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Entretenimiento //// 04.07.2020
Nadie sabe que estoy aquí, o cómo la industria de la música frustra sueños

La primera producción chilena para Netflix, con el protagónico de Jorge García, nos muestra la vida de un cantante nato al que frustraron cuando era apenas un niño. Un desarrollo lento y medido con un contundente mensaje.

Por Diego Moneta

Poco y nada sabíamos de la vida de Jorge García, quien fuera Hurley en Lost, después de que la icónica serie terminara hace diez años. Producida por Fábula, Nadie sabe que estoy aquí, le permitió al actor reencontrarse con el país de origen de su padre y con su otra pasión: el canto.

Jorge García, de padre chileno y madre cubana, nació en Nebraska, Estados Unidos. Luego de 30 años, el actor regresó a Chile para encarnar su primer protagónico. Desde 2010, había estado acompañando a la banda Weezer en algunos shows. Sin embargo, fue su participación en la serie Hawaii Five-0, y en particular una escena donde interpretaba una canción de Elvis Presley, lo que cautivó a Gaspar Antillo, director de esta película.

El film, estrenado el 24 de junio, sigue la historia de Guillermo “Memo” Garrido (Jorge García), quien se recluye junto a su tío Braulio (Luis Gnecco) en el sur de Chile, a orillas del lago Llanquihue, tras una infancia traumática. La vida de Memo transcurre entre distintas tareas de campo, sin tener conexión alguna con el exterior.

García está lejos de hablar español de manera fluida, pero esas condiciones son aprovechadas a lo largo de la película. La poca cantidad de diálogos que tiene el protagonista retratan una personalidad contraída, que transmite más a través de los silencios, los gestos y la corporalidad. El canto es su única vía de escape, pero Memo lo mantiene escondido debido a un trauma del pasado, que conoceremos mediante flashbacks.

Hace 25 años, Memo, interpretado por Lukas Vergara, fue llevado por su padre Jacinto (Alejandro Goic) a Miami, con el objetivo específico de explotar su talento. Sin medir las consecuencias que podría generarle al niño, un productor decidió que le prestaría la voz a otro proyecto de un cantante “más hegemónico”. La gordofobia y la sexualizacion de infancias se cruzan para excluir a Garrido de su sueño.

Nadie sabe que estoy aquí desnuda una industria a la que sólo le interesa la estética y la recaudación antes que los y las artistas. Memo Garrido canta, pero quien aparece en escena es Angelo Casas (Vicente Álvarez), cuya carrera también se verá frustrada por razones que irá presentando la trama. La versión adulta de Casas es interpretada por Gastón Pauls. Los años pasan y el engaño nunca fue descubierto.

La aparición de Marta (Millaray Lobos) es el punto de inflexión en la rutina de Memo. Hay un quiebre entre la simple nostalgia y sacar a la superficie todo lo que vivió en su infancia. Garrido completa un reconocimiento introspectivo que lo lleva a querer sanar, de una vez por todas, una culpa que nunca fue suya.

El guion de Enrique Videla y Josefina Fernández logra conectar rápidamente al espectador con la historia. Se presenta un drama sereno en su narrativa, con un gran trabajo de fotografía, aunque también se da lugar a giros que rompen la calma situacional. La imponente belleza de los paisajes es el contrapunto del peso psicológico con el que carga el protagonista.

La película llega a Netflix después de su paso por el Festival de Tribeca, donde su director recibió el premio a Mejor director en nuevas narrativas. Además, nos confirma la buena capacidad vocal de Jorge García al interpretar, aunque matizado por otras voces, el tema central que le da nombre a la producción.

Sin lugar a dudas, es un film que trata el trauma y una de las formas de lidiar con éste. Es un relato que crece en importancia con el paso de los minutos, pasando de la indiferencia a la tensión liberadora. Nadie sabe que estoy aquí es una película íntima, con una poderosa reflexión final.