Rifle Pandolfi: reivindicación del pecho frío
Por Jorge Hardmeier
Había una vez un muchacho que jugaba al fútbol por diversión y jamás dejó de hacerlo de ese modo. Probó sus condiciones futbolísticas en Vélez Sarsfield y debutó profesionalmente en dicho club en 1993. Luego, en 1998, jugó en el Perugia de Italia para volver al club de Liniers, su casa, al año siguiente. La categoría de su juego tentó a Boca Juniors. Jugó allí un año. Pero volvió a su casa y posteriormente se retiró del fútbol profesional en el aciago 2001, a los veintiocho años. Y dicen de él:
Que su categoría futbolística era similar a la de Enzo Francescoli. La diferencia radica en que el volante uruguayo entrenaba a conciencia y se acostaba temprano.
Que el taco con caño incluido que le hizo a Rotchen en un Independiente – Vélez supera en exquisitez al que le regaló Juan Román Riquelme a Yepes, en un superclásico Boca – River.
Que, sin embargo, el caño que más recuerda es el sufrido por Manusovich, en un San Lorenzo – Vélez. Son íntimos amigos y, cuando se desarrolló tal partido, apenas habían pasado dos días del regreso de unas vacaciones compartidas por ambos en Brasil.
Que lo fastidiaban tremendamente los entrenamientos. Llegaba, siempre, sobre la hora.
Que, en las concentraciones, no lograba dormir. Por tal motivo, le recetaban una pastilla, para conciliar el sueño. El efecto inmediato del medicamento era que salía desnudo por los pasillos del hotel y golpeaba las puertas de las habitaciones de sus compañeros.
Que se cansó del ambiente cansador y mercantil del fútbol. Al llegar a primera, dejó de disfrutar del juego. A los dos años de debutar, ya pensaba en el retiro. Tenía veintidós años. La edad en la cual los futbolistas actuales se compran su automóvil de alta gama y se cogen a la primera modelo.
Que dijo: ¿Sabés lo que me hizo el fútbol? Andar todos los días con cara de orto. No me divertía.
Que pensó que ir a jugar a Boca le renovaría el entusiasmo. Pero no. Luego de un entrenamiento, se la acerca un tipo y yo soy de la Doce, menos taco y caño, hay que ganar, ¿viste? Y pensó: ¿Qué hago acá?
Que ganó varios torneos nacionales e internacionales, tanto en Vélez como en Boca Juniors. Su padre futbolístico, reconoce, es Carlos Bianchi.
Que cuando decidió, definitivamente, abandonar el fútbol profesional, muchos le decían: ¿Por qué te retirás, pelotudo?
Que afirmaba: Soy futbolista porque no sirvo para otra cosa.
Que, contrariando la anterior afirmación, es un gran guitarrista. Y que, días después de abandonar el fútbol, estaba en el escenario del Luna Park, como invitado de Los Piojos.
Que formó dos bandas de rock under: Actitud Sospechosa y Mil Hormigas.
Que, como en la búsqueda está la diversión actúa en la película “La despedida” – 2012 - dirigida por Juan Manuel D’ Emilio.
Que admira – y forma parte - de esa estirpe de jugadores tildados de pechos fríos, una extraña raza de futbolistas geniales que incluye a Riquelme y Bochini, entre otros. Los pechos fríos te hacen ver un fútbol digno, sentencia el muchacho que reivindica, entre otros, al Pipi Romagnoli y afirma que Juan Román Riquelme puede jugar parado hasta los cuarenta.
Que lo apodaron Rifle por el poder extraordinario de su pegada.
Que se llama Fernando, Fernando El Rifle Pandolfi.