Fútbol y dictadura: ¿qué decían los servicios sobre el Mundial 78?

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Fútbol y dictadura: ¿qué decían los servicios sobre el Mundial 78?

06 Octubre 2015

 

El mundial de fútbol de 1978 fue un escenario de gran valor político y comunicacional. Para la dictadura militar significaba la posibilidad prestigiar la imagen del país ante las constantes denuncias por las violaciones a los derechos humanos, para las organizaciones políticas perseguidas y reprimidas la oportunidad de difundir internacionalmente esas denuncias.

Johan Cruyff y Paul Breitner se negaron a jugar, el arquero sueco Ronnie Hellström confesó que, durante su participación mundialista, acompañó a las Madres de Plaza de Mayo “porque era una obligación que tenía con mi conciencia”. En cambio, la editorial de La Nación del 26 de junio de ese mismo año valorizó que “después de este Mundial que ha terminado debemos seguir encontrándonos y reconciliándonos en torno de los grandes objetivos comunes de la nacionalidad. [...] Eso vale mucho más que la incomprensión de algunos y la tortuosidad con la cual otros insisten en injuriarnos en el extranjero”.

El evento deportivo sólo logró la fugaz exaltación del sentimiento popular y ocultamiento de los crímenes de Estado. Sin embargo, el triunfo del seleccionado nacional no logró detener ni deslegitimar las denuncias por los delitos de lesa humanidad perpetrados por el régimen dictatorial. La visita de la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos) en 1979 dejaría en evidencia internacionalmente el terror implementado por las Fuerzas Armadas.

Los documentos de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA), publicados recientemente por la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) demuestran la previsión y control que los servicios de inteligencia guardaron sobre la realización del Mundial: en un amplio y exhaustivo informe de la DIPPBA, basado en investigaciones propias que analiza la posición de Montoneros en relación con el Mundial, los agentes de inteligencia advertían: “Es demasiado notorio la preponderancia que la BDS (Banda de Delincuentes Subversivos) le da para la continuación de su política”.

El mismo informe, fechado el 21 de febrero de 1978, bajo el asunto “accionar de la BDS Montoneros con relación al EAM 78”, anuncia en sus conclusiones: “Surge necesariamente la puntualización de medidas que contemplen desde los pormenores hasta las contramedidas las que neutralicen sus propósitos de enlodar y entorpecer el mundial. En tal sentido se considera imperativo anticipar la maniobra prevista, denunciada sobre la base de su origen, ideología y propósitos que persiguen”.

Esta información había sido recogida “como consecuencia de operaciones llevadas a cabo en la República Oriental del Uruguay, que dieron como resultado la detención de [miembro de Montoneros] y en base al análisis de documentación secuestrada”. Antes y durante el mundial de fútbol, y a partir de directivas emanadas de organismos de seguridad, la DIPPBA se encargó de producir y reunir información sobre posibles intentos de sabotear el mundial y sobre el contacto de los exiliados con la prensa internacional para difundir la denuncia frente a la existencia de una “feroz dictadura militar que hambrea y reprime al pueblo”, según el análisis que los propios servicios de inteligencia realizan sobre el pensamiento de Montoneros.

Campaña anti Argentina

Así como para el gobierno militar el mundial era ocasión para mostrar hacia el exterior la imagen forzada de un país unido, trabajador y fervoroso, para distintos actores y observadores políticos locales e internacionales, se constituyó en una oportunidad singular para enfrentar a la dictadura, denunciar sus crímenes y elaborar y difundir una imagen crítica sobre la situación en el país y sobre el clima social durante el campeonato. La DIPPBA recogió parte de estos materiales adscribiéndolos a una “campaña anti Argentina” o al “Boicot contra el Mundial” impulsado por sectores que se califica como vinculados a organizaciones subversivas.

Todos los elementos de sospecha sobre el supuesto boicot se presentan con claridad en el legajo de la SIDE Nº 10505, del 26 de octubre de 1977, elaborado sobre la base de información de Contrainteligencia valorada como B2, es decir, de fuente “normalmente” confiable y “muy probable”. El documento catalogado como Parte de Información Nº 20/77 (C/Icia), y para poner en conocimiento del “Director de Informaciones de la Policía de la Pcia. De BS. AS.”, lleva el asunto: “Instrumentación de una campaña de acción psicológica tendiente a obstaculizar el campeonato mundial de fútbol 1978”.

En el informe presentado, luego de tener conocimiento de que “Delincuentes Subversivos (importantes miembros de la BDSM “Montoneros”) mantuvieron entrevistas en Suecia con dirigentes de organismos internacionales afectados a la ‘Defensa de los Derechos Humanos’”, se definen los objetivos “que persiguen grupos extremistas argentinos afincados en el exterior: a) Intención de incidir e influenciar a representantes de Gobiernos Extranjeros, un tanto afines a la ideología que profesan los grupos de Delincuentes Subversivos argentinos, en el sentido de disponer la no participación en el torneo de referencia; b) Intención de generar en Argentina durante los meses previos a la iniciación del Certamen Mundial, acciones que alteren el orden público, con la finalidad deliberada de provocar la intervención de las FF.LL. [Fuerzas Legales] y capitalizar psicológicamente eventuales actitudes represivas; c) Intención de ejercitar eventualmente algún secuestro y/o atentado físico directo contra algún miembro diplomático extranjero acreditado en el país, y d) Intención de difundir en distintos estadios de fútbol de países del exterior, líbelos incitando a los espectadores a no viajar a la Argentina en oportunidad del Certamen Mundial, esgrimiendo causales orientadas a crear una falsa imagen sobre la situación político-social-económica de Argentina y la falta de garantías individuales”.

La preocupación por la campaña de denuncia generó estrategias de previsión especiales sobre la prensa internacional, tal como lo demuestra un informe elevado por la delegación de Capital Federal, fechado el 3 de mayo de 1978 y con valoración A1 de la información que refiere al nivel máximo de confiabilidad.

En el informe se advierte que “casi la totalidad de los periodistas desarrollarán sus tareas como atentos observadores de la situación interna que vive el país en relación a los derechos humanos” y agrega: “Cabe acotar lo siguiente: en especial, se trataría de periodistas franceses y austríacos, sin descartarse los de otra nacionalidad; vienen con la consigna primaria de seguir atentamente todas las actividades de cuando personal uniformado encuentren en la calle; por cada nota, por insignificante que sean, en las que se hagan referencias a un ‘abuso de autoridad’ y que sea registrada gráficamente, a cada periodista le reportaría la suma del orden de los u$s3.000 a 5.000”.

Drogas y saboteadores: las delirantes hipótesis de la DIPPBA

De la información elaborada en el marco del Mundial, quedan documentos de inteligencia que dan cuenta de investigaciones o reportes que no sólo no se cumplieron sino que, mirados a la distancia, resultan casi alucinantes. Entre ellos, se anuncia la preocupación por el aumento del tráfico y consumo de drogas como consecuencia de la llegada al país de personalidades “generalmente consumidores” y “distribuidores”, así consta en el legajo del 17 de abril de 1978 –40 días antes del comienzo del Mundial–. En la misma hoja se advierte que el tráfico de estupefacientes podría operar distintos problemas como “Distorsión en el plano social y deterioro de la imagen del país en el exterior, su utilización por elementos subversivos como factor disociador y atraería la atención de distintos inversionistas internacionales relacionados con el tráfico de alcaloides”.

Los agentes de inteligencia también manifestaron su preocupación por el arribo de saboteadores extranjeros, por el rumor de un posible atentado durante la final de la Copa del Mundo. El parte 1038 decía: “Fecha reciente tomóse conocimiento vía terrestre (paso internacional Las Cuevas – Mendoza) y aéreo (Aeropuerto internacional El Plumerillo – Mendoza), sería inminente ingreso provenientes de Chile y particularmente destino Mendoza, grupos DS serían cubanos, japoneses y árabes, quienes en su mayoría vendrían munidos pasaportes otorgados en Chile, con finalidad de desarrollar actividades para sabotear Mundial 78, desconociéndose ‘modus operandi’”. El informe circuló entre los distintos organismos de seguridad que conformaban la comunidad informativa (SIDE, Batallón 601, SIN, SIPNA, SIA) durante las semanas previas a la ceremonia de inauguración y, a pesar de lo extraño que parece, tenía una alta valoración como información con origen en propios medios y normalmente confiable y muy probable (B-2).

No se recuerdan actividades de sabotaje, existieron unos pocos y aislados atentados durante la realización del mundial; el apoyo popular, el control militar y la decisión de Montoneros de que “la única actividad a efectuar durante el desarrollo del Mundial sería la de efectuar propaganda” explican el registro de escasos incidentes.

No obstante, dos días antes de la final, se elaboró la hipótesis de un posible atentado en el estadio Monumental basado en un rumor transmitido por el cabo Rotondo que se registra en la delegación Capital Federal del organismo y afirma: “Por comentarios de un familiar del delincuente subversivo, que se halla actualmente en Italia, que en el partido a disputarse el día domingo en el estado de River, se realizaría un atentado terrorista”. El legajo se cierra sin continuidad ni tramitación alguna. La selección argentina se impuso en aquella final por 3 a 1 al equipo holandés.

El Ente Autárquico Mundial 78 (EAM 78) gastó 700 millones de dólares envueltos en rumores de corrupción y generó disputas hacia el interior del régimen marcadas por la oposición de Alfredo Martínez de Hoz, para quien el mundial significaba un gasto extraordinario e innecesario. Durante 25 días, la dictadura militar celebró de una popularidad fugaz; la multiplicación de la deuda, el desbaratamiento del aparato productivo y la persecución y represión nunca se detuvieron.

Fuente: Comisión Provincial por la Memoria