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La mano de Dios //// 06.01.2018
Dalila Belén Ippólito: de la plaza de Villa Lugano a River Plate

Debutó, a los 13 años, en la Primera de River y dos años más tarde en la Selección argentina. Cumplió el sueño de cualquier amante del fútbol y pasó de jugar en la plaza de su barrio a uno de los clubes más grandes de la Argentina.

Por Tercer año de Periodismo Deportivo – ETER

Dalila Belén Ippólito nació el 24 de marzo del 2002 y desde los dos años corrió detrás de una pelota. Vive en Lugano 1 y 2, donde se crió y se fue formando como la jugadora de fútbol que es. Llegó a jugar en tres clubes a la vez, empezó en Jóvenes Deportistas, más conocido como JD. Continuó en el club La Plaza y de ahí llegó a River, en febrero del 2013 la invitaron a probarse al conjunto de Núñez, con 12 años.

“Agustín Martínez, el técnico de La Plaza, consiguió el contacto de Diego Guacci, entrenador de River. Después de un partido me dijo que tenía una propuesta para mí, para jugar en River. Que tenía una prueba. Fue un lunes de febrero, fui y me dijo que vaya todos los lunes a entrenar”.

Recordando como fue el día de su debut, se puso ansiosa y contó esbozando una sonrisa, “¡Uy, me mataste! Creo que fue en el Clausura 2015, contra Estudiantes. Si no me equivoco, ganamos por goleada, 7 a 1”. Ippólito afirmó, “El corazón me latía a mil. Cuando entré a la cancha, me sentí más tranquila y se me pasaron los nervios; tenía muchas ganas de jugar. Gracias a Dios se me dio el debut”, moviendo las piernas como reviviendo aquel momento.

De chica jugaba con varones, en el JD no había fútbol femenino, por lo que aprendió a poner la pierna un poco más fuerte. Esto le sirvió para cuando comenzó a jugar en River, no tenerle miedo a las más grandes al momento de trabar una pelota. “Mi papá me hacía patear en casa o cuando él se iba a jugar a la pelota, yo entraba a la cancha a buscarla. En los recreos jugábamos ¡y con los chicos nos matábamos!”, contó entre risas.

Además del apoyo de su familia que la acompaña siempre que pueden, sabe que cuenta con Agustín Martínez. Ella lo definió: “Es un grosso. Un crack. Una persona muy humilde que podes contar con él siempre. Un muy buen entrenador la verdad".

Para la volante de River, La Plaza es un club que la ayudó y le dio demasiadas cosas.Todo lo que según ella, le hacían falta. “Siempre me apoyaron en todo”. Asimismo, hablando de Lugano, Dalila Ippólito lo siente como su casa; su familia. “Es un barrio muy lindo, donde viví toda mi vida y tengo para rato todavía. Algo único. Es casa, totalmente”.

Al momento de hablar del debut en la Selección, con mucha alegría e ilusión en su mirada expresó, “Es inexplicable. Un sueño hecho realidad; una cosa de locos. Vino así de la nada y no me lo esperaba. Un sueño.” Recordó que estaba entrenando con River en el gimnasio, y la llamó el técnico, Daniel Reyes. Él me felicitó por la citación a la Selección Mayor”. Según ella esperaba el llamado para la Sub 17. Pero no. “Me dijo a la Mayor directo y me deseó lo mejor. Es una cosa de locos estar citada para la Mayor, pero me dijo que tengo todo para estar ahí. ¡Fue hermoso!”

Vistió por primera vez en un amistoso con Uruguay, el 29 de agosto pasado. Para sorpresa de ella, Carlos Borrello, el entrenador la puso entre las 11. “¡Sí! ¡No lo podía creer! Con mi corta edad esperaba estar aunque sea en el banco, pero llegar y verme en la planilla y encima que iba a ser titular. Sentía tantas cosas que no puedo explicar, son únicas”, con gran asombro en su cara y una sonrisa de oreja a oreja.

Con respecto a su presente y el club en el que se desempeña afirmó: “¡Es increíble! Cuando lo pienso, no lo puedo creer”. Por momentos se pregunta: “¡¿Qué hago acá?!”, miro a mi alrededor y es una cosa de locos, no lo puedo entender todavía. Cuando estoy en River, por más que no sea hincha del club; es algo muy lindo. ¡Hasta cosquillas en el estómago me agarra!”, lo dice entre risas.

Al momento de hablar de qué club es hincha se tapa la boca y con voz baja dice: “Soy de Boca”. Se ríe y a pesar de tener solo 15 años, dentro de la cancha lo vive como una hincha de River más. Confesó entre risas tímidas, mezcladas con ansiedad, cuando habló de la hipotética situación de gritar un gol al equipo de sus amores dijo,“No hice por ahora, pero con la adrenalina encima, las ganas de ganarle.... porque tenés que cubrir al escudo de River. Sí… lo grito (risas); sé que me voy a arrepentir después, pero sí lo gritaría”.

Considerando que el fin de semana pasado se diputó el clásico de Avellaneda y las chicas de fútbol femenino de ambos equipos jugaron, ella cree que sería un momento único jugar en la cancha de River o de Boca. “No te digo un sueño. Porque jugar en las canchas de Primera es hermoso, para el club y para las chicas. Sería muy lindo”.

Al hablar de su experiencia en la Libertadores se mostró muy contenta y aseguró que estaba muy feliz. “Allá los partidos eran muy competitivos, un nivel muy alto que no estamos acostumbradas acá en Argentina. Fueron muy duros, la verdad; pero con el lindo equipo que tenemos, supimos salir adelante y darle pelea a todo lo que nos venía. Por suerte pudimos quedar terceras jugando partidos muy difíciles. Fue una experiencia muy linda. Cosas únicas que te da la vida”.

Asimismo, aseguró que estaban ansiosas antes de la semifinal con Colo-Colo. “No te digo que estábamos nerviosas porque se las veía muy tranquilas a las chicas. Teníamos muchas ganas de jugarla y la presión era obvio que iba a jugar. La ansiedad nos jugó una mala pasada. Cuando veíamos y analizábamos los partidos de ellas, nos quedamos con que no eran tan rápidas, por así decirlo. Nos quedamos con eso; y cuando salimos a la cancha: nos dieron vuelta todo. Fue una cosa reloca, porque íbamos con una idea y nos dieron vuelta. No pudimos solucionarlo dentro del campo. Le dimos pelea hasta al final, con una jugadora menos”.

La joven mediocampista dijo que creía que podían estar en la final y ser las campeonas del certamen. “Esto es fútbol y siempre hay revancha”. Tras lograr el bronce estaban felices. “Era nuestra primera Copa Libertadores que disputábamos, llegando a tercera posición y teníamos el apoyo de los dirigentes, cuerpo técnico. Dimos todo; eso lo sé perfectamente. Llegamos a Argentina muy felices: satisfechas”.

Ippólito cree que el fútbol femenino afuera es otra cosa. “Por lo que veo, leo y escucho. Le dan mucha más bola al femenino, hasta más que al masculino en algunos casos (se ríe). Me gustaría caer en España algún día, vestir la del Barcelona. Es mi sueño”.

Para muchos Messi o Neymar son los jugadores a seguir o admirar. Sin embargo, ella destaca a tres de sus compañeras. “No te digo porque juegan conmigo, sino porque siento que ellas hacen la diferencia. Sofía Florentín, Carolina Birizamberri y Mercedes Pereyra son unas cracks. Las miro y algunas cosas de ellas que intento hacerlas. Aprendo mucho de ellas. Mirándolas todos los días, compartiendo. Aprendo mucho”.