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Entretenimiento //// 03.09.2020
Juanas, bravas mujeres: el anarquismo en los inicios del feminismo argentino

El documental se estrenó esta semana en Cine.ar y estará disponible, gratuitamente, hasta fin de año. Retrata la vida y la lucha de Juana Rouco Buela, militante anarquista y una de las primeras feministas en la Argentina de principios del siglo XX, que resulta una referencia necesaria para el movimiento de mujeres actual. 
 

Por Marina Jiménez Conde

¿Qué es una ola sino una fuerza que se inicia sigilosamente, en otro lugar, y que termina mostrando toda su potencia en el impacto? Puede pasar que las miradas se queden con esto último, o incluso puede ocurrir que no se vea a un movimiento, como continuo de otro. 

Así, se llega a creer, que ola y marea —o cualquier otra alusión con la que se quiera hacer referencia al feminismo— son pura espontaneidad. En Juanas, bravas mujeres la directora Sandra Godoy demuestra lo contrario al intentar trazar los lazos entre el ayer y el hoy, que son parte de una misma historia: la lucha de las mujeres por su emancipación.

El documental trata la vida de Juana Rouco Buela, militante anarquista; de las primeras en reclamar por los derechos de las mujeres, entendiendo que éstos dependían de una lucha más amplia, que se debía dar a nivel social y de forma colectiva. La película se estrenó el martes pasado en Cine.ar y se podrá ver de forma totalmente gratuita, al menos, hasta fin de año. Agencia Paco Urondo dialogó con Sandra Godoy sobre la realización del film. 

La documentalista se basó en el libro autobiográfico, Historia de un ideal vivido por una mujer —que la activista publicó en 1964— para ir organizando el propio film. “Luego de leer su libro me entusiasmé con poder saber un poco más sobre ella. Si bien había leído los hechos históricos, lo que me estaba contando era en primera persona”, repasa Godoy que, por eso mismo, decidió utilizar la voz en off de una actriz que, como si fuera Juana Rouco Buela, cuenta los hitos que le tocó presenciar.

Relata el masivo mitin que la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) organizó en 1904, la Huelga de Inquilinos de 1907 y la Semana Trágica de 1919, todas acciones con participación multitudinaria y brutalmente reprimidas por fuerzas de seguridad. 

Incluso, en el film se enumeran las veces en las que a Rouco Buela se le aplicó la Ley de Residencia y se la deportó por ser considerada un elemento peligroso para el capitalismo y el Estado. Así, además, se retrata tanto su paso por varios países de Europa como su estadía en Montevideo, donde estuvo presa cuatro años, y su escape de polizona a Río de Janeiro, para finalmente retornar a la Argentina. 

Para recrear estas escenas se utilizan animaciones sobre las imágenes de archivo de la época, mientras se incluyen como banda sonora distintas versiones del himno anarquista: Los hijos del pueblo. “Cada recurso estético fue trabajado colectivamente como le hubiera gustado a Juana”, destaca la documentalista, que también sumó el comentario de algunas intelectuales que se interesaron por la figura de Rouco Buela, como Dora Barrancos, investigadora del Conicet y presidenta del Consejo Asesor del Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad.

Además, se agregaron otras voces para dar a conocer el lado más personal de Juana. El respeto y la admiración está presente en el recuerdo de sus compañeros anarquistas, mientras que sus nietas, Rut y Diana Akselman, rememoran el vínculo con su abuela. Por ejemplo, Rut cuenta que la ayudaba a corregir y editar sus escritos, y Diana recuerda que a sus diez años ilustró la autobiografía de su abuela tras el pedido insistente de ésta.

En su paso por Uruguay, Rouco Buela fue una de las fundadoras del diario anarquista La Nueva Senda, y cuando se refugió en Necochea —al ser perseguida por la policía, una vez más, en su retorno a Argentina— conoció a un grupo de compañeras con las cuales creó el primer diario, escrito y dirigido solamente por mujeres, llamado Nuestra Tribuna

Sorpresivamente, el material original de estas publicaciones se encontró en el Instituto Internacional de Historia Social en Ámsterdam. “No se sabe muy bien cómo terminó allá, pero sabemos que, a raíz del periódico, Juana se carteaba con mujeres de Latinoamérica y Europa. Cuando estuvo deportada conoció a gente anarquista que era muy activa en ese momento”, señala la directora. 

En Argentina, la mayoría de los documentos vinculados al anarquismo fueron saqueados por la dictadura militar, y sólo se encontraron algunos a partir de 1960, al haber sido preservados por militantes de forma personal. Es por eso que Godoy, al inicio de la investigación, temía no encontrar material sobre Rouco Buela. Sin embargo, en poder de la familia quedaron folletines, panfletos, boletines, memorias, manuscritos y recortes periodísticos, todos originales, que la propia Juana se había encargado de recolectar. “Ella tuvo la inteligencia de poder ver que todo lo que estaba pasando, lo que fue recopilando, en algún momento iba a ser importante”, reflexiona Godoy.

Entre los reclamos que hoy en día se hacen desde los feminismos, y las proclamas por las que luchaba Rouco Buela, se puede encontrar una clara diferencia sobre el Estado. Al ser anarquista, para Juana todo lo que provenía del Estado era desacreditado, mientras que ahora se exige la intervención del mismo para que, por ejemplo, garantice el derecho al aborto, legal, seguro y gratuito. El testimonio de Barrancos también sirve para comprender las diferencias con estas mujeres precursoras, que, según explica, no tenían preocupación por la violencia, que sí empieza a aparecer denunciada durante la segunda ola feminista, a finales de los años 50s.  

“Cuando ella habla de maternidad, dice que si una mujer no tiene las condiciones económicas para ser madre, no debe serlo. Ya hablaba de elección y respeto al cuerpo en 1922”, destaca la directora, que cree que las características de cada proceso no invalidan pensar las continuidades. Entre las luchas venideras, recuperar la historia de las mujeres en Argentina resulta fundamental para darle valor a tantas otras voces que se alzaron previamente, aunque hayan sido perseguidas, acalladas e ignoradas. “Al hacer una analogía con el presente, me gustaría que el documental intervenga en él, y que nos ayude  a seguir pensando y accionando”, finaliza Godoy.