inmortal, un abrazo con el otro en la tribuna, un grito con lágrimas.