Claridad conceptual para evitar la disolución nacional

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    Jóvenes Milei
    Representaciones vacantes.
DEBATES DESDE EL ABISMO

Claridad conceptual para evitar la disolución nacional

27 Febrero 2024

Sólo una crisis de representación de magnitudes inéditas puede explicar que la Argentina esté entregada a la Presidencia de un Ignatius Reilly como no ha habido otro, aún cuando los personajes grotescos han alcanzado las primeras planas políticas en varios países.

Precisamente el día en que la democracia argentina cumplió cuatro décadas ininterrumpidas se produjo la insólita llegada a la Casa Rosada de un outsider sin partido, estructura ni trayectoria. Una máquina de ofender, votada en el país que cuestiona(ba) los modos de Cristina Fernández.

Nunca ha ocurrido algo semejante, lo que indica que el futuro inmediato se bifurca en dos senderos: o Javier Milei tiene éxito y se consolida, ratificando que la política ha iniciado una era nueva y totalmente desconocida, o confirma que sólo es una rara carambola producto de un extravío del resto del ecosistema de representación.

Paradójicamente, el único ejemplo con que Milei cuenta para esperanzarse es el de Juan Domingo Perón, que en poco tiempo consagró una bisagra inesperada en la Historia. La salvedad es que –como han descubierto púberes tuiteros- Perón era militar, lo que por entonces daba carnadura política equivalente a un partido, y su programa fue diametralmente opuesto al del actual Presidente. Por no mencionar la distancia entre el conjunto ordenado de ideas de uno y los eslóganes resentidos de otro.

No sería correcto responsabilizar sólo a la posverdad de lo que ocurre. Tampoco enfocar únicamente en los medios, tradicionales o no, a través de los que se difunde. No por una cuestión de justicia, sino porque eludir otros factores necesariamente conducirá a diagnósticos erróneos, y estos a nuevos fracasos. Además, tales prácticas han ocurrido siempre. Desde El matadero hacia aquí. Sólo han cambiado las herramientas.

La situación, de momento, es confusa. La expectativa es que Milei sea frenado por la Corte o por los gobernadores a través de los recursos naturales que, a cambio de sucesivos recortes en áreas sensibles, les entregó la reforma constitucional de 1994. Ambos elementos hoy podrían detener a Milei, pero también a cualquiera que llegue a la Casa Rosada respaldado por el voto.

En el campo popular, la columna vertebral sigue siendo el kirchnerismo. Es un dato objetivo. Sin embargo, el desgaste de los años en el poder -ha estado en el gobierno en 16 de los últimos 20- no sólo ha consolidado las inevitables burocracias, contra las que hablaban tanto Perón como el Che Guevara, y las luchas posicionales internas. También se han vaciado, algunas por satisfechas, varias de las demandas que constituyeron su identidad en los años iniciales.

Ese cuadro contribuyó a un extravío conceptual, porque el nivel de la táctica se superpuso frente al de la estrategia. En parte, allí se evidencia uno de los nudos del problema. ¿Cuál es el objetivo final? ¿O todo es una cadena de respuestas puntuales ante desafíos sucesivos? Es posible que allí incida una dificultad de base en el llamado “progresismo”: no cuenta con teoría, no dice con qué reemplazaría aquello que pretende derribar. En una economía que se encamina a los tres lustros sin crecimiento, en algún momento iba a ser necesario algo más que apelar al fantasma de 2001 ó a los méritos ciertos de la recuperación posterior.

Los fracasos del bipartidismo excedieron a los gobiernos de Mauricio Macri y Alberto Fernández: ni la hoy Unión por la Patria ni la UCR supieron sostenerlos, corregirlos, condicionarlos o sucederlos. Y así llegó Milei, el desconocido antisistema que -previsiblemente- recogió a quienes se sentían ignorados por una política que discutía consigo misma. El principal problema con los eslóganes de Milei es que tienen una base de verdad. Luego distorsionada, manipulada hasta la fábula. Pero una base de verdad.

Esos márgenes antes eran territorio del peronismo, para bien o para mal según la conducción que fuese. Hacia 2023 estaban vacantes, y volverán a estarlo pronto.

Hemos ingresado en una historia que no es circular, sino espiral. Un espiral que se cierra. Un fracaso precoz de Milei podrá evitar consecuencias inmediatas gravosas, pero también colocará al campo popular frente a un dilema: volver a una posible conducción sólo porque el péndulo antes fue hacia un personaje tan grotesco. Si los cuatro años de Macri no fueron tiempo suficiente para que maduren clarificaciones conceptuales básicas, mucho menos lo será un lapso más corto.

Persistir en los extravíos sólo llevará a escenarios políticos aún más críticos y definitivos que el actual.