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Fractura //// 27.02.2022
Desde los ojos del león: entrevista a la poeta Karina Lerman

La poeta bonaerense habló con Lidia Rocha y Gerardo Curiá sobre Cayupán, su último libro, que supo obtener el premio Adolfo Bioy Casares en 2019.

Por Lidia Rocha y Gerardo Curiá

Karina Lerman nació en Buenos Aires, Argentina. Es poeta, maestra de idioma hebreo, psicoanalista y docente. Editó su primer libro de poesía en el año 2018, Las hijas de Lot por Griselda García Editora. Obtuvo el primer premio en el concurso nacional de cuento y poesía Adolfo Bioy Casares 2019 con su libro de poemas Cayupán. En el año 2021 fue premiada por el Centro Ana Frank de Argentina. Es gestora cultural y dicta talleres de lecturas entramadas y análisis de textos poéticos. Escribe reseñas y artículos para medios de difusión literarios y psicoanalíticos. Desde hace un tiempo incursiona en las artes visuales y plásticas. Sus aproximaciones e intereses son trazos delineados que hacen de su arte un ritmo plasmado de un gran deseo. Como nos acerca Foucault y agrega la autora: “el cuerpo (la escritura, el poema, el análisis) es el punto cero del mundo, allí donde los caminos y los espacios vienen a cruzarse y los sonidos hacen huellas”.  Lidia Rocha y Gerardo Curiá la entrevistaron en su programa de radio Moebius y ahora la comparten con los lectores de Fractura, el suplemento cultural de la Agencia Paco Urondo

AGENCIA PACO URONDO: ¿Qué significa Cayupán?

Karina Lerman: Cayupán, el nombre del libro, proviene del mapugundum, y su significado puede aludir tanto a leones como a tigres. También es un apellido muy frecuente en las familias mapuches.

APU: Hay un cacique del siglo XIX muy significativo en la historia de ese pueblo que tiene este apellido. A partir de la lectura del libro, recorrí la historia de este cacique, perseguido por el ejército argentino, como su pueblo, en esa avidez de territorios que llevó a un genocidio.

K.L.: Fue una figura muy importante

APU: Hay en el mapugundum muchas palabras que resuenan y que van remitiendo a una mirada de la naturaleza.

K.L.: La escritura mapuche se conforma de ese modo. No tiene que ver con una cuestión de linealidad fonética, sino que es una urdimbre que se va armando a partir del vínculo entre el hombre y la naturaleza. Una palabra puede significar muchas cosas.

APU: En tu libro hay un acercamiento a una mirada, a una cosmogonía, entra en la forma de vivir el mundo, propia del pueblo mapuche.

K.L.: Fue esa la intención. Es también mi forma de escritura y de percibir la propia vida desde una mirada heterogénea, múltiple. Me abrió la posibilidad de hacer un interjuego entre voces y culturas. Crecí junto al pueblo mapuche, porque mis abuelos maternos eran de Zapala, en la provincia de Neuquén, donde jugaba con otrxs niñxs de diferentes culturas. Recuerdo que en las colonias de vacaciones hacíamos excursiones a los cerros. Esas experiencias me impregnaron mucho y me enriquecieron un montón. Hay algo en mí que está atravesado por esas vivencias tan intensas.

APU: Este libro nació entonces de un contacto directo con la cultura mapuche, a través de estas experiencias que tuviste en tu infancia.

K.L.: En un espacio de mixtura. No era ni lo mío, lo que yo traía conmigo, ni lo que el otro traía consigo solamente. Y nos arreglábamos para entendernos. Fue muy enriquecedor. Y se ve que me quedé muy fascinada con todo aquello que surgió de la vivencia.

APU: Tu poesía no es explícita, ni descriptiva, ni narrativa, va dejando que el lector pueda construir sus significados. Me llamaron la atención todos los conceptos que se han ido enmarañando alrededor de la palabra “hambre”, como señala Alicia Silva Rey, que tiene que ver con el hambre que implica la falta de alimento que nutra el cuerpo, pero hay otra hambre que sólo puede ser saciada con la palabra y que remite a la propia construcción del poema.

K.L: Está ese juego, que es multívoco y que puede ser pensado a partir de la necesidad de poder poner en palabras las experiencias. A mí se me representó como una epifanía la necesidad de pensar desde el cayupán, eso de ser una especie de león. Quizás eso me llevó con contundencia al tema del hambre, la saciedad y el interjuego entre una cosa y la otra.

APU: En el libro aparece la profecía y lo adivinatorio, uno de los poderes de los cayupanes.

K.L.: Algunos de los poemas hablan de la machi y de las rogativas y los rituales. En lo rizomático de la poesía algo del cayupán anda por allí.

APU: ¿En qué consisten las rogativas?

K.L.: Hay uno de los poemas que habla de la ascensión a un cerro, donde se realiza la rogativa del curanto. Se cocinan hierbas y verduras en una gran olla. Tiene un carácter sagrado. En las cimas, en lo alto de los cerros, también había sacrificios. Un interjuego entre lo vivo y lo muerto, el cielo y la tierra, los vínculos que la cosmovisión mapuche establece.

APU: Muchos poemas tiene esa connotación “ascensional”. Hay uno que termina diciendo: “allá arriba, tan alto y tan audaz”.

K.L.: Este poema tiene una referencia a un poema que yo admiro mucho, de Leonardo Martínez, que dice: “ahora alguien vuelve a las tierras naturales”.

APU: Hay un poema que comienza “boca mil veces”, que habla del hambre y habla de cerro y también habla de masticar el signo, todos los temas que hemos estado hilando. Porque esta es una poesía que habla mucho sobre sí misma, sobre el poetizar. Encuentro otra línea de lectura, el ambiente familiar, con palabras que me remiten al circo o a la feria, por ejemplo: el niño funámbulo, el adivinador, los equilibristas, el payaso, un saltimbanqui. Son como ecos de mundos más antiguos. Muy evocativo de la infancia.

K.L.: Es lo que me atravesó a mí, que venía de otra cultura y otra geografía. Y esos cruces constituyen el poemario. Es lo que ocurre en los poemas, las imágenes se cruzan.

APU: Se cruzan en la fascinación y en la maravilla. También tienen que ver con el folklore, con lo que es propio del lugar, lo que está arraigado en el pueblo, y fascina a alguien que llega desde otro mundo, quizás más urbano y lo percibe como en otra dimensión del tiempo.

K.L.: Está esa doble mirada. La de quien se fascina porque irrumpió sin ser parte de. Y desde la cuestión más folklórica. Y el poema termina: “más adentro, cocido en mis oídos en malas lenguas”. Está adentro, en lo que acontece, y no por fuera de eso, aunque se inicie como lo que ve un observador externo.

APU: Es muy hermoso como cierra este libro:

que el fruto esparcido

suelte fulminante

la escritura.

*

Poemas de Cayupán

 

Las fotos se han tajeado de tanta luz.

En la memoria lo que se amó

-desdibujándose-

mis padres

carcomidos por las moscas,

el patio escolar de frontera

capturado por la inercia,

y en mí

un leve simulacro

del signo…

 

(¿qué delicados pies tenía

que corría sobre el cuerpo de la nocheaire?).

 

La edad de la infancia

un rumor inocente,

y el escondrijo de los niños

pura ilusión:

 

(el istmo de alguna promesa)

 

Sólo la boca

devuelta al festejo.

 *

 

Parecen harapos sucios

las ojeras de las madres.

 

Abro los ojos y surco

los tallos, el pueblo imaginado

que anida el primer hambre.

Creo temblar en otro idioma

cómplice del cayupán.

 

¿Deberá descender el ave

para afincar en metáfora?

 

Duermo (como antes) sueño.

 

La tierra es una boca rota  

de presagios.

*

 

Lloran la canción de cuna

junto al viento ahilado.

Noche que cae tozuda, 

y el embrujo no se suelta 

del ropaje de los míos.

 

“Hay que toser veneno”, 

dice la kona. Agita manos

-lo entredicho-

al filo del ñamku.

 

Piden, los niños bostezan

se van de boca, de sueño,

 

un pan en seis versiones

 

se afina.

*

 

De la sombra de mi pueblo

fui -hasta el soplo de las cumbres-.

 

El recuerdo, una gloria fatal

donde todo se comía a todo.

Los niños corrían al gallito ciego,

mi padre con un bicho de plumas

hacia el matadero. En el olfato

 

un ansia de hambre a mansalva.

*

 

Sufro del lenguaje directo del león

Cesar Vallejo

                                                                             

Mi pan aguarda cada noche

como piedra pelada,

a campo abierto -migajas

sobre mi lengua-.

Ay profecía, todo convite  

es apetito vuelto presagio.

¿En qué lugar creés,

salvaremos el pellejo?.

 

No deberíamos

acercarnos al objeto

que satura como un golpe.

 

Y la boca de mi padre colmada,

mastica la comisura de sus deudas.

¿Será ese hombre un muerto

en vida por sus antojos?

 

...Mirarás a diestra y a siniestra

con la piel de seis leones.

 

Ay profecía, trueco monedas  

por el polvillo de mi cerro.

Si me duermo, ¡escuchá!,

seré mi padre devuelto

a la arenisca de la orilla.

Y sabrá como nadie: el pan

cuece en el vientre del tiempo.

*

 

Para escuchar el programa: https://www.ivoox.com/karina-lerman-cayupan-audios-mp3_rf_66496875_1.html

Leer más: https://moebiusenlaradio.blogspot.com/2021/02/karina-lerman-cayupan.html