Adolfo Pérez Esquivel: “La lucha tiene un objetivo central y es el ser humano”

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APU ENTREVISTAS

Adolfo Pérez Esquivel: “La lucha tiene un objetivo central y es el ser humano”

28 Marzo 2024

El profesor, escultor, pintor, defensor de los Derechos Humanos y premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, junto al escritor y psicólogo Pablo Melicchio conversaron con AGENCIA PACO URONDO sobre el libro Para ser humanos, que lleva la firma de ambos.

Agencia Paco Urondo: Para ser humanos es un libro que no escapa a la coyuntura actual, pero lo hace marcando que es posible cambiar ¿cómo fue el proceso creativo?

Pablo Melicchio: tomo la palabra porque tiene que ver con un deseo personal. Después de que Adolfo nos acompañó a Norita (Cortiñas) y a mí con el prólogo/ carta abierta, como lo llamó, en El lado Norita de la vida, me quedo resonando que en algún momento tenía que hacer un libro similar, de diálogo, con Adolfo. Fueron pasando los meses, los años, esto fue en el 19. En el medio hice ese libro sobre las Islas Malvinas, con los veteranos, y me parecía para armar lo que llamo trilogía de la memoria que el siguiente tenía que ser con él.

Se lo propuse y él, con esa generosidad y entusiasmo que tiene, me recibió en su casa un montón de viernes. Lo que fuimos haciendo fue trabajar algunas ideas que a mí se me ocurrían, pero en una asociación libre, donde en nuestros diálogos primó el humanismo, la amistad. Fue determinante la actualidad, pero también surgieron temas que la excedían, que tienen que ver con la historia de Adolfo, con temas que a los dos nos interesan como los Derechos Humanos, la espiritualidad, la empatía y el arte, punto fundamental de resistencia, de denuncia, y una forma de sostener la cultura.

Adolfo Pérez Esquivel: Ya habíamos compartido algo por el libro de Norita, una hermana muy querida, hace casi 50 años que nos conocemos. Cuando Pablo hizo ese libro, lógicamente que los tenía que acompañar. Después me habló de hacer un diálogo así. Aquí, en mi estudio, fuimos conversando y tratando distintos temas de la vida. Todos los días es un aprendizaje, fuimos haciendo memoria de muchas cosas que compartí con los pueblos de América Latina y el mundo. La lucha tiene un objetivo central y es el ser humano; ese hombre, esa mujer que son mi hermano, mi hermana, que nos cuestionan, nos interpelan y reclaman el derecho de una vida digna. Por eso luchamos a través de todos esos años.

Norita tiene una tragedia personal, como todos, pero ella abrió la puerta y las ventanas para que entre la luz y comprendió lo que es el drama de los otros y de las otras, lo asume con una resistencia, una actitud extraordinaria social, espiritual y política. Que Pablo haya recogido esas experiencias es muy importante y hablar de eso que compartimos es también caminar juntos por el mundo haciendo memoria. La memoria no es para quedarse en el pasado, nos ilumina el presente. No hay pueblos sin memoria, no hay personas sin memorias. Pareciera que nuestro país, hoy, la perdió. Pienso si tuvimos una derrota cultural o no supimos transmitir bien esa memoria a las nuevas generaciones.

APU: Lo primero que abordan en el libro es el rol de los medios de comunicación, en esta coyuntura.

A.P.E.: Los medios de comunicación son monocultivos de la mente. Nos quieren imponer el pensamiento único, la dominación cultural. La palabra no es vacía, es una energía. Con una palabra podemos amar y con otra podemos destruir, puede ser tan fatal como un arma. Pero hay palabras apropiadas, vaciadas de contenido y son utilizadas, como “negacionista”. Pasa en todos los órdenes y no sólo en nuestro país. Toda guerra comienzan con una palabra, una mentira, es una negación de la vida.

Con Pablo fuimos por distintos caminos, hablamos de los muros. He visto muchos muros en el mundo. Estuve en el de Berlín y pasé de un lado a otro, varias veces, pero también está el muro del Saharaui con Marruecos. Sin embargo, los muros más difíciles de derribar son los de la mente. Ese cultivo de la mente de los medios de comunicación que vacían de contenido la información para guiar a lo que a ellos les interesa. Necesitamos rebeldía cultural.

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APU: ¿Qué sería, cómo podríamos encararla?

P.M.: Creo firmemente que son agrotóxicos mentales, el exceso de información va en detrimento de un anclaje en una narrativa. Necesitamos construir narrativas. Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, los veteranos de Malvinas, Adolfo Pérez Esquivel, cuando como psicoanalista me junto con personas de esta magnitud y se construye un libro, es con la idea de anclar una narrativa y que no sea sólo información, porque eso se tapa con otra información. No da sentido sino que instala una verdad. Los femicidios, por ejemplo, pasan a ser casos, ¿quién es esa mujer que fue asesinada, cómo se llama? Hablan de cada 24 o 30 horas, un femicidio. No, estamos hablando de mujeres con nombres y apellidos, con historias.

Construir narrativas porque, de alguna manera, dan el sentido para oponer al sinsentido que instala la información. La idea que prima en el libro es recuperemos al ser humano en su inmensidad y no como quiere el capitalismo y los medios que sea: consumista, alguien que está todo el tiempo con el teléfono celular y las redes sociales. Son libros a favor de la memoria que, como dice Adolfo, nos permitan construir un presente y un futuro activo.

APU: En el diálogo coinciden en que falta espiritualidad y me gustaría que amplíen el concepto.

A.P.E.: Va más allá de la religiones. El ser humano, desde siempre, sintió la trascendencia. Desde las cavernas ya tenía esa vida interior que a través del tiempo se fue modificando, fue creciendo. No tenemos la espiritualidad de los pueblos originarios, esa relación profunda con la Madre Tierra. El ser humano ha nublado el sentido de la trascendencia.

Tuve muchos amigos de caminada como el Dalai Lama, Desmond Tutu, Leonardo Boff y tantos otros con distintas miradas de la trascendencia, ese Dios lejano, pero a la vez cercano en el espíritu. La oración es ese vínculo de trascendencia para acercarse. La espiritualidad tiene miles de rostros, es como ver en el firmamento, las estrellas. Eduardo Galiano me decía “sigamos las estrellas que nos guían aunque sabemos que nunca las alcanzaremos·.

Me acuerdo una vez con Desmond Tutu, el arzobispo de Sudáfrica en Johannesburgo, que estábamos en Brasil hablando de los grandes problemas, de la tragedia que viven los pueblos, y en un momento se comenzó a sentir el batir de tambores. De pronto, solo, le salió de adentro, se puso a bailar. Bailaba y era como una comunicación con Dios, con el universo, con el prójimo. Lo seguí y toda la gente que estaba ahí se pusieron a sambar, fue un momento de comunión en el que no necesitabas un templo.

Los pueblos indígenas que no saben de teología, que no se retiran a un convento para transformarse en místicos, tienen el misticismo, la espiritualidad, la comprensión de que el ser humano es más que materia. Teilhard de Chardin decía que nosotros estamos en una transformación permanente, no somos los que creemos que somos. Por eso la misma Iglesia no quiere publicar sus libros, como con Galileo Galilei. El camino de la espiritualidad lo tenemos que descubrir cada uno y para ser humano tenemos que conocernos. Hay gente con una sencillez extraordinaria y son los místicos de la Madre Tierra. Eso habla de otro tipo de espiritualidad.

“El ser humano ha nublado el sentido de la trascendencia”.

P.M.: Como alguien formado en la Universidad de Buenos Aires tengo la impronta del psicoanálisis, que se va a seguir sosteniendo a pesar de que el capitalismo impuso terapias breves donde parece que el camino del autodescubrimiento se puede dar en cinco días y es mentira. El psicoanálisis te lleva un trabajo muy profundo, de de ir haciendo consciente lo inconsciente, entendiendo que hay mucho que tenemos reprimido y mucho que creemos ser cuando en realidad no lo somos. Lacan decía que somos primero hablados antes que hablantes, somos hablados por la cultura, la familia, y muchas veces somos más personajes que personas. El psicoanálisis te invita a que te saques la careta y te descubras en tu verdadera dimensión.

Con los años fui entendiendo que no somos sólo un campo mental, que somos psicofísicos y existe una espiritualidad que se puede llamar Dios, energía, que cada persona le encuentra el nombre que quiera a ese gran misterio que nos excede. La religión, muchas veces, aporta un sentido. Hay algunas que te quieren imponer, es cierto. Pero hay otras que no te imponen nada, que te invitan al silencio, a la contemplación. Lo mejor que nos puede pasar es recuperar al ser humano en todas sus dimensiones.

APU: Pensaba en la figura del Papa Francisco como representante de una de las religiones mas vastas.

A.P.E.: El Papa Francisco es un hermano. Cuando viajo a Roma nos encontramos en una sala pequeña, ahí en Santa Marta, en el hotel donde vive, y conversamos distintos temas. De la patria lejana, las situaciones de pobreza, los problemas que se presentan en el mundo. Es un hombre con un sentido, una espiritualidad ecuménica. Trata de acercar a otros credos, pensamientos, espiritualidades, porque sabe que al final todo esto converge en lo mismo. Siempre digo “todos los ríos conducen a la mar”. Un grano de arena es todo lo desiertos y una estrella es todo el firmamento. Cuando hablamos de espiritualidad, también hablamos de la vida y de la muerte. Muchas veces no se habla de la muerte, se habla como una cosa negativa y sin embargo, el Subud dice que cuando uno muere se cierran las puertas de las sensaciones y las emociones, pero se abren las puertas del alma. Yo digo que ahí comienza otro Safari, no hay vida sin muerte.

Estuve leyendo al maestro Thomas Merton que señala con respecto a Adolf Eichmann, jerarca nazi que lo secuestran en Argentina, lo llevan a Israel, lo juzgan y lo condenan a la horca, y el les dice “caballeros, nos volveremos a encontrar”. Como que no asume su responsabilidad en los campos de concentración, como si estuviese libre de culpas. Hubo empresarios que ofrecieron a Hitler los hornos y le explicaron las maravillas. Uno decía “esto tiene alta tecnología, podemos acomodar 200 cuerpos. ¿Poner cómodos a las víctimas? ¿Cuál puede ser el sentido espiritual de esa gente cuando es la negación del otro, de la otra vida? Con Pablo fuimos recorriendo, tratando de profundizar algunos temas para una cosa muy simple: aprender a vivir.

P.M.: Es un libro que va en contra de las propuestas actuales, donde la gente se queda capturada en las redes sociales, hasta los vínculos amorosos son aplicaciones, son imágenes que hay que ir pasando. Es un libro hecho con mucha dedicación, nos agarraba el atardecer y seguíamos hablando en penumbras, pero iluminados por la compañía de las palabras que después yo desgrababa y fui puliendo para que el texto tenga esa riqueza y no tenga, quizás, algunas recurrencias innecesarias. Adolfo cedió unas ilustraciones maravillosas que incluye el libro. Que tiene el punto de partida en esa foto de Adolfo un poco más joven y en el cristal de su anteojo se refleja un niño pobre. Me parecía que era el punto para pensar por qué Adolfo es Premio Nobel de la Paz. Me parece que hay que seguir escuchando a personas que proponen la lucha no violenta, como también enseñó Gandhi, necesitamos paz. Es un libro para aportar un poco de tranquilidad, reflexión, habla de un montón de temas que invitan a eso, a detenerse a pensar y a no comerse este discurso cosificante donde parece que no tiene valor lo más importante, que es la vida. Por eso es un libro de a dos. Si sólo hubiese escrito una biografía, no hubiese tenido el valor que propusimos: la salvación es con los otros y con las otras, nadie se salva solo.

“La deshumanización llega a tal extremo que suplantan la vida por el dios dinero”.

APU: La editorial Marea sufrió un atentado virtual que buscaba reivindicar el momento más oscuro de nuestro país y me gustaría saber cómo contrarrestamos estos hechos o desde donde abordamos, hoy, los Derechos Humanos.

P.M.: Marea, en sus redes sociales, fue atacada con consignas en contra de la ideología y la posición ética de la editorial, que tiene que ver con los Derechos Humanos, con la reflexión en relación a la historia, la Memoria, la Verdad y la Justicia. Le dije a Constanza Brunet, la editora, que lamentaba que todavía siga habiendo discursos de odio, de negacionismo, tan instalados, pero que también esos ataques definían de qué lado estaba la editorial. Es el momento fundamental de recuperar el diálogo y no seguir estableciendo discursos de odio que llevan a violencias que están destruyendo no solamente a cada ser humano, sino a la misma Madre Tierra.

A.P.E.: Ayer abría el cuatrimestre en la Facultad y le decía a los alumnos ¿Cómo vamos a hablar de Cultura, de Paz y Derechos Humanos, en este momento que el mundo está patas arriba? Hay guerras con masacres como lo que pasa en Palestina, pero hay guerras silenciosas. Una es el hambre, que carcome a gran parte de la humanidad, cuando con pocas cosas se podría solucionar la hambruna mundial. La deshumanización llega a tal extremo que suplantan la vida por el dios dinero, por el becerro de oro. ¿De dónde partimos para tener una esperanza?

Me acordaba de un poeta francés, Rodolfo Hierón, que trabajó mucho en los leprosarios. Él escribe “nadie puede ser feliz a solas”. Para ser feliz tenemos que compartirlo, no sólo con aquellos que nos aman sino con nuestro pueblo. También conocí una monjita muy chiquitita, pero grande llamada Teresa. Ella me decía “yo no entiendo lo que hablan esos hombres de Política, de Sociología, de Economía”. Yo le sigo la corriente y le pregunto ¿vos qué entendés? Me contesta “yo entiendo una sola cosa: que hay que poner el amor en acción”.

Esa es la clave. Son dos palabras: amor y acción. Si nos falta eso ¿qué sentido tiene esta vida? Seríamos como robot. Dios nos dio, no quiso coartar la libertad del ser humano, él tiene la decisión la libertad de decidir qué hacer con su vida y como compartirla. Todo lo demás no tiene mucho sentido, si no es esa práctica permanente del amor en acción. Marx, dice lo mismo pero de otra manera. Dice “todos los filosos, los pensadores, hacen los diagnósticos en el mundo, pero lo importante es transformarlo”.