Marina Porcelli: “El debate entre lo erótico y lo pornográfico hace agua cuando lo trasladamos a la escritura”

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Marina Porcelli: “El debate entre lo erótico y lo pornográfico hace agua cuando lo trasladamos a la escritura”

24 Abril 2022

Por Hernán Casabella

AGENCIA PACO URONDO: ¿Cuál fue el primer libro que leíste completo y sin obligación de hacerlo?

MARINA PORCELLI: Fue un libro de terror, antes de terminar la primaria. Lo encontré abandonado en un banco de la escuela y me lo llevé a mi casa y lo leí. Terminé muerta de miedo a las cinco de la tarde. Me acuerdo el asombro que me causó que un libro pudiera hacer eso.

APU: ¿Los libros se leen hasta el final o se abandonan? (Si abandonaste alguno, ¿cuál fue y cuál es la anécdota que valga la pena?)

M.P.: Abandono sin pudor y sin culpa. Medio que voy leyendo los libros como quiero, novelas que arranco a la mitad, porque encontré algo que me interesó mientras hojeaba. Me gusta la idea del libro como artefacto, algo que se puede desmontar y volver a armar. Y esa otra idea de Borges, cuando habla de la Divina Comedia, lo mejor de la lectura es la alegría que da la lectura.

APU: Los libros, ¿se compran, se regalan, se prestan, se pierden, se devuelven, se venden, se roban?

M.P.: Se compran, se prestan, se regalan, se roban, se trafican, nunca se pierden, nunca se devuelven.

APU: ¿Cuáles son tus libros preferidos de la literatura argentina?

M.P.: Adán BuenosAyres de Marechal y las novelas de Arlt (Los siete locos y Los Lanzallamas). La saga de los cuentos de los irlandeses de Rodolfo Walsh. Las doce a Bragado de Conti. Río de congojas de Libertad Demitrópulos y Los pichiciegos de Fogwill.

APU: ¿Cuáles son tus libros preferidos de la literatura universal?

M.P.: Kafka. La prosa de Malcom Lowry en ciertos cuentos. Borges, mucho Borges siempre. Katherine Mansfield y su manera de agarrar las cosas. Carson McCullers. Ancho mar de los sargazos de Jean Rhys, a ella llevo poco más de diez años leyéndola y siempre le encuentro algo nuevo.

Caceria, la : PORCELLI, MARINA: Amazon.com.mx: LibrosAPU: ¿Hay algún personaje de la literatura con el que te sentís identificado?

M.P.: Los personajes de La balada del café triste de Carson McCullers: la señorita Amelia, el primo Limón y el reo, con los tres a la vez.

APU: Así de arrebato, ¿qué final te viene a la memoria?

M.P.: Otra vuelta de tuerca, la impresión final de no haber entendido nada. Y el “vi la lamparita” de la chica sentada en la vereda del cuento de Katherine Mansfield, “Casa de muñecas”.

APU: ¿Cuándo comenzó tu gusto por la escritura?

M.P.: Desde siempre. Vengo de una casa que tenía biblioteca, y mi escritura fue una decisión muy temprana, casi antes de empezar la primaria, casi una confusión. Yo quería ser bailarina, pero cuando me preguntaron, pensé en escribir. Esa respuesta inicial, y un cuadernillo de los versos de García Lorca que vendían en el kiosko de la esquina, y que valía lo mismo que un paquete de caramelos, y que nunca cambiaba de precio, pese a la inflación de los años alfonsinistas. Hasta que un día lo compré.

APU: ¿Tenés alguna rutina al escribir?

M.P.: Cuando me despierto, después de las seis. Es mi mejor hora, estoy de buen humor. Con el celular apagado.

APU: ¿Tenés objetos fetiches que te sean vitales al momento de escribir?

M.P.: Estar despierta mientras amanece.

APU: ¿Lenguaje inclusivo en la escritura sí o no?

M.P.: Sí rotundo. A favor de todos los mecanismos de representación que encontremos para hablar de lo que queramos. El uso hace la legitimidad.

APU: ¿Cuál es tu opinión sobre las presentaciones de libros y los ciclos de lecturas?

M.P.: Me gusta ir a las presentaciones de libros. En general son breves, no duran más de hora y cuarto y resultan celebratorias: algo se presenta, se comparte. Empieza otro recorrido del libro. Es un momento de encuentro, tiene algo de brindis.

APU: ¿Cómo se lleva tu literatura con el insomnio, con las noches, con los vicios?

M.P.: Es impensable la cotidianidad sin el acto de escribir, de leer. La literatura está ahí para mí desde siempre, como un territorio en el que encuentro cosas y me pone a salvo. Me gustan las conversaciones que se alargan, las desveladas, suelo tener muchos insomnios y muchas pesadillas, muchos tramos de ansiedad, me gusta la escritura que se acerca a ese tono.  

APU: ¿A quién relees periódicamente?

M.P.: Poesía. Es lo que siempre releo. Lezama Lima, lxs autorxs mexicanxs, me gusta mucho Aimé Cesaire, La casa de cartón de Martín Adán, los papeles de Ledo Ivo.

APU: ¿Qué tres autores argentinxs reeditarías?

M.P.: Juan José Manauta. Los cuentos. Creo que deberían publicarlo más, reditarlo más, leerlo más. Creo que necesitamos una revalorización profunda y seria, a nivel nacional, de muchxs autorxs que no viven en Buenos Aires. La lista de rediciones ahí sería abundante. Pienso también en Noticias del 75, de Jan de Jager, y los cuentos de Susana Sylvestre.

APU: ¿Qué libro inhallable reeditarías?

La obra completa de Rafael Barrett.

APU: ¿Qué opinas de la literatura argentina de la última década?

M.P.: Una respuesta posible quizá tenga que ver con la circulación editorial, y lo que están entregando, volviendo visible, digamos, los mercados más grandes. Me interesa la literatura orillada, la que circula poco y circula mal, y que sin embargo está reflexionando muy a fondo sobre qué significa escribir en nuestros contextos latinoamericanos. Tengo la impresión de que los libros más visibles no están teniendo ni la contundencia ni la profundidad que proclaman.

APU: A calzón quitado, ¿lees a tus contemporánexs o solo lees las contratapas?

M.P.: Como continuidad de la respuesta anterior, sí leo a mis contemporáneos, pero me interesa mucho pensar con qué parámetros de lectura nos acercamos a los libros, nos dejamos conmover, nos erosionan o nos aburren. Marina Arias y yo armamos el sitio de narrativargenta.wordpress.com justamente porque nos interesa mucho leer lo que se está escribiendo ahora en Argentina, pero leer con un pulso distinto a lo que promueven los consorcios. 

APU: ¿Qué estás leyendo actualmente?

M.P.: El compilado de sueños que hace Gino Germani para la revista El Hogar de la década del 40, con los collages de Grete Stern, y la biografía de un boxeador homosexual, panameño, Al Brown.

APU: En De la noche rota lo roto son las formas en las que cada personaje transita su historia, lo roto inicia, lo roto finaliza, lo roto atraviesa, ¿por qué no hay chance alguna de un kintsugi?

M.P.: Es verdad, en todas esas historias los personajes están desbordados. Suena a desmesura, pero creo que me sentía un poco desesperada cuando escribí ese libro. Era chica. Una vez Marina Arias, cuando Jorge Hardmeier le preguntó qué adverbio desterraría del español, respondió “el claramente”. Creo que tiene razón, no hay nada al que se le pueda aplicar el “claramente”. No se trata del extrañamiento de lo cotidiano, sino que el mundo es un lugar incómodo de raíz, y habitarlo puede ser brutal.

Marina Porcelli – Nausícaa. Viaje al otro lado de la otredad. Ciudad,  representación y género | Editorial Universitaria UANLAPU: En La cacería lo oscuro inquieta, la historia en cada relato es algo que rompe con la costumbre, ¿cuál es la razón que te lleva a que en definitiva la presa y/o las víctimas sean los lectores?

M.P.: El asunto lector es amplísimo, podemos conversar horas. Me pregunto todo el tiempo cómo se leen ciertas cosas, qué significa leer ciertas cosas de una manera, cómo lo percibe un lector en un contexto o en otro, etcétera largo. Todo ese libro de cuentos sucede en Buenos Aires, menos el último que pasa en la Ciudad de México. Cómo se narra la pornografía, qué efecto tiene, y cómo se la lee si la voz es la de una mujer son preguntas de esa historia.

APU: En Cuaderno de invierno el collage que se da en los cruces de las historia entre Lidia y Lin Dung juega a ser una especie de trencadís entre lo pornográfico y lo erótico, ¿por qué?

M.P.: Sí, el libro tiene algo de mosaico, pensé desde el arranque en eso, el collage es lo que me permitía un personaje extranjero. A Li Dong en Buenos Aires en 2007. Un personaje implica toda una historia, pero no solo individual, digo, me refiero a toda la dimensión histórica que puede tener. Su subjetividad, la lírica que carga, las formas del habla, su erotización. Una vez leí que lo pornográfico no es una cosa, sino que se trata de una discusión, y estoy totalmente de acuerdo con esa idea. Creo que el debate entre lo erótico y lo pornográfico hace agua cuando lo trasladamos a la escritura: el lenguaje no termina de alcanzar para ahondar en la sexualidad, para definirla, “no llega”. El sexo, el orgasmo, los sueños, el dolor. Todo esos son lugares de fractura para el lenguaje, y justamente son los que me interesa narrar.

APU: ¿Qué es lo próximo de Marina Porcelli que se viene para disfrute de los lectores?

M.P.: Estoy trabajando en un libro de ensayos sobre mujeres que boxean y que no para de crecer. Y espero que pronto pueda editarse un volumen completo de cuentos, el de La furia. La cacería.

APU: ¿La escritura puede aprenderse en un taller?

M.P.: La escritura se aprende todo el tiempo, o se encuentra todo el tiempo. En un taller y fuera del taller. Es una práctica. Se trata de hacerla. El taller permite el diálogo, permite poner a prueba, rebotar la propuesta. Pero los talleres que me importan son los que realmente gestionan el diálogo, es decir, una suerte de paridad en la conversación. La mayoría de los talleres a los que estuvimos acostumbrados se articulaban a partir de la dinámica en la que “el gran escritor” descendía a la tierra y destrozaba el cuento de turno. Ejemplos hay miles. No me interesa esa dinámica, claro. Me interesan las desveladas, las conversaciones en las que se ajusta, se corrige, se piensa en voz alta sobre lo que se está escribiendo o lo que se quiere escribir.