fbpx Aniversario de Bahía Blanca, a puertas cerradas y tras las vallas
Más información //// 12.04.2016
Aniversario de Bahía Blanca, a puertas cerradas y tras las vallas

Una gran movilización popular protestó este lunes 11 en las calles céntricas de Bahía Blanca, que cumplió 188 años con su plaza central vallada, decenas de policías impidiendo el acceso del público con gases lacrimógenos y un acto a puertas cerradas con que la gobernadora Vidal y el intendente Gay pretendieron ignorar los reclamos.

Por Diego Kenis
En ostentación de cariño por lo popular y don de gentes, la gobernadora de la provincia de Buenos Aires María Eugenia Vidal celebró el aniversario de la ciudad de Bahía Blanca encerrada junto al intendente Héctor Gay y tres docenas de cortesanos en el Palacio municipal bahiense mientras la céntrica Plaza Rivadavia se encontraba herméticamente vallada y decenas de policías apostados impedían el acceso del público, en una imagen inédita en los anteriores treinta y dos festejos radicales y peronistas desde el retorno de la democracia. El dibujante Aligius captó la esencia del particular aniversario, como puede verse en el dibujo que esta nota comparte en su cierre.
Planificado originalmente para ser desarrollado en el centro de la Plaza, el acto debió trasladarse a un espacio cerrado pese al cielo celeste del día, que no presagiaba lluvias. Es que, al aire libre, los organizadores del evento no podían garantizar que las grabaciones oficiales y oficiosas no captaran los cánticos de las columnas de manifestantes que protestaban contra los despidos, la inflación, las flacas paritarias y los gordos tarifazos en los servicios públicos.
Columnas sindicales de obreros de la construcción, docentes y trabajadores del Estado, organizaciones kirchneristas y de izquierda y autoconvocados habían quedado del otro lado de las vallas dispuestas en las diez bocacalles que rodean la plaza, junto a personas que no pudieron cumplir turnos de urgencia con el oftalmólogo o visitas a sus amigos al no haber llevado consigo el Documento de Identidad que los uniformados exigían para sortear el vallado. En las veredas, los manifestantes recordaban los temores cívicos de quienes miraban a la tarjeta SUBE con desconfianza, señalándola posible chip de inteligencia sobre anónimos viajeros de subte. Los trabajadores camarógrafos que registraron el acto y sus alrededores detectaron un dato extra: cuando quien mostraba el Documento era una persona de tez oscura, la conducta policial se diferenciaba y los efectivos la acompañaban hasta el lugar preciso a que se dirigía.
La movilización confirma la tendencia de la media docena de precedentes que tuvo desde el 10 de diciembre, por la cantidad de gente y la claridad de las consignas. Las columnas de manifestantes que se reunieron ayer resultan particularmente significativas si se tienen en cuenta las características de la ciudad. Bahía Blanca es gobernada por Gay, un periodista que hace dos años comenzó en la política luego de haber sido por tres décadas el principal editorialista de Vicente Massot, tío del actual jefe de la bancada oficialista en Diputados y quien introdujo a Macri en la política a mediados de los ’90. Los resultados obtenidos por el PRO en la ciudad confirman la efectividad de la prédica de su diario La Nueva Provincia: con más de cuarenta puntos porcentuales ganó Gay, Vidal logró casi 52 y Macri obtuvo poco menos de 65 en el balotaje.  
Cerca del mediodía y en la esquina de Alsina y San Martín, a veinte metros del Palacio comunal, se dio el episodio más grave de la jornada, cuando una valla cayó por los saltos con que los manifestantes acompañaban sus cánticos y los efectivos policiales desenfundaron sus palitos de abollar ideologías, mientras arrojaban gas lacrimógeno sobre las personas más próximas, entre las que se encontraban menores y embarazadas.
Sólo un puñado de personas accedió al centro de la Plaza y pudo ver los espectáculos planificados o tomar el chocolate que servían los miembros tempraneros del colectivo “El amor & el espanto. Cultura bahiense contra el neoliberalismo”, que protestaban irónicamente contra los recortes de Vidal a los comedores infantiles y el justificativo de una consejera escolar macrista bahiense, Adriana Perdriel, quien para responder a una crítica por el mal estado de la leche repartida en los merenderos afirmó que “quien tiene hambre toma cualquiera”.
La funcionaria renunció el viernes último, luego de que sus palabras llegaran a los medios nacionales. En su carta de dimisión acusó una “perversa campaña mediática” pese a que los medios hegemónicos bahienses son ostensibles simpatizantes del gobierno macrista y borró con el codo las disculpas públicas que había pedido cuatro días antes, al afirmar que “se tergiversaron supuestas frases dichas por mí”. Nadie ha logrado aún desentrañar qué quiso decir, ya que no se conocen modos en que pueda tergiversarse un supuesto. Tampoco es fácil adivinar si quiso trasladar la renuncia a este lunes 11, que es feriado en la ciudad, o post- datarla a marzo: la misiva está fechada el 11 de ese mes, cuando faltaba una quincena para su célebre frase.
La convocatoria a una protesta por este punto no se suspendió por la renuncia, ya que la expresión de Perdriel es sólo una entre las muchas que se conocen en igual sentido por parte del PRO y Cambiemos en el interior provincial, como AGENCIA PACO URONDO relevó antes del balotaje de noviembre. En Bahía Blanca, la candidata testimonial y secretaria de Gobierno Laura Biondini dijo en un debate electoral que las criaturas de diez años esperaban a tener doce para embarazarse y cobrar asignaciones y planes, un diagnóstico del que hasta Vidal debió diferenciarse. Ciento treinta kilómetros al norte, en Pigüé, el concejal y dirigente empresario Luis Sevenie regaló un “negra de mierda” a una fiscal kirchnerista, el mismo día de los comicios. El último viernes, esa ciudad fue sede de una gran movilización contra las políticas económicas de los actuales gobiernos provincial y nacional.
El acto con que Vidal y Gay celebraron a puertas cerradas el aniversario de Bahía Blanca incluyó una opinión inesperada: de la Analía Larrea, joven actriz y militante del Partido Comunista que ingresó al Palacio comunal con su silla de ruedas y borró la pose de prima mayor comprensiva que la gobernadora aprendió a utilizar desde que sus tiempos de candidata. Las fotografías que acompañan esta nota ilustran el cambio de rostros de Vidal.
No te vengo a saludar. Te vengo a repudiar. En nombre de los despedidos, los desocupados, los indigentes. ¿Qué piensan? ¿Pagar a los fondos buitres con el hambre del pueblo?”, dijo delante de los cortesanos, que trataron de apagar su voz con aplausos a Vidal, que balbuceó: “bueno, ya pudiste expresarte y ahora vamos a continuar con el acto”, sin responder a los cuestionamientos. El intendente Gay dibujaba en su rostro una sonrisa forzada, pero no agregó palabra.
“Un grupo de mujeres muy bien vestidas y con olor a buen perfume” trató de retar a Analía cuando se iba del edificio, contó ella misma a esta AGENCIA. El clima autocomplaciente ya se había roto tras los muros cerrados. La Nueva Provincia, entretenida en reseñar el enésimo anuncio de construcción de un acueducto desde el río Colorado y justificar el descomunal aumento previsto en las tarifas de agua, escribió que “el reclamo no se llegó a entender con claridad”. No hace falta agregar que el mundo no es el de hace cuatro décadas y, mientras tanto, se viralizaba en las redes sociales y en You Tube el video de Analía ante Vidal, que sólo a la redacción del diario de Massot no llegó.
 

 

 
Créditos de las fotografías: Luis Salomón, Carlos Segovia y Claudio Videla. Viñeta: Aligius.