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Entretenimiento //// 14.05.2022
Heartstopper: una temática típica desde una mirada atípica

En una escuela secundaria donde sólo concurren varones, Charlie Spring conoce a Nicholas Nelson, jugador de rugby, con quien comienza a pasar el rato mientras afronta el acoso que sufre por ser homosexual. La novedad no pasa por la temática sino por la perspectiva desde donde se aborda, generando una producción interesante y atractiva.

Por Agostina Gieco

El 22 de abril Netflix estrenó Heartstopper, basada en la novela gráfica y web-cómic homónima. Charlie Spring (Joe Locke) es un adolescente de 14 años que concurre a la secundaria Truham, un colegio sólo para varones. Cada tanto se reúne a escondidas con Ben Hope (Sebastian Croft), quien en privado afirma extrañarlo, pero con personas alrededor finge no conocerlo en absoluto, catalogándolo como “raro”. En paralelo, Charlie conoce a Nicholas Nelson (Kit Connor), capitán del equipo de rugby, y comienza a pasar cada vez más tiempo con él, compartiendo actividades curriculares y extracurriculares. A su vez, el protagonista empieza a verlo como algo más que un amigo.

En este nuevo drama adolescente no faltan los típicos problemas que constituyen las tramas juveniles: bullying escolar, amor hacia alguien supuestamente no correspondido, deportistas versus nerds, e incluso la indecisión respecto de enviar un mensaje o no por vergüenza. Lo que diferencia a Heartstopper de una historia convencional es que todo lo que sucede se aborda desde una perspectiva LGBTIQ+. Ya no es sólo la aparición de un personaje puntual y aislado, sino varios que representan a la comunidad.

Por un lado, la producción inglesa da cuenta, de manera clara y precisa, de la naturalización que existe respecto de la elección de la sexualidad, dando por sentado que por ser hombre te gustan las mujeres o viceversa. En la actualidad, preguntas como “¿tenés novia?” a un varón o “¿para cuando el novio?” a una mujer no van más. Puede ser que no tengan malas intenciones, pero hay que comprender que responden a ideas impuestas desde hace siglos, y que ya pueden— y deben — considerarse retrógradas. Para nada inocentes, constituyeron la norma durante mucho tiempo, marginando y torturando a quienes no la siguieran.

Por el otro, en la ficción se destaca la presión que ejercen los mandatos de la masculinidad en esta sociedad en la que, por lo general, para los hombres homosexuales es más difícil y sufrido contarlo que para las mujeres. La discriminación y burla homofóbica suele ser más frecuente en el círculo de varones, quienes creen que deben mostrarse como “machos” para quedar mejor entre amigos. Otra vez, responde a cuestiones instauradas desde hace mucho tiempo que oprimen a parte de la sociedad.

En particular, en la serie ésto se puede observar en el rugby, ámbito en donde sobran comentarios despectivos hacia los gays en los vestuarios o en la cancha misma. Hoy hay cada vez más personas que se animan a declararse abiertamente homosexuales, sabiendo que puede conllevar desde burlas de los propios entrenadores y compañeros de equipo hasta acoso en las redes y violencia tanto física como verbal en la calle. En la historia, por ejemplo, se hace mención a la “terapia de conversión” que sigue dando vueltas en discursos de grupos antiderechos. Refiere a tratamientos y prácticas psicoterapéuticas y “médicas” con el objetivo de “frenar” una reorientación sexual o de identidad de género.

Basada en la novela homónima de Alice Oseman, Heartstopper da en la tecla al incluir personajes pertenecientes a la comunidad LGBTIQ+ como protagonistas, siendo ellos quienes expresan cómo se sienten y cómo viven por pertenecer a esferas marginadas que deben luchar constantemente por su propia felicidad. Incluso, una de las personajes es una mujer trans. Es importante, por lo tanto, no sólo realizar producciones con temáticas inclusivas, sino también tener en cuenta a la propia comunidad para que hagan éstos papeles.