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Sociedad //// 08.12.2016
Un velorio para la ciencia argentina

Cambios en la política de Conicet. En 2017 ingresarán 455 investigadores, un número significativamente menor a los 943 que ingresaron en 2016 como resultado del último año de gestión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

 

Por Guido Mastrantonio (@gmastrantonio)*

Se trata de un ajuste brutal, porque esta disminución significa que un número relevante de investigadores en formación que están culminando su etapa inicial, se estrellarán con la pared que ahora se yergue frente a ellos. En este nuevo escenario, se los obliga a buscar destinos distintos a los previstos por un sistema de CyT en sostenida expansión como el que había cuando iniciaron su camino formativo. La temida “fuga de cerebros” comienza a encontrar condiciones objetivas para que se concrete.

No es exagerado decir que este recorte es prácticamente un despido masivo, dado que la carrera del investigador comienza antes del ingreso efectivo a la carrera. En este punto, el estado ya ha invertido ingentes recursos en becas e insumos para que estos jóvenes desarrollen entre cinco y siete años de una tarea formativa exigente e intensiva, en condiciones todavía precarias en tanto trabajadores. Tan exigente es esta etapa inicial, que deben cumplir un régimen de enorme productividad, para que al momento de postular a su ingreso estén en las mejores condiciones competitivas posibles. Es difícil encontrar en otros ámbitos -públicos o privados- un nivel similar de exigencia en trabajadores que comienzan su actividad.

Por eso es sorprendente la decisión de CONICET, puesto que habiendo asumido un esquema de recortes y pudiendo decidir por ejemplo disminuir drásticamente el número de becas iniciales o de subsidios -cosa que todavía puede pasar- da un golpe al hígado del sistema de CyT, dejando a numerosos investigadores en su etapa final de formación en Pampa y la vía, tornando más cruenta aún esta decisión.

Pero revisemos cómo es que los funcionarios de mayor rango en el MinCyT llegan a este punto. En abril de 2012, Barañao en una conferencia que brinda en el Instituto de Biología y Medicina Experimental, decía que “es posible que en la Argentina la inversión que la sociedad hace en ciencia y tecnología redunde en mejora de la calidad de vida de la población”. Una definición notable y sin dudas aplaudida por unos y otros. En julio 2015 en FM La Tecno, Barañao confesaba que las propuestas de los economistas de Macri “me ponen la piel de gallina”, además de afirmar que los países con un buen desarrollo de CyT son capaces de distribuir mejor su riqueza. Bien por el Ministro.

Más adelante, en actitud lentamente camaleónica, el 27 de noviembre 2015 cuando confirma su continuidad en el Ministerio, Barañao afirmaba que "si no hay un apoyo continuo a la ciencia no hay frutos". Sin embargo, Ceccatto recién nombrado al frente del CONICET, subordinado de Barañao, disparaba en enero del 2016 que “el CONICET hoy es inviable, necesita un cambio profundo”. Ya se daban los primeros pasos para desmontar conceptualmente el discurso que el Ministerio había desarrollado desde su creación. El mismo Ceccatto en marzo de este año, entrevistado por la UNSAM, profundizaba estos conceptos indicando que "tampoco se pueden sostener tasas de crecimiento del 10 % anual porque, en siete años, el CONICET debería tener 50.000 personas. Eso es fácticamente imposible porque ni siquiera hay estudiantes o becarios para alimentar eso." Esta afirmación ya contradecía en su sentido las metas originales de alcanzar una proporción de científicos por habitante, compatible con un desarrollo razonable en CyT (por encima de 5 por cada 1000, según parámetros internacionales).

Nadie sabía si por ingenuo o por capcioso, Neo-Barañao en mayo de este año todavía afirmaba, sobre la evolución de su presupuesto, que CyT "probablemente sea la única área del Estado que incrementa su planta". También en mayo, Ceccatto en una entrevista radial tranquilizaba informando que "la situación no es alarmante en modo alguno, en realidad hay una continuidad o incluso en algunos aspectos una mejora".

Pero en octubre, ante la inminencia del garrote y la tijera, Neo-Barañao ante la Comisión de CyT de Diputados sostenía que "tenemos que ver la manera de fomentar que la gente se vaya", reservándose cuales serían los métodos que habría de aplicar para ello. Más tarde, también en octubre, Neo-Barañao en una entrevista en el programa El Arcón de Radio El Mundo, inclinaba la cabeza ante las indicaciones de los economistas neoliberales respecto del nuevo presupuesto, sosteniendo que "los números son así, han sido analizados por gente que sabe sacar cuentas". Omite decir que las “cuentas” del próximo año prevén un aumento descomunal de los servicios de pago de la deuda externa, por decisión de la “gente que sabe”.

Ya en noviembre, luego de aprobado el presupuesto, Neo-Barañao en una entrevista radial deconstruye todo el reconocimiento que sobre sus colegas científicos había sabido prodigar hasta pocos meses atrás, profiriendo que "si simplemente vas a pagar investigadores para que aporten al conocimiento del mundo, bueno, es un gasto, porque no te vino nada de vuelta".

Y finalmente, en un abuso de autocrítica de su propia gestión, Neo-Barañao justificó la disminución de los ingresos a CONICET durante la conferencia de prensa en Casa Rosada y en palabras de su subordinado -Ceccatto- se afirma que el ingreso 2016 de 930 nuevos investigadores se hizo “con ningún criterio, se tomó la decisión de que como era el último año de una gestión se iba a dar el ingreso a la mayor cantidad posible de gente independientemente del presupuesto". Esta postura desconoce burdamente que este número fue el resultado de un crecimiento sostenido durante más de una década, que en la lógica del neo-ministro habrían sido como consecuencia de gente que no sabría sacar cuentas.

No vale la pena indagar sobre las razones psicológicas de este derrotero discursivo que supo navegar desde una CyT inclusiva, al servicio de intereses nacionales y con una mirada al territorio de la Patria Grande, hasta sus antípodas. Como mucho, podemos sospechar que la fuga de cerebros ha comenzado con los dos pertenecientes a las máximas autoridades de CyT del país.

Lo que sí es importante es la clarificación del significado político de los hitos de transformación que propone el actual gobierno para el sistema científico-técnico, como parte del nuevo sentido de lo público. Un sistema que está representado no sólo en sus proyectos de investigación y transferencia, sus universidades, sus institutos y centros de investigación, sino sobre todo en sus recursos humanos, y de manera trascendente en aquellos que comenzaron su camino de formación hace poco, porque en ellos se encuentra el horizonte de lo que podemos pretender de bueno para los años que vienen. Su expulsión, no hace sino imaginarnos a las puertas de un velorio para la ciencia argentina.

* Investigador CONICET en Salud, Docente Investigador de la UNLP, Prosecretario de Ciencia y Técnica de la Facultad de Ciencias Exactas (UNLP).