Dos meses sin José Luis Díaz: el joven al que los vecinos condenaron a muerte

  • Imagen

Dos meses sin José Luis Díaz: el joven al que los vecinos condenaron a muerte

27 Agosto 2015

Por Florencia Gordillo

José Luis Díaz y Claudio Domínguez intentaron robar el celular de un adolescente que esperaba el colectivo en la calle Chancay, barrio Quebrada de las Rosas. Fue el 11 de junio a las 7 de la tarde. El adolescente se resistió y en medio del forcejeo, uno de los asaltantes sacó una pistola de juguete para apuntarlo. Pero el arma cayó al suelo y se partió en tres pedazos: no servía para intimidar, mucho menos para matar.

Claudio decidió correr y esconderse en una cancha que hay a pocos metros. José Luis y el adolescente siguieron peleando hasta que los vecinos lo rodearon. Le sujetaron los pies y las manos, después lo ataron a un poste para golpearlo en la cabeza durante quince minutos. “Sentí un dolor grande en el pecho todo el día. A la noche vinieron a casa un amigo de él y un primo, me dijeron que a José lo había agarrado la Policía. ‘Éste volvió a robar’ fue lo primero que pensé. Pero después me llamó mi hermano y me dijo ‘para mí está muerto’”, contó Isabel mientras recordaba el día que lincharon a José.  La autopsia reveló que más del 90 por ciento de los golpes estaban concentrados en la cabeza. No hubo un golpe más fuerte o más lesivo en sí mismo que otros. Habrían participado por lo menos 15 personas, probablemente más de 20.

El adolescente, al que finalmente no le robaron el celular, fue el único que encontraron cuando llegó la ambulancia. No participó de la golpiza. Los médicos llegaron junto con la policía 40 minutos después de que empezaran a lincharlo. No había nadie y no tomaron ni testimonios ni datos. José Luis falleció después de 13 días, el 24 de junio. Como el cuerpo estaba sano su madre decidió donar todos los órganos, incluido el corazón. Lo recibió un niño de 12 años.

Soldaditos

Al rayo del sol, amigos y familiares de José Luis Díaz pintaron dos murales. En uno dibujaron su cara de todos colores. José Luis tenía los ojos achinados y las orejas grandes. Flaco, alto y narigón, bien morocho. El otro mural reflejaba la involución humana en cuatro pasos: un hombre comienza a encorvarse hasta que se vuelve un mono con un garrote a punto de golpear al hombre atado a un poste. “Mira, ahí está el José. Los de atrás son soldaditos que marchan”, dijo el “Mano” –primo de la víctima- cuando vio el último dibujo. “Un negro menos, veinte asesinos más” decía al lado.

Con la gorra para atrás, Héctor –padre de José Luis- cavó un pozo frente al poste en Chancay y La Tablada. Hizo la mezcla y enterró una gruta de cemento donde después pusieron una foto de su hijo, flores y una cruz. “Paso todos los días por acá para irme a trabajar. Miro y siento dolor”, dijo. Los familiares prendieron velas y un cura bendijo la gruta.

“A mí no me sirve nada de lo que están haciendo”, dijo Sofía, prima de José, aunque ella se presenta como su hermana favorita. A José lo crió Isabel –hermana de Héctor- por eso se confunden los vínculos familiares donde todos se sienten hermanos. “Le daba plata a su papá, a su hermano, a su sobrino. Él quería ayudar a todo el mundo y ¿a él quién lo ayudó? Si no les dan trabajo, van a salir a robar. Si nadie le da una oportunidad ¿qué va a hacer?”, describió Sofía con bronca. Está enojada porque su hermano volvió a robar. Cuando salió de la cárcel, en marzo, le había prometido que no volvería a caer pero el único trabajo que consiguió fue en una obra en construcción donde no le pagaban.

A pocos metros de la esquina donde pusieron la gruta, vive Lucas Lezcano. El mismo día que velaban a José, Sofía recibió un mensaje por Facebook: “Yo soy uno de los que mató a tu hijo, mil veces lo mataría”, escribió Lucas. No atendió la puerta, al igual que todos los vecinos de la cuadra, tenía las ventanas cerradas y las luces de afuera apagadas. Una señora que caminaba por Chancay dijo estar preocupada porque la violencia está instalada en la sociedad. “Eso –refiriéndose al linchamiento- le puede pasar a cualquiera, te confunden con el que robó y fuiste”, afirmó.

Hay siete imputados: negaron los hechos y se abstuvieron a declarar. “La causa está encuadrada en el art. 95 del Código Penal –homicidio en agresión- que establece una pena atenuada entre 2 y 6 años. Ayer declaró un testigo que aporta datos sobre cómo sucedió el hecho. Vamos a pedir que cambien la carátula a homicidio agravado por alevosía, porque se redujeron las posibilidades defensivas de una persona, por lo cual los autores del crimen actuaron seguros, sin correr riesgo. También por ensañamiento, fue un sufrimiento excesivo”, declaró Carlos González Quintana, abogado querellante.

Los vecinos se convirtieron en jueces, determinaron que había ocurrido un hecho delictivo, quién era la víctima y quién era culpable. También le impusieron una condena.

El 22 de septiembre se cumple un año y medio de la muerte por linchamiento a David Moreira en Rosario. El 24 se hará una jornada afuera de los tribunales de esa ciudad para continuar con el pedido de justicia. Habrá intervenciones culturales y una radio abierta. Norberto Olivares -abogado de la familia de David- dijo que el caso todavía está en la etapa de investigación, están recolectando pruebas. Isabel y Héctor esperan viajar a la jornada.