El sable y la pluma: Infobae, San Martín, Sarmiento y Rosas
El algoritmo de la historia oficial ha encontrado un nuevo formato. Ya no necesita los tomos solemnes de Mitre ni los manuales escolares de Billiken. Ahora le basta con el lenguaje del impacto visual, la estética del documental de plataforma y el vértigo del scroll. El reciente cortometraje producido por Infobae sobre la figura de José de San Martín se presenta ante el público masivo bajo un ropaje seductor: la promesa de una "mirada revisionista". Sin embargo, cuando se rasca la superficie del diseño de producción, lo que queda no es la incomodidad del revisionismo histórico, sino una nueva ebanistería para sostener el mismo bronce de siempre.
El revisionismo, en su matriz fundacional, nació para discutir el poder. Fue la herramienta para alumbrar las contradicciones de una patria construida a espaldas del interior, una lectura que ponía el foco en los sectores populares, en las masas movilizadas y en el conflicto económico subyacente a la gesta emancipadora. El San Martín revisionista es el jefe de una guerra nacional y popular, el hombre que expropiaba bienes a los godos para financiar al Ejército de los Andes, el aliado de los pueblos originarios a los que llamaba "nuestros paisanos", y el estratega que prefería el ostracismo antes que derramar sangre de sus hermanos en las guerras civiles.
El producto de Infobae, en cambio, confunde (por decirlo ingenuamente) el "lado B" de la biografía con el revisionismo histórico. Humanizar al héroe mostrándolo enfermo, cansado o sumido en el dolor físico no es revisar la historia; es, simplemente, aplicar las reglas del melodrama moderno. Nos muestran al hombre de carne y hueso para que empaticemos con su padecimiento individual, pero se vacía de contenido su dimensión colectiva. La elección de los hitos narrativos del corto delata su verdadera filiación ideológica: no hay inocencia en los minutos de pantalla.
Para sostener la vieja fábula, la producción recurre a los fetiches habituales del fraude mitrista. Reaparece allí el supuesto "misterio de Guayaquil", esa deliberada cortina de humo montada por la historiografía liberal para presentar el encuentro con Simón Bolívar como un choque de egos indescifrable o un pacto secreto de renunciamientos. Al rodear de enigma novelesco lo que fue una discusión geopolítica concreta sobre el destino de la Patria Grande, se oculta el verdadero motivo del repliegue sanmartiniano. San Martín no se retiró por un misterio metafísico, sino porque el centralismo porteño ya le había soltado la mano.
Es allí donde el cortometraje comete su omisión más flagrante y deliberada: el silencio absoluto sobre Bernardino Rivadavia. Nombrar al verdadero archienemigo de San Martín (aquel hombre que desde Buenos Aires saboteó sistemáticamente el financiamiento de la campaña libertadora, el que persiguió al general al punto de obligarlo al exilio y el que prefería contraer la deuda con la Baring Brothers antes que consolidar la independencia continental) arruinaría la prolija puesta en escena. Para Infobae es más cómodo filmar una intriga psicológica en Guayaquil que señalar la complicidad del partido del puerto en el vaciamiento del proyecto emancipador.
En lugar de esa confrontación histórica fundamental, la producción decide sobreactuar el mítico encuentro entre San Martín y Domingo Faustino Sarmiento en Grand Bourg. Al elegir esa postal, Infobae se abraza a la genealogía cultural del proyecto agroexportador y elitista. Prefiere el diálogo con el sanjuanino (el hombre que mandaba a no ahorrar sangre de gauchos y promovia la entrega de la Patagonia a los hermanos chilenos) para consagrar un San Martín republicano, dócil al canon de la intelligentzia liberal. Lo que el cortometraje silencia con quirúrgico temor es el verdadero nervio geopolítico del exilio sanmartiniano: el potentísimo intercambio epistolar con Juan Manuel de Rosas.
Recrear las cartas donde el Libertador felicitaba al "Restaurador" por la defensa de la soberanía nacional ante el atropello de las potencias anglo-francesas hubiese sido, eso sí, un acto de estricto revisionismo. Hubiera significado mostrar a un San Martín que, desde Europa, vibraba con la Vuelta de Obligado y que decidía legar su histórico sable corvo a Rosas por la firmeza con que "sostuvo el honor de la República contra las injustas pretensiones de las potencias extranjeras". Pero el cortometraje prefiere eludir esa ligazón histórica que une el filo de su acero con la resistencia nacional; prefiere la comodidad del Sarmiento europeo antes que el espinoso patriotismo del federalismo en armas.
El San Martín de este cortometraje es, en definitiva, un héroe solitario, un titán incomprendido que lucha contra la fatalidad del destino y la mezquindad humana. Es la transposición del mito liberal al formato cinematográfico del siglo XXI. Al despojarlo de su radicalismo político y de su inserción en el conflicto de soberanía de la época, la producción termina construyendo un San Martín digerible para el sentido común actual: un ciudadano ejemplar, un militar pulcro que sufrió la "grieta" de su tiempo y decidió retirarse.
Para nosotros, analizar estas producciones no es un ejercicio de crítica cinematográfica, sino de batalla cultural. Detrás de la espectacularidad de las imágenes y la corrección técnica de Infobae, se esconde la vieja pedagogía colonial: la idea de que la historia la hacen los individuos providenciales en absoluta soledad. El verdadero revisionismo sigue estando en otra parte. No en las pantallas que buscan el click rápido a fuerza de sentimentalismo, sino en la memoria viva de un pueblo que sabe que San Martín no fue un santo sufriente, sino el brazo armado de una revolución inconclusa.
En lugar de esa confrontación histórica fundamental, la producción decide sobreactuar el mítico encuentro entre San Martín y Domingo Faustino Sarmiento en Grand Bourg.