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Fractura //// 23.12.2018
Dossier Fractura: No queda más que viento, la poesía de Inés Manzano

Inés Manzano centraba su poética en la oralidad: recitaba en diversos ciclos, sus poemas, de memoria y daba voz, por otra parte, a autores que se pueden catalogar de silenciados, generalmente del interior de la Argentina. Jorge Hardeier realiza este reseña para Fractura, suplemento literario de APU.

Por Jorge Hardmeier

 

 Explicar con palabras de este mundo / que partió de mí un barco llevándome

Alejandra Pizarnik

 

La obra de Inés Manzano, reunida – hasta el momento – en un solo libro, me remitió, inmediatamente y casi en modo visceral a la frase de Ludwin Wittgenstein: lo que siquiera puede ser dicho, puede ser dicho claramente, y de lo que no se puede hablar, hay que callar. Los límites del lenguaje personal, íntimo, significan el límite de ese mundo privado. El límite de la palabra, Mamá / cómo decirte / tu amor nos amordaza (…) conduce a ese desesperado cómo decir que Beckett plasmó en uno de sus últimos poemas. Cuando las palabras llegan a un límite, al no decir, el tener que callar poético: Quiero oír el silencio escribe Manzano en el poema en el cual le da voz a la esposa del maestro Fuentealba, asesinado. Y luego en “Una manta”: Te veo/ La colocás sobre los hombros del más / desamparado de la tierra / Enmudezco. El silencio es esencial en la obra de la autora de “Si es puñal que me mate…”: Envuelto en silencio como en una bandera. El valor del silencio remite, asimismo, a la reticencia de Inés por publicar, hecho que se produjo, finalmente, por la voluntad de un conjunto de amigos.

Resultado de imagen para ines manzano poetaParadójicamente, Inés centraba su poética en la oralidad: recitaba en diversos ciclos, sus poemas, de memoria y daba voz, por otra parte, a autores y autoras que se pueden catalogar de silenciados, generalmente del interior de la Argentina. Y asociado a esta situación, otro tema poético en la mirada de esta autora: el otro/a, la observación del sufrimiento del semejante, el registro poético de los diversos puñales que lastiman a esos seres retratados y pertenecientes a la íntima cotidianeidad de la poeta. Y la infancia es el centro de atención del radar de Manzano: el dolor, las mutilaciones, los estragos, las violaciones, los castigos. Posa su mirada poética sobre su propia experiencia y también sobre la ajena, sobre todo en Serie de la escuela: Manzano era maestra bibliotecaria y dictaba cursos de filosofía para niños. El dolor de la infancia, ese que queda grabado como la herida provocada por un puñal: Mamá / un padre / cazador / nos acorrala / y somos animalitos ciegos / sangrando en el recreo. Una poética de la hospitalidad amorosa y de amparo a los seres más vulnerables: los infantes (claro que no es casual que en la guerra el grupo de avanzada, el que entrega el cuerpo, sea la infantería: la matanza de los hijos, nuestros hijos). Derrida: Lo quiera o no, lo sepa o no, la hostilidad testimonia asimismo la hospitalidad. En este sentido es, la poesía de Manzano, una poesía de denuncia social, que jamás cae en lo cómodamente panfletario. Testimonia la hostilidad que se sufre, que sufrimos y las ausencias, la presencia de la ausencia – bella frase de su amiga María Negroni - , de amor, de afecto, de cuidado.

Inés Manzano o hay que seguir hablando – y dando, también, como en su caso,  voces a otros y otras -  aun cuando no haya nada para decir.