La pluralidad del exilio y el tiempo argentino

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La pluralidad del exilio y el tiempo argentino

10 Febrero 2016

Por Conrado Yasenza*

La directora de Radio Nacional Ana Gerschenson, designada por el titular del Sistema de Medios Públicos Hernán Lombardi, dijo en el programa de la primera mañana de la emisora, Febrero 2016, que Radio Nacional – y de ello se desprende, el sistema de medios públicos también – son "medios de un gobierno elegido democráticamente". Mal comienzo de gestión para la flamante directora, que es periodista egresada de una universidad pública (UBA) por lo que tendría que tener bien diferenciadas las nociones de Estado y Gobierno.

Los medios públicos son del Estado, concepto político que abreva en textos fundamentales como, por ejemplo, “El Príncipe” de Maquiavelo, del cual se desprende la noción del Estado como el todo que organiza a través de la división de poderes la vida de un conjunto de ciudadanos. El ágora moderna, actual, es ese campo de intercambios culturales y simbólicos donde el carácter de público es central. La radio pública, entonces, no puede ser considerada propiedad de un gobierno, menos aún, propiedad de un gobierno elegido democráticamente.

Las funciones ejecutivas son las que comprenden al Gobierno que es quien tiene la responsabilidad de velar por el cumplimiento de las leyes emanadas del debate, cuya aprobación y sanción es especificidad inherente a la existencia del Congreso Nacional.

En ese sentido, la expresión de Gerschenson "tengo derecho a revisar mis tuits" – que en el video que circula por portales de noticias y redes sociales se transforma en “ vos Jorge (por Halperín) te revisamos el twitter y me agrediste”-, se exhibe como una argumentación demasiado frágil para, por un lado ocultar la trama real de lo acontecido: Los tuis revisados fueron los de los periodistas cesanteados; y por otro, cerrar las defensas en torno a la política de despidos generalizados que el gobierno de Cambiemos ha desplegado con la furia técnica de los gestores que no reconocen suelos, patrias ni culturas. Esos despidos llevan la marca del revanchismo y la persecución ya que el origen es una filiación o simpatía con un partido político o con una línea de gobierno anterior. La discusión en torno a la rescisión de los contratos que figuran como “artística” – aquellas figuras periodísticas que contrata la emisora mediante un acuerdo de partes y sin concurso – o el desconocimiento directo de contrataciones pre-existentes, sigue la guía argumental del despido ideológico que es rastreable en la persistente descalificación realizada desde medios y sectores de la política sobre periodistas que hasta fueron denunciados penalmente como "instigadores y determinadores del delito de incitación a la violencia colectiva en perjuicio tanto del Grupo Clarín como sus directivos en particular”. Tal fue el caso de Roberto Caballero, Nora Veiras, Javier Vicente, Sandra Russo, Edgardo Mocca, Orlando Barone y un invitado eventual al programa 678, el director del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, Eduardo Jozami.

¿Es aceptable que debamos naturalizar que para poder conservar un trabajo debemos dejar de lado lo ideológico –negarlo o mesurarlo- anulando una de las manifestaciones intelectuales esenciales para la construcción crítica de la subjetividad en el ser?

Estas acciones chocan – cuando no intentan arar el terreno para la cosecha futura - con la vacua retórica republicana pregonada por Mauricio Macri y sus “equipos” durante la campaña presidencial y el balotaje. Hay que decir que sí hizo expresa la voluntad de erradicar del espacio televisivo público el programa 678, formato que trabajaba sobre el análisis de los discursos periodísticos, y en el que oficiaban de panelistas y conductores, Nora Veiras, Cynthia García, Mariana Moyano, Carlos Barragán - anteriormente Luciano Galende- , quienes forman parte de los trabajadores despedidos de Radio Nacional junto a otros periodistas como Roberto Caballero, Jorge Halperín y Javier Vicente.

Si como señala Gerschenson, la presunción de existencia de listas negras es inadmisible como también es delirante pensar en persecuciones ideológicas ya que “hay periodistas de la gestión anterior que van a seguir este año”, es pertinente preguntarse sobre los condicionamientos que tendrán que aceptar quienes sigan al aire. ¿Es el mayor apoyo físico, corporal, verbal, en la defensa de la Ley de Medios Audiovisuales, en la presencia en las Plazas; la firmeza explícita en las denuncias sobre los turbios negocios de Clarín o de la apropiación de Papel Prensa, en la adhesión abierta al kirchnerismo, el distingo para que algunos sean discontinuados y otros sigan en la programación de nacional? ¿Son mejores profesionales unos que otros? ¿Talla la mesura y la denuncia tangencial para asegurar la permanencia? ¿A quiénes se les revisa el twitter y por qué? Por qué es pertinente la pregunta. Se sabe, el periodismo militante – cuya existencia se remonta a Mariano Moreno y La Gaceta de Buenos Aires – es una categoría inaceptable para Cambiemos, siempre que se milite en contra del “cambio”. En el contexto actual de fuerte concentración de medios y opiniones, con una futura ley de medios audiovisuales confeccionada a la medida de Clarín-Cablevisión- Nextel y Telefé- Telefónica y con la pauta publicitaria en manos de un único partido de gobierno, los despidos de los trabajadores de los medios públicos – rotulados de periodistas militantes/militontos/rochos/ñoquis- es una sentencia de exilio profesional. 

Macri y Lombardi expresaron en diversos programas televisivos y radiales que en los medios públicos “deben convivir todas las voces”. Ante los hechos descriptos cabe preguntarse cuáles serán las voces plurales para conformar esa programación coral y amplia que proponen Lombardi y Genscherson. Será posible la realización de esa proclama liberal ante el torvo clima de revanchismo político con el que se pretende sellar la tan mentada “grieta” – una construcción semántica de inestimable potencia -. Lamento escribir esto, pero la función de la nueva directora de Radio Nacional se asimila más a un comisariato político que a la dirección de un medio público. Esa tipificación alusiva al stalinismo fue el “caballo de Troya” que utilizaron los grandes medios de comunicación junto a todo el arco político opositor para derrumbar no sólo el prestigio de una radio que llegó a colocarse, por la calidad de su programación, entre las tres emisoras de AM más escuchadas, con la consecuente orfandad de una audiencia que no halla interlocutores, sino para derrocar un proyecto político que intentó, con muchos errores, el camino más difícil, el de revalidar la centralidad de un Estado que diseñe políticas de inclusión social, cultural y económica.

Asumir ese cargo en representación de un gobierno que ha violado la legalidad, eliminando por decreto una Ley de Medios Audiovisuales votada por mayoría de congresales y ratificada por la Suprema Corte de Justicia, no es un síntoma auspicioso del “arte del acuerdo”.

Se puede discutir si la ley es del agrado o no de Cambiemos, hasta es posible debatir sobre las fallas en las decisiones políticas junto a las dilaciones originadas en centrar la importancia de la ley en la “batalla cultural” contra Clarín. Lo que no puede desconocer Genscherson, salvo que esté de acuerdo con la política de derribo de leyes, el gobierno vía decretos y la parálisis del Congreso, es que la legitimación de su representación nace jaqueada.

¿A qué le temen Macri, Lombardi y Ana Gerschenson? ¿A la crítica, a las voces disidentes que ya casi no hallan medios para expresarse? Y esa crítica, qué podría señalarles: La brutal transferencia de ingresos de los sectores populares a los sectores concentrados de la economía, los despidos a mansalva, la ceocracia que atiende a ambos lados del mostrador del cambio, la represión, la violación de un acuerdo fundacional para la democracia argentina post-dictadura cívico-militar como lo es la política de Derechos Humanos, la desideologización, la despolitización, el retorno a la economía pro-mercado y la re-occidentalización de la región, la persecución - ahora en serio - a periodistas y trabajadores en general – hay que destacar que hasta el momento Milagro Sala sigue presa bajo la forzada carátula de “asociación ilícita”, una figura judicial a la cual el gobierno de Gerardo Morales recurrió ante la inexistencia de causa real -, el desempleo, la funambulesca experiencia de revivir un ciclo de endeudamiento económico que termina en estallido social, la contradicción o el cinismo del slogan “Pobreza Cero”.

Quizás el santo y seña de la pretendida polifonía de voces que empuña el gobierno al cual representa la directora de Radio Nacional funcione como campana de silencio confortablemente acompañada por las modulaciones de una frecuencia en la que la música no responda a la proposición filosófica de Nietzsche, aquella de que la vida sin música es una tragedia. Tan trágico como vivir anestesiado, aturdido o asustado.

O tal vez, como sostienen algunos, sólo se trate del debate social permanente que supone la democracia y pasadas las elecciones un nuevo partido de gobierno impone condiciones radicalmente opuestas para afirmar su mandato.

Mientras termino de escribir esta nota me llega el comunicado de los trabajadores del diario Tiempo Argentino en que se informa que la comisión interna del diario “requerirá una audiencia con funcionarios del gabinete nacional para solicitarles que informen las deudas que mantienen con la empresa que Sergio Szpolski y Matías Garfunkel supuestamente le vendieron a Mariano Martínez Rojas, así como con el resto de las razones sociales que componen el Grupo 23. Además, le pedirán que reconozca una comisión fiscalizadora de trabajadores que garanticen que ese pago no se destine a las patronales vaciadoras sino a los verdaderos acreedores, quienes realizan el diario día a día desde hace ya casi 6 años y cuyos último 60 números no fueron remunerados como corresponde.”

La comisión resolvió además en forma unánime permanencia en las instalaciones de Amenábar 23 con el objetivo de defender los puestos de trabajo e impedir cualquier intento de un mayor vaciamiento de la redacción y confirmaron la convocatoria a movilizarse el hoy miércoles 10 de febrero al Ministerio de Trabajo de la Nación en su sede de la avenida Callao al 100 donde está pautada a las 15 horas una audiencia entre los delegados y la patronal de Grupo M Deluxe.

Mi solidaridad con todos los trabajadores despedidos y mi repudio a la persecución ideológica.

*Periodista. Director de la Revista Digital La Tecl@ Eñe http://www.lateclaene.com/ Docente –Universidad Nacional de Avellaneda