fbpx Capitanich: "El marco institucional no da espacio para debatir políticas dentro del Frente de Todos" | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Política //// 18.02.2022
Capitanich: "El marco institucional no da espacio para debatir políticas dentro del Frente de Todos"

El gobernador de Chaco y posible candidato presidencial en las PASO 2023, propone debatir los problemas estructurales argentinos, la necesidad de reformar la Constitución y la Corte Suprema. "Debemos pensar que el sistema de distribución de la tierra en Argentina fue de alta concentración, en una oligarquía terrateniente, de base parasitaria", sañaló.

Por Santiago Gómez
Desde Salvador de Bahía

El gobernador de Chaco, Jorge Capitanich, manifestó la posibilidad de competir como candidato a presidente en las próximas elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias del Frente de Todos. Propone debatir cuestiones estructurales que afectan a la economía, como la distribución de la tierra, la necesidad de una reforma de la Corte Suprema de Justicia y la Constitución nacional. Considera que un problema del Frente de Todos es no haber institucionalizado su organización. “Le llevé una propuesta a Wado, se lo transmití a Alberto, pero no prosperó”, señaló. El gobernador considera que a nivel mundial “la contradicción es entre democracia y corporaciones, que supera el liberación o dependencia, que supera el patria o colonia”. Capitanich está a favor de sacarle el subsidio energético a quien no lo necesita, señaló que existen ambientalistas que quieren que seamos una economía pastoril y comentó sobre sus posteos bíblicos en redes sociales.

El llamado de Capitanich a un debate sobre los problemas estructurales de la Argentina coincide con el debate que desde la Agencia Paco Urondo estamos llevando adelante sobre desarrollo productivo sustentable. El gobernador es contador, hizo una maestría en economía y política, fue jefe de gabinete de Eduardo Duhalde cuando se puso fin a la convertibilidad y ocupó el mismo cargo durante el gobierno de Cristina Fernández, entre fines de 2013 y principios del 2015. Entre 2001 y 2007 fue senador por la provincia de Chaco. En 2003 apoyó la candidatura de Néstor Kirchner, fue candidato a gobernador y perdió. En 2007, sin el apoyo de Kirchner, fue electo gobernador y fue reelecto en 2011. En 2015 fue electo intendente de Resistencia, difundió en sus redes sociales imágenes que recordaban a Kirchner intendente, se mostraba paleando basura en las calles y colaborando en alguna obra pública. En 2019 fue electo gobernador de Chaco con el 45% de los votos. Es autor de dieciocho libros, los cuales versan sobre economía, política y gestión estatal.

Quien escribe sólo leyó uno de los libros de Capitanich, “Kirchnerismo. Desde las tensiones estructurales hacia la construcción del futuro”, publicado en 2011 y que me lo regaló en una visita Paula Sartor, subsecretaria de salud de Chaco. Tanto por el libro, como por la entrevista que nos concedió, Capitanich se muestra como un candidato moderno que considera que es necesario “articular un modelo de construcción de poder político basado en liderazgos cualitativamente diferentes, destinados a concentrar tres atributos indispensables: la ética de la convicción y de la responsabilidad, en el sentido weberiano del término; la estética como medio adecuado para transmitir a través de las imágenes la acción práctica de la política hasta el camino de la esperanza; y la poética, donde la palabra adquiere el valor de la empatía emocional que subyuga e invita al sueño colectivo, a la construcción de utopías”, según escribió en el libro citado.

Considerando los problemas estructurales de falta de divisas que nuestro país enfrenta, las dificultades en la coordinación política dentro del Frente de Todos, y queriendo conocer cuál es la propuesta que Capitanich tiene, caso sea candidato, le solicitamos una entrevista donde pudimos conversar extensamente sobre alguno de estos asuntos.

AGENCIA PACO URONDO: Al colocarse como posible candidato a las PASO usted deja en evidencia que tiene una propuesta distinta dentro del  Frente de Todos para solucionar los problemas argentinos. Usted llamó a un debate sobre los problemas estructurales argentinos, señaló que hay un problema histórico que no tiene solución, que es la distribución de la tierra, pero aún así Argentina tendría la opción del desarrollo de un modelo industrial, productivo. ¿Cómo es el modelo que usted está pensando para que Argentina pueda afrontar sus problemas estructurales, como la restricción externa, considerando que si usted fuese candidato y ganase las elecciones deberá afrontar los pagos al FMI?

JORGE CAPITANICH: Este es un período de reflexión, aún no tomé una decisión, pero como dirigente político de un espacio como el Frente de Todos es necesario entender que el análisis de los problemas que cada uno tiene en las provincias, en las regiones, en el país, forma parte de un compromiso de carácter colectivo y esto no es en detrimento de nadie, sino hacerlo de una manera respetuosa, como corresponde en democracia. Tengo una excelente relación personal con el presidente y la vicepresidenta, la mejor relación con los funcionarios del gobierno, pero esto va mucho más allá, porque forma parte de una reflexión en base a la militancia política acreditada por muchos años.

Sobre lo primero que creo debemos reflexionar es que Argentina vivió tres tensiones estructurales que condujeron a tres profundas asimetrías: la tensión entre gobernabilidad y calidad institucional, tensión entre estabilidad macroeconómica y crecimiento, y la tercera es la tensión entre inclusión social y distribución del ingreso. La dinámica permanente de estas tensiones degeneró en tres asimetrías permanentes en la distribución espacial del ingreso, entre las distribución funcional del ingreso y en la distribución intertemporal del ingreso. En doscientos años de historia argentina estos problemas se profundizaron en distintos escenarios, se corrigieron y estas políticas tendieron a corregirse o a agravarse.

En primer lugar, debemos pensar que el sistema de distribución de la tierra en Argentina fue de alta concentración, en una oligarquía terrateniente, de base parasitaria, que indujo a una industrialización tardía, que era una alianza estratégica con Inglaterra en el marco de la división del trabajo, un proyecto agroexportador con alta exclusión social. La distribución de la tierra es el germen del problema. ¿Eso lo podemos revertir? Bueno, tenemos un problema de limitación a la propiedad extranjera de la tierra, tenemos debilidad desde el punto de vista de la imposición tributaria a la propiedad. El impuesto inmobiliario rural y urbano está descentralizado en las provincias, en virtud de que se trata de un impuesto directo y esto está en compatibilidad con los artículos 4 y 75 de la Constitución.

Hay un gravamen asimétrico en virtud de la valuación de la tierra en distintos lugares y ahí es donde vienen los mecanismos de imposición. ¿Por qué es una tarea compleja? Porque los que son productores agropecuarios se quejan de la carga tributaria por los derechos de exportación y en consecuencia eso genera puja entre el derecho a exportación que se centraliza en la nación y no se coparticipa y la capacidad contributiva propia del gravamen al impuesto patrimonial. Ese es un tema que en Argentina no se debatió en profundidad. Lo que queda claro es que hay una subvaluación desde el punto de vista patrimonial y una recaudación insuficiente en provincias y municipios, derivando esa transferencia al Estado nacional, agravando asimetrías en la distribución espacial del ingreso.

Pero tenemos tres restricciones, primero la restricción externa, tenemos insuficiencia en oferta de divisas en el mercado formal, pero excedente de divisas en el mercado informal. La inestabilidad cambiaria, que es la fuente de nuestra inestabilidad macroeconómica de orígen crónica, genera un déficit del sostenimiento de ciclos, ciclos de stop and go, es decir, de estabilidad y crecimiento.

Hay dos opciones: políticas de shock o gradualismo. En política de shock tiene que combinar  múltiples variables para que efectivamente exista un shock de estabilidad, para que implique un aumento de oferta de divisas, para que eso genere un modelo de convergencia, porque los tipos de cambio múltiples son necesarios en el corto plazo, pero tendería a nivelarse cuando las productividades tiendan a integrarse en cadenas de valor.

Pero para eso tenemos que tener dos temas resueltos, logística integrada y energía. ¿Cuánto tenemos de pasivos remunerados en el Central? Casi US$46.000 millones en pesos. ¿Qué propongo? Plan energético, necesitás no menos de US$ 10.000 millones, para generación de energías, eólicas, solar, para bajar el precio de referencia de la energía en el mediano y largo plazo, con el objeto de potenciar las cadenas de valor. Argentina tiene una masa de recursos calzados con cargos específicos de largo plazo que podés usar. Si vos tenés control de cambios y restricción, qué hacés con los excedentes en pesos, los tenés que invertir y sino tenés un problema de causación circular especulativa. Tenés que transformar esos pesos en producción de bienes, presentes y futuros, para establecer un equilibro macroeconómico de largo plazo.

¿Esto se resuelve sólo declamando? No, necesitamos debatir una reforma constitucional, la integración de una Corte Suprema de carácter federal, los mecanismos de distribución de la capital. Francia debatió monarquía, república y en Argentina no pudimos debatir en profundidad estos asuntos.

APU: Usted destaca un problema real que es la restricción externa, señala que partimos de un problema estructural que es la distribución de la tierra y tenemos que lidiar con las consecuencias de eso. Hay un problema con ese sector que concentra las divisas y es que frente a la restricción  externa señalan que si tenemos falta de dólares no deberíamos producir, sino importar, porque sale más barato. También quieren el salario lo más bajo posible, porque también impacta en importaciones. Las veces que más cerca que estuvimos de una distribución más justa del ingreso, una bombardearon la Plaza, la otra desaparecieron 30.000 y la última la vivimos en el 2008. Cristina en Sinceramente llamó a un Gran Acuerdo Nacional, lo que usted también considera necesario. ¿Cómo se acuerda con un sector para el cual el desarrollo industrial es contrario a sus intereses? ¿Cómo se les hace entender que no?

JC: No cabe la menor duda de que nadie se rinde a la entrega de sus propios privilegios por una cuestión patriótica, eso no ocurre en ningún lugar del mundo y no va a ocurrir en Argentina. Eso también tiene que ver con el soporte de una masa crítica de poder y la capacidad de persuadir y convencer a ciertos actores. Una cuestión preocupante en la Argentina es la hiperconcentración del 3% de mayor nivel de ingresos, que generan una influencia decisiva en el sentido común de por lo menos el 50% de la población y eso sí me preocupa, porque promueve el languidecimiento de la capacidad de la acción colectiva de una sociedad marcadamente heterogénea.

Los movimientos como el nuestro, nacional, popular y democrático, lo que hacen es conducir una sociedad heterogénea a través de una cadena de equivalencias en base a un liderazgo en virtud de un rumbo determinado. Si uno toma de la revolución industrial para acá, las sociedades son cada vez más heterogéneas, no más homogéneas. Si bien hay una mayor concentración urbana que genera ciertas condiciones de homogeneidad, desde el punto de vista del asentamiento territorial, la verdad es que la sociedad representa muchas heterogeneidades que no son fáciles de representar desde el punto de vista político.

Si uno toma los últimos 38 años de democracia del bipartidismo clásico PJ-UCR, desde la fórmula Alfonsín – Martínez / Luder – Bittel y ve qué quedó hasta la última fórmula Macri – Picheto / Fernández – Fernández, claramente hubo una transición del bipartidismo clásico, pasando por multipartidismo moderado, hasta lo que se denomina coaliciones opositoras. A nivel mundial lo que vemos es que hay una hegemonía de base neoliberal, que promueve una agudización de la confrontación ideológica. La contradicción es entre democracia y corporaciones, que supera el liberación o dependencia, que supera el patria o colonia. Eso genera una polarización ideológica y una clara división entre incluidos y excluidos. Los incluidos se vuelven conservadores y los excluidos están fuera del sistema.

Estamos en Argentina ante la necesidad de promover un debate preciso, que no asuste a nadie, que es una reforma constitucional, con un nuevo diseño del sistema republicano. ¿Desde cuándo tenemos república en Argentina? ¿Podemos plantear desde  1862? Y… con dudas. ¿1880, con Constitución aceptada por todos, sistema republicano y federal de gobierno? Pero con un voto masculino, calificado, que después se  extendió con la ley Sáenz Peña en 1912 que erigió a Yrigoyen presidente en 1916. ¿Mitre fue un líder democrático y republicano en 1862 con el 4% de los votos calificados? Y... la verdad es que no era de una representación popular. Discutamos en serio.

APU: Para enfrentar a esos sectores se necesita fuerza, que en el peronismo eso se llama capacidad de movilización social. Están resistiendo la reforma judicial, consiguen convivir con cuatro jueces en la Corte Suprema ¿Cómo piensa esa construcción política para dar la batalla por la reforma constitucional, dar ese debate en serio, rever cuestiones en relación a la tierra?

JC: En un proceso de debate abierto con la ciudadanía y en la participación en las PASO, ese sería el método. Es el voto popular el que da legitimidad de origen a un proyecto político y no a la inversa. Hay que poner todas las cartas sobre la mesa y discutir lo que hay que discutir. Uno puede estar de acuerdo o no con Milei, pero él dice lo que piensa. Todos tienen que decir lo que piensa, de izquierda a derecha. La ciudadanía va a expresarse respecto a la capacidad de entender lo que piensa el otro, no tenemos que invalidarlo, todos los actores piensan y tienen intereses distintos y dispersos. El problema central es cómo concatenar esa cadena de equivalencias en una sociedad heterogénea. Para la Argentina el modelo político resulta inviable en el largo plazo por un problema de descrédito y de confianza si no corregimos los problemas de estabilidad macroeconómica y distribución equitativa de la riqueza.

Esto que vos decías del salario, el salario fue una variable de ajuste extraordinaria entre 2015-2019. Recuperar el salario es una condición sine qua non, teníamos el salario mínimo más alto de América Latina y ahora debemos estar entre el quinto o séptimo. No puede ser el salario la variable de ajuste, porque mide calidad de vida para la competitividad global de una sociedad.

Yo no digo que esto se arregla de un día para el otro. En el ejercicio de rol de líder político ¿Qué tiene que hacer un presidente? ¿Cómo resuelve el precio de los bienes y los servicios? El precio de los servicios los puede regular, pero si los regulás en términos de rentabilidad tenés que plantear un componente de subsidios y afectás el resultado fiscal. Es bueno establecer un shock redistributivo de una tarifa social para estratos de menores ingresos pero sería bueno tomar la decisión conforme un sistema de información correcta y eficaz, como puede ser un sistema de medición electrónica de datos para consumo de energía, agua potable, con el objeto de direccionar muy bien a dónde tenemos que llegar. En el caso de bienes cuál es el problema que tiene Argentina, una hiperconcentración en pocas empresas, sobretodo en producción de alimentos.

En mi provincia trabajo para producir frutas, verduras, leche, carne, huevos, productos panificados y les digo para expandir esto para tener una base productiva de satisfacción de la demanda alimentaria con producción propia. Lo hacemos pero cuesta mucho, porque no es fácil.

APU: ¿Cuál es la gran dificultad, porque hay sectores que proponen que la agricultura familiar es la solución a todos los problemas?

JC: Primero que tienen bajo nivel de capitalización, alto nivel de exposición al riesgo climático y un esquema donde la rentabilidad no es siempre favorable. Con alta incidencia de clima y baja productividad relativa las pérdidas son mayores y cuesta recuperar. Alguien que tenga 3 mil, 5 mil o 7 mil hectáreas distribuyo mejor el riesgo, el riesgo climático, el riesgo precio, el riesgo tecnológico. Alguien que tiene una concentración en una pequeña parcela no puede distribuir simétricamente ese riesgo y ahí es donde tiene que estar el Estado y donde tiene que acompañar.

Nosotros tenemos 103 consorcios de servicios rurales, compramos tractores, herramientas, maquinarias, para que se promuevan los procesos de roturación del sueldo y capacidad productiva, pero nos falta mejorar el sistema de almacenamiento, nos falta aumentar y mejorar más la capacidad productiva. ¿Se mejoró, identificamos nuevos actores, incorporado al proceso productivo? Si ¿Cambiamos la matriz de forma estructural? No. Nos pasa lo mismo en la producción bovina o caprina. Tenemos 600.000 cabezas caprinas, estamos exportando, pero necesitamos aumentar a un millón. En materia porcina necesitamos aumentar de 300.000 a un millón, con distintos mecanismos  productivos que sean sustentables.

Hay muchas ONG ambientalistas, que son fundamentalistas, que nos excluyen de toda capacidad productiva y promueven una economía simplemente pastoril. Creo que hay que tener desarrollo territorial sostenible y en ese sentido estamos trabajando en Chaco con un sistema de blockchain para que nos consideren acreedores ambientales, pero que nos paguen. Los países industrializados nos tratan a nosotros de deudores seriales financieros, pero nosotros somos acreedores ambientales. Queremos que el mundo desarrollado e industrializado que destruye el ambiente nos pague por el oxígeno que producimos.

APU: Déjeme preguntarle sobre el aspecto de las criptomonedas. Charlie Munher, socio de Warren Buffett en Berkshire Hathaway, declaró esta semana que Estados Unidos debió haber prohibido las criptomonedas. China no las permite. Es una moneda que no tiene respaldo ¿Por qué usted la respaldaría?

JC: El tema de las criptomonedas no está regulado por ningún Banco Central, lo que yo estoy planteando es una moneda de tipo digital, así como hay billetera electrónica, que la moneda de curso legal pueda estar depositada en una cuenta pero que la circulación sea toda electrónica.

APU: Si pero la empresa con la que se reunió hace minación de criptomonedas con energía renovable.

JC: Sí, pero en mi concepción el concepto que yo tengo de moneda digital es un peso convertible en moneda digital para las transacciones, sólo sustituye la transacción de curso legal de papel, sólo por una cuestión tecnológica.

Coordinar el Frente de Todos

APU: Vemos que el FDT tiene algunos problemas de organización, se muestran diferencias públicamente y se resuelven cuestiones por carta. Así como hay problemas estructurales con los que quien gobierne deberá lidiar, hay una actora política con el que va a tener que lidiar en caso que sea presidente y es Cristina Fernández. La persona con más caudal de votos no está en el ejecutivo. ¿Cómo cree que se resuelve la cuestión?

JC: Eso implica la validación del voto popular respecto al ejercicio del liderazgo, a parte no hay que descartar nada en Argentina hasta el 2023, ni siquiera que Cristina sea candidata, eso nadie lo duda. Siendo o no candidata, lo importante es que estos temas se debatan.  ¿Cuál es el problema que tenemos? Antes de que Alberto asuma la presidencia le transmití que me parecía que había que organizar institucionalmente el Frente de Todos. Siempre transmito una cuestión que Perón decía: la unión soviética tuvo diferentes etapas, la toma del poder con Trotsky, la etapa doctrinaria con Lenin, la etapa dogmática con Stalin y la etapa institucional con Kruschev. Nosotros no tuvimos la capacidad de organizar institucionalmente el FDT.

Le llevé una propuesta a Wado, se lo transmití a Alberto, pero no prosperó. También les transmití la idea de organizar el justicialismo como partido orgánico de otra manera. El justicialismo tiene la particularidad de que el presidente es el conductor estratégico del espacio. Siempre hay una tensión entre partido, como herramienta electoral, y movimiento como dinámica de interacción de múltiples actores. Nuestra característica es que somos movimentistas, no tenemos un encasillamiento ideológico marcado, nos basamos en una doctrina con grandes principios y una metodología de construcción y de soporte de poder político.

Estamos en un reduccionismo discursivo y un reduccionismo del debate público. Muchas veces el debate se da a través de los medios de comunicación, en virtud de que el marco institucional no nos da el espacio para debatir políticas dentro del partido ni del frente.  Conclusión: cuando no hay espacios de profundización del debate las válvulas de escape tienen que ver con participación electoral, cuando eso no debería ser así.

La palabra de Dios

APU: Desde la década del ochenta América Latina convive con la expansión de la Iglesia evangélica, con los temores que eso causa, después de la elección de Bolsonaro en Brasil. Usted postea en sus redes versículos de la Biblia. ¿Cómo piensa la relación entre religión y política?

JC: Tengo una creencia muy arraigada, soy católico apostólico romano, tengo prédica y obviamente soy muy respetuoso de todas las religiones. Nuestro espacio es unidad en la diversidad, coexisten creyentes y no creyentes, personas a favor y en contra del aborto, nosotros tenemos que ser capaces de respetar las posiciones desde una perspectiva amplia y abarcativa. En nuestro gobierno tenemos equidad de género, planificamos una participación muy activa de una visión feminista, pero también integramos a sectores evangelistas, católicos, no creyentes. Hay una notoria separación entre Estado y religión en la República Argentina, en las provincias los niveles de incidencia son distintos. En los grandes centros urbanos las creencias no están tan arraigadas como en provincias, en las que hay una identidad que hace a cada provincia, donde las creencias religiosas son un brebaje importante de la identidad de las personas.

Cuando se debatía el modelo educativo en la Argentina, siempre el debate estuvo con dos posiciones, por un lado una elitista, para la formación del sistema educativo de la clase gobernante, la visión mitrista, y otra visión de base popular que tenía que ver con tres objetivos: la educación como base para la coalición social, como base para la identidad nacional, la educación como base para la estabilidad política. La religión, las creencias, forman parte de la identidad de nuestra sociedad, por lo tanto hay que tenerla en cuenta.