fbpx Alguien tiene que morir: una creación algorítmica de poca monta | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Entretenimiento //// 24.10.2020
Alguien tiene que morir: una creación algorítmica de poca monta

La miniserie de Netflix, estrenada recientemente, sigue en el top de las producciones más vistas, al que llegó juntando varias caras conocidas y bajo el mando de un director como Manolo Caro. Pese a los buenos números, la historia no llega a cumplir con las expectativas que genera.

Por Marina Jiménez Conde

Los algoritmos pueden predecir un éxito en base a los gustos de las audiencias sabiendo cuáles son los y las actrices favoritas del público. Tal como sucede en Alguien tiene que morir, donde se juntan algunas caras conocidas y se le suma el renombre de un director como Manolo Caro, que ganó notoriedad tras la producción de La casa de las flores. Los pasos para conseguir un buen resultado parecen haberse cumplido y, si bien el reciente estreno de Netflix se mantuvo durante toda la semana en el top de los más populares, se puede decir que las expectativas que genera no alcanzan a ser cumplidas.

Si hace algunos años en Argentina no se tenía idea de quiénes eran los y las actrices españolas, y podíamos llegar a reconocer a alguna que otra cara de la televisión mexicana o colombiana gracias a las telenovelas de la tarde que se transmitían por los canales de aire, esto ha cambiado mucho con la llegada de las plataformas online. 

No llaman la atención, entonces, los nombres del elenco de Alguien tiene que morir, que mezcla presencia mexicana y española: Ester Expósito, famosa por su papel de Carla en Élite, Cecilia Suárez que viene de trabajar con Caro en La casa de las flores, Carlos Cuevas conocido por haber interpretado a Pol Rubio en Merlí —al que continúa encarnando en el spin-off Merlí: Sapere aude— y Alejandro Speitzer, protagonista de la serie mexicana Oscuro deseo. Al reparto lo completan Ernesto Alterio e Isaac Hernández.

La historia se sitúa en la España franquista de la década del 50’, donde la relación entre dos amigos despierta la mirada inquisidora del resto de la sociedad. El punto de partida resulta interesante, pero la manera en que se desarrolla el relato aporta poco. De todas maneras, no es que la producción sea un fracaso rotundo, sobre todo porque tiene momentos algo sorpresivos y termina siendo menos predecible de lo que al principio podría parecer. Un punto a favor es que, al tener un formato de miniserie, en tres capítulos se resuelve el conflicto. Habitualmente, esto genera que lo que se muestra aporte al avance de la trama.

Salvo Cecilia Suárez, que realiza un buen trabajo, el resto transmite demasiado poco con sus actuaciones. Quizás el punto más flojo pasa por el personaje demasiado estereotipado de la abuela villana que compone Carmen Maura. Un clásico en este tipo de historias que a veces funciona mejor —Caro ya utilizó un personaje así en La casa de las flores — y otras peor. En este caso, al tener una intervención importante en varios puntos del conflicto, el resultado es negativo. 

En definitiva, el rejunte puede generar cierta ilusión y buena predisposición para sentarse en un sillón. Puede provocar un montón de vistas, e inclusive, sobrepasar las expectativas en números de espectadores. Todo eso no significa que se vaya a producir una experiencia significativa en quien mira, ni que vaya a pasar algo más allá.