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Géneros //// 09.03.2021
Carta Alerta: feminismo, patriarcado y crisis

"Hace más de un siglo que las mujeres venimos amplificando más y más la denuncia de este sistema que nos oprime. Pero aunque visibilizado, confrontado, deslegitimado, el patriarcado sigue de pie, haciendo de las suyas". Por Karina Nazabal

  • Marcha por el día de la Mujer

Por Karina Nazabal | Fotos: Daniela Morán 

¨Si la clase dominante ha perdido el consenso, entonces no es más “dirigente”, sino únicamente dominante, detentadora de la pura fuerza coercitiva… La crisis consiste justamente en que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer, y en este terreno se verifican los fenómenos morbosos más diversos.¨

Antonio Gramsci no hablaba de feminismo y patriarcado pero si de hegemonías y liderazgos, y la hegemonía del patriarcado está en disputa, así que tomamos la idea. 

Feminismo, patriarcado y crisis, es ese lugar en donde justamente nos encontramos. 

Hace más de un siglo que las mujeres venimos amplificando más y más la denuncia de este sistema que nos oprime. Pero aunque visibilizado, confrontado, deslegitimado, el patriarcado sigue de pie, haciendo de las suyas. 

Al inicio de este siglo todavía la situación de la violencia de género presentaba tres indicadores de máxima:

1. Que las mujeres eran asesinadas, violadas, sometidas en cuerpo y alma por varones. 

2. Que las mujeres no identificaban esos crímenes con la desigualdad de género, con el sistema machista, con un poder patriarcal. Y que se resignaban a vivir en relaciones donde se las violentaba de todas las formas posibles. “Tuvo mala suerte”, decían las madres cuando a sus hijas las golpeaban por querer decidir algo de su vida diaria. O “ella se lo buscó… si sabe que él tiene un carácter podrido”. 

3. Que la sociedad argentina, no quería, no sabía, o no podía involucrarse para cambiar lo que nos pasaba. 

Desde aquellos años a hoy, muchas marchas han pasado bajo y sobre el puente. Ahora todas sabemos que somos potenciales víctimas de femicidios, y decimos con la sangre helada, como la siento mientras lo escribo, suerte que estoy viva. 

En comparación de lo que pasaba hace algunas décadas, al día de hoy la situación de la violencia de género presenta tres indicadores de máxima:

1. Que las mujeres somos asesinadas, violadas, sometidas en cuerpo y alma por varones. 

2. Que la mayoría de las mujeres  identifica, rechaza y pide que se condene la violencia de género, y demanda acompañamiento, ayuda y justicia por parte del Estado.  Como ejemplo a esto podemos decir que casi todas las mujeres asesinadas en este año, habían denunciado, abandonado a la pareja por violento, o hablado con una amiga o hermana sobre la amenaza que significaba esa relación para ellas. 

3. Que la sociedad argentina dijo Ni Una Menos. Que impulsamos y sancionamos leyes de avanzada, que tienden a protegernos y garantizar que podamos tener una vida libre de todo tipo de violencia de género y pone en el Estado la responsabilidad primaria sobre nuestras vidas y la causa de nuestras muertes.

Por esto lo que vemos en nuestros barrios, desde el periodismo especializado, incluso desde los equipos técnicos que abordan casos de niñeces o mujeres viviendo en situación de violencia de genero, son nuevas demandas y necesidades. Las políticas publicas de vanguardia en 2005/2011, hoy no alcanzan. Las mujeres ya no quieren dejar todo para ir a los refugios, quieren que el Estado les saque a los tipos de encima, quieren seguir con su vida. Nos pasa también con identificación de clase, no solo las mujeres que van a la salita o al Centro cultural  necesitan de asesoramiento y atención especializada, también las que tienen obras sociales y  prepagas  son víctimas de la misma violencia. No nos pasa por ser pobres (aunque la pobreza agudice todo lo que nos pasa), nos pasa por ser mujeres. Y esto va solo a modo de ejemplo. 

Estamos ante una crisis de liderazgos, de legitimidad ideológica, una pugna entre el pasado y el presente. Estamos  ante  la configuración de una nueva ética, pero no podemos detenernos a contarla.  Hay que construir leyes si faltan, hay que leer fallos, sentencias, carátulas, y si es necesario interpelar a los jueces, los fiscales, removerlos, nombrar nuevos, repensar las currículos con las que se forman, jerarquizar a las personas formadas y con experiencia en los equipos, exigirle a las provincias y los municipios que cumplan con la Constitución y las leyes, que armen áreas específicas, que pongan recursos, si que pongan recursos. En muchos distritos y provincias se gasta más en publicidad que en equipos que aborden estos temas. Hay que crear un sistema de corresponsabilidad, donde todxs tengan que rendir cuentas cuando el sistema de protección hacia las mujeres, las lesbianas, las travestis falla. Todos los niveles del Estado, y todos los poderes tienen cosas para hacer para frenar la escalada de la violencia de género.  

Nadie puede negarse, todos asumieron en sus lugares y juraron cumplir la constitución, las leyes y tratados internacionales que son preexistentes a sus mandatos. Nadie puede decir que no sabía, menos que no quiere, y tampoco que no puede. 

Muchas veces nos tocó escuchar dirigentes políticos que a manera de disculparse o disculpar a los suyos, nos decían: es  que todavía no nos aggiornamos, ¿aggiornarse? ¿A que?. Para nosotras, es una lucha para que dejen de empobrecernos, matarnos, violarnos, desapareciéndonos en redes de trata, y para ellos, pareciera ser una moda.

Bueno señores, no es una moda, y sepan que nos morimos mientras ustedes intentan aggiornarse. 

El feminismo, para muchas de nosotras es un mapa. No es el punto de llegada, sino el recorrido que hacemos para construir un sociedad donde nadie tenga que pagar ningún costo por ser mujer, travesti, trans, lesbiana, niñe o gay. 
No pretendemos un Estado feminista, las feministas somos nosotras y este feminismo es nuestro impulso para vivir. Sí queremos un Estado con igualdad, libertad y equidad para todxs. Un Estado que nos garantice que no vamos a morir por el hecho de ser mujeres. Habrá algo que pueda y deba hacer para quitarnos esta angustia, y no se esté haciendo. 

Hoy me llegó una encuesta realizada a mil mujeres de todo el país. El dato que más me conmovió es que para el 84,8% de las mujeres encuestadas la violencia de género aumentó en tiempo de pandemia. Quizás eso, entre otras cosas, fue lo que me impulsó a escribir estas líneas. 
Hay que declarar la Emergencia por Violencia de Género en cada rincón del país. Porque la Emergencia es una realidad incuestionable. Y porque estas mujeres y muchísimas otras que no acceden a las encuestas ni a las políticas públicas de los gobiernos necesitan les demos ese mensaje. 

La crisis es de legitimidad como decíamos, y no la saldaremos con discursos.  Si vemos que alguien que pidió ayuda, denunció, e hizo todo para alertar de su situación, de todas maneras es asesinada,  es probable que la próxima ya no denuncie.

El Estado es responsable sentenciamos, porque es el único que puede ponernos en pie de igualdad económica, jurídica, social  cultural para que decidamos ponerle fin a las violencias que vivimos a diario. 

Solas no podemos, solas no queremos, solas ya estuvimos. 

Queremos para todxs una vida libre de violencia de género. 

Sin miedo y sin privilegios. 

Nosotras que nos pasamos años yendo a los barrios diciéndoles a las mujeres que tenían que reconocer la violencia que transitan en nuestra vida cotidiana, en ellas, en sus hijas, o en sus madres, no podemos abandonar ahora, no puede alcanzarnos con llegar hasta acá. No podríamos volver a mirarlas a la cara.